'Transparent', del ego y la infelicidad familiar


Decía Tolstói en el principio de su obra más aclamada, Ana Karenina, que todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada. Hay frases, como esta, que se te quedan grabadas a fuego, y que dado el contexto adecuado, puedes aplicarlas como un mantra para saberte menos desgraciada, menos incomprendida, menos sola en tu dolor. Y por qué no, por qué no se puede aplicar esta cita a los Pfefferman, una familia especial, única y, totalmente, transparente. 

A partir de aquí,  SPOILER

En la cuarta temporada de 'Transparent', los Pfefferman vuelven a la carga con nuevos conflictos, nuevas experiencias, y nuevos personajes en un entorno poco habitual en la televisión norteamericana: Israel. Cuatro temporadas que he devorado en un mes, y que me dejan con un sabor agridulce. Y es que los Pfefferman son altamente adictivos, aunque, a veces, te caigan mal; aunque, a veces, tengas ganas de patearles el culo. Algo similar ocurría con GIRLS, y supongo, que es la razón del éxito de ambas series: la capacidad de mostrarte la contrariedad humana en unos personajes que no siempre son agradables, porque en la vida, hay personas, amigos, vecinos, compañeros de trabajo, familia…con los que tienes que lidiar todos los días que no siempre te serán agradables, pero, al fin y al cabo, ¿quién lo es cuando tiene tanta mierda dentro?


Si en la primera temporada el protagonismo casi absoluto era de Maura (Jeffrey Tambor), la matriarca trans de la familia; en las siguientes, hemos podido adentrarnos en la búsqueda de la identidad de cada uno de los miembros del Clan Pfefferman. Sarah (Amy Landecker) y su bisexualidad, Josh (Jay Duplass) y su adicción al ¿amor?, Ali (Gaby Hoffmann) y su inconformismo, Shelly (Judith Light)  y su necesidad de satisfacer a los demás, Maura y su adaptación a la sociedad como mujer trans. Cada temporada nos ha regalado un poco de cada uno de ellos. A través de los flashbacks, hemos conocido a la abuela Rose, la madre de Maura, viajando hasta el Berlín de los años treinta; pero, también, nos han revelado el terrible secreto de Shelly, haciéndome quererla aún más. Con Shelly viene a ocurrir lo mismo que con Ruth Fisher (Frances Conroy) -la madre de la familia Fisher de 'A dos metros bajo tierra', serie en la que Jill Solloway, creadora de 'Transparent', fue guionista. Shelly y Ruth son dos mujeres maduras incomprendidas, excéntricas, y la mayoría de las ocasiones, poco respetadas por la familia. Pero si Ruth era así por el ostracismo familiar, Shelly lo es por el terrible trauma con el que lleva luchando toda su vida. ¡Qué genialidad la escena del crucero! (Episodio 10, temporada 3). Shelly es, sin lugar a duda, la gran incomprendida de la familia, vapuleada por todos los Pfefferman, y en especial, por Maura


Otro gran descubrimiento, en la temporada cuatro, ha sido Josh. Si bien con Ali siento una especial conexión (salvo cuando se junta con la profesora), con Josh me ha costado entenderlo, empatizar con él, quererle. Josh, junto con Shelly, es el más hermético de la familia, y quizá, junto a Ali, el más sensible. En una familia patentada por el ego, es difícil que te encandile, pero si lo logra, te tienen para siempre. Mención especial a Davinia (Alexandra Billings), y su maravilloso flashback. La adoro.

Sarah, continúa experimentando con su sexualidad. Está vez acompañada por su ¿ex? marido. Y Maura, ahora puede que sea heterosexual. Y he aquí la delgada línea que puede hacer que la idea original, tan bien contada durante tres temporadas, se vuelva redundante, absurda y prescindible. Jill Solloway es buena, y se lo perdonamos, porque  es capaz de ahondar en el alma humana. ¿Y quiénes somos los espectadores para exigir perfección cuando el ser humano es imperfecto por naturaleza?

Se puede ver íntegramente en Movistar Plus, y ya está anunciada la renovación para una quinta temporada. Más Pfefferman para el 2018.


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