Crítica: 'Bye Bye Germany' (2017), de Sam Garbarski


Casi parece imposible que tras tantas películas, series y demás productos audiovisuales sobre el Holocausto sigan apareciendo obras novedosas que aporten matices o aspectos del genocidio nazi que apenas habían sido tratadas. Fue el caso, entre otros, de 'Los falsificadores' (Die Fälscher), el drama austriaco dirigido en 2007 por Stefan Ruzowitzky. Y es también lo que sucede ahora con 'Bye Bye Germany', o Es war einmal in Deutschland… (Auf Wiedersehen Deutschland) en el título original. Ambas cintas aportan, salvando las enormes distancias, visiones menos habituales o realidades menos conocidas dentro de este oscuro tramo de la Historia.

Mucho más dramática y trascendente, 'Los falsificadores' se ocupa de la historia real de un grupo de prisioneros de campos de concentración obligados por los nazis a falsificar libras y dólares a cambio de un trato algo menos inhumano y, en esencia, de su supervivencia. 'Bye Bye Germany' se centra ahora en otro grupo de judíos que ya han sobrevivido al nazismo y que buscan salir adelante en la ciudad de Frankfurt, bajo control estadounidense. Narrada como comedia, consigue reflexionar sobre los sentimientos de culpabilidad de todos los que poblaban esa Alemania de posguerra. 

La culpabilidad que acompañó, y que todavía acompaña, a los alemanes, avergonzados de haber permitido o participado en los crímenes y atrocidades del nacionalsocialismo. Y también la culpabilidad, mucho más visible en el film, de quienes lograron escapar del horror nazi o salieron con vida de los campos de concentración. E incluso se intuye la culpabilidad (más teórica que real) de los aliados que vencieron en la guerra, pero que no evitaron el genocidio y las masacres.

Pero más allá de esa reflexión, o de la que también podemos encontrar sobre los deseos de venganza o del reparto de Alemania entre las cuatro potencias aliadas, lo que destaca es el humor. Y es que Es war einmal in Deutschland es una película divertida y lo suficientemente ligera para hacernos reír sin demasiados complejos sobre tan dramático episodio. Y esto es en gran medida gracias al carisma y la vertiente cómica de Moritz Bleibtreu, que da vida a David Berman, el protagonista que articula la trama y que une la más cómica historia de un grupo de judíos que usan todo tipo de trucos para vender ropa de cama, con la más seria investigación de una oficial estadounidense sobre su sospechosa supervivencia a los campos de exterminio.


Y es en ese difícil equilibrio entre el humor y la tragedia donde la cinta de Sam Garbarski se muestra más débil. El intento de relajar los tramos más duros y la búsqueda de profundidad en los más ligeros impiden una diversión mayor, pero también una verdadera capacidad de trascender, como sí tenía 'Los falsificadores'. Las dos historias paralelas de Berman se entrecruzan con demasiada frecuencia, evitando que el espectador consiga centrarse en ninguna de ellas y sin dejar que disfrute del humor, ni que se conmueva con el horror.

Independientemente de este fallo, que lastra no obstante el conjunto de la obra y que impide que perdure en la memoria, quedándose como un cuento, la película tiene importantes atractivos, desde la riqueza de detalles hasta la banda sonora. Con todo, 'Bye Bye Germany' presenta una interesante, divertida y novedosa historia; un tanto indefinida e indecisa, pero necesaria, accesible y capaz de narrar una historia diferente y un punto optimista sobre el Holocausto. 

Lo mejor: Moritz Bleibtreu y los elementos humorísticos
Lo peor: ese intento (no conseguido) de equilibrar horror y humor
Nota: 7,5

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