Crítica: ‘Una mujer fantástica’ (2017), de Sebastián Lelio


Hay una cita del filosofo Rabindranath Tagore que dice lo siguiente “Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando”. Qué ciertas y bellas palabras pronunciadas por un hombre que amó, porque solo aquellos que aman, que se entregan al otro sin medida, sin estratagemas, con la absoluta sinceridad de un corazón abierto, de un corazón dispuesto a romperse, pueden sentirlas, y por ende escribirlas. Y es que ‘Una mujer fantástica’ (Sebastián Lelio) habla del dolor enquistado, de los prejuicios y de las despedidas. En definitiva, habla de amor.

Marina (Daniela Vega), una joven aspirante a cantante se ve desbastada ante la repentina muerte de su pareja, Orlando (Francisco Reyes). No sólo tendrá que aprender a convivir con su duelo, también tendrá que lidiar ante la humillación constante que la sociedad le impone.


Me pregunto cómo hubiera sido la película de haberla rodado Almodóvar, porque todo hay que decirlo, si algo tenemos bueno los españoles es que somos alumnos aventajados en temas LGBT, gracias a él y su filmografía que con valentía rompió tabúes en una época en la que el cine español estaba más cerca del visillo que del drama personal que supone ser en ciertas culturas diferente. Sin él, sin su cine, y sin otras cintas como Desayuno en Plutón (Neil Jordan), Transamérica (Duncan Tucker) o Boys Don’t Cry (Kimberly Peirce), ahora no estaríamos hablando de ‘Una mujer fantástica’. Y puede que pensemos que no hay necesidad, que esta historia ya está vista, pero su repercusión y éxito nos confirma que no, que aún queda mucho para lograr ese mundo soñado en el que la diferencia nos une, no nos separa. Que, en realidad, no debería existir tal diferencia, porque Marina no deja de ser una mujer enamorada que ha perdido a su ser más querido. Y lucha contra montañas más grandes que sí misma, con la escasa fuerza que te permite el dolor, el vacío causado por la pérdida. No hay necesidad de cuestionarse las formas, porque sí, 'Una mujer fantástica' es irregular, lenta y asfixiante. Pero no deja de ser un relato de amor y de reivindicación contra la maldita transfobia avasalladora y repugnante. 


Si bien es cierto que es difícil de ver, es un filme que reposa en tu interior y te abofetea, te increpa en todos los ámbitos de tu ser porque tú también has participado, consciente o inconscientemente, en la humillación colectiva que apunta con el dedo al que no es como tú, no viste como tú o no piensa como tú. ‘Una mujer fantástica’ coquetea con el musical, pero no lo desarrolla, y lo cierto, es que no tiene necesidad de ello. La voz de Marina, su clausura, es un bálsamo para una desazón que no cura del todo, porque como bien dijo Tagore “Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando”.

Ganadora del Oso de Plata al mejor guion en la pasada Berlinade, será la representante de Chile en la 90º edición de los Premios Óscar en la sección Mejor película de habla no inglesa, compitiendo con la candidata española, Verano 1993 (Carla Simón).

NOTA: 7,5/10

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