Absentia: insípida abnesia

Los Lunes Seriefilos Absentia

Los episodios piloto son complejos. Muchos engañan, crean expectativas y venden un producto del que luego se alejan con premeditación y alevosía. Otros disparan el interés, presentan series coherentes y bien definidas y permanecen fieles a una premisa potente. Absentia, la nueva serie de AXN, es de las primeras, ya que tras un comienzo de vértigo, se desinfla hasta desaparecer en el olvido.

Agente Byrne, sé quién eres

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Sé quién eres ha sido la gran revelación de la ficción española de esta temporada. El thriller de Telecinco, creado y dirigido por Pau Freixas, conquistó con unanimidad a la audiencia y a la crítica. Su éxito ha traspasado la frontera pirenaica y, semanas tras su final, comenzó a seducir al público británico desde la BBC. Pero su intrigante sombra parece haber llegado mucho más lejos. 

AXN estrenaba Absentia el pasado 25 de septiembre con un capítulo doble, con la intención de adentrarse en la trama con la esperanza de captar la atención y el interés de los espectadores. De haberlo hecho de otra forma, la consecución del objetivo, que a duras penas se alcanza, habría resultado en un rotundo fracaso. 

Absentia sigue demasiado de cerca los pasos de Sé quién eres. Se embadurna de su esencia, pero no de su tono ni de su ritmo. Al igual que Juan Elías, Emily Byrne, a quién da vida una Stana Katic demasiado fría y comedida, deberá regresar a casa tras su secuestro y enfrentarse, por un lado, con su propia abnesia, y por otro, con acusaciones de asesinato y conspiración. 

A diferencia de Sé quién eres, mucho más inteligente e inclinada hacia la vertiente psicológica del género, Absentia opta por la obviedad y lo simple, por lo físico y lo palpable. No flirtea con su propia audiencia, no juega ni le plantea acertijos a resolver, no le abre caminos para luego cerrarselos con puntos de giro sorprendentes. En cambio se limita a guiar al espectador, a obligarle a caminar por el trayecto que ella misma ha diseñado y a hacerle jugar según sus reglas. Todos aquellos elementos que podría haber incorporado del referente español, son aniquilados para adaptarse a un molde preestablecido que fabrica en cadena producciones inocuas e indoloras. Simplemente insípidas.

Absentia, una caída en picado

Los Lunes Seriéfilos Absentia"Comeback" y "Reset", cartas de presentación de Absentia, plantean un comienzo brutal e impactante, tanto visual como narrativamente. Emily Bryne encerrada en un tanque sellado herméticamente se ahoga a medida que el espacio se llena de agua. La asfixia inscluso traspasa la pantalla. Tras la intro, toda esa adrenalina desciende en picado cuando se presentan los personajes y se va desarrollando el concepto. 

Las dudas, presentes en todo el relato, acerca de la aparición de Emily y todo lo sucedido durante los seis años de cautiverio, apuntan rápidamente hacia ella misma en un intento vago y erróneo de ofrecer algo original. Así, se despliegan dos tramas paralelas: la investigación sobre el secuestro de Emily y el caso del cuerpo hallado en el río. Los sospechosos se reproducen por gemación, disipando la atención del espectador y desperdigando una trama poco coherente e inestable. Los giros argumentales se suceden a trompicones, de manera abrupta y mal ejecutados a lo largo de un capítulo que mantiene un ritmo inestable y desigual. 

El único personaje que genera un mínimo interés es el de la propia protagonista. Stana Katic, que regresa a las pantallas televisivas tras Castle, opta por una interpretación fría y comedida, demasiado caucásica. Lo acontecido durante su captura le otorga un aura de mártir torturada, perdida, y a la vez de desconfianza e intriga. A su alrededor se construye una red de personajes prototipicos: el marido que se siente culpable por haber pasado página, el hijo que no reconoce a su madre, la nueva esposa celosa, un policía de poca monta pero con principios, criminales malos malísimos y agentes del FBI de dudosa honra. Todos ellos interpretados por un casting carente hasta el extremo de química y atractivo, líneal y austero. 

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In extremis, el espectador podría recurrir a los elementos visuales para reivindicar Absentia, pero tampoco. Su factura visual no ofrece nada más allá de una atmósfera oscura proclibe al suspense y a la desconfianza, y un montaje incisivo y desconcertante en momentos puntuales. Por lo demás, a excepción de la propia duda generada en torno a la inocencia o culpabilidad de Emily Byrne, y un ligero atisbo de corrupción en el seno del FBI, Absentia no permanecerá por mucho tiempo en el recuerdo televisivo.

La inspidez, la sosería y la insulsez se apoderan, no solo de la serie, sino también de Stana Katic. La acción, la adrenalina y el pálpito de ese torrente inicial rebosante de promesas se desagua en un abrir y cerrar de ojos y desemboca en el mar del olvido.





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