Crítica: "Kingsman: el círculo de oro" (2017), de Matthew Vaughn


Cuando el cuartel general de los Kingsman es destruido, a Eggsy y a Merlín no les queda más remedio que recurrir a sus homólogos norteamericanos, los Stateman, para poder pararle los pies a Poppy, la jefa de un cártel de droga.

“Kingsman: servicio secreto” nos sorprendió a más de uno con su llegada en 2014. Al menos personalmente, no esperaba nada especial de ella (más allá del buen nivel en cuanto a escenas de acción que se le presupone a Matthew Vaughn) y se convirtió en una grata sorpresa. Tres años después, nos llega una esperada secuela que aporta el “más”, pero quizá no el “mejor”.


Últimamente se está apostando por secuelas que desarrollen o complementen diferentes elementos de sus predecesoras, especialmente en lo referido a sus personajes. No hace mucho tuvimos un buen ejemplo con “Guardianes de la galaxia Vol. 2”, que podrá gustar más o menos que la primera, pero que considero que sí que aportaba cosas nuevas y que complementaba lo visto en la primera entrega. Sin embargo, no creo que “El círculo de oro” sea de esa clase de secuelas. Reencontrarnos con los personajes que tanto nos divirtieron anteriormente es un gustazo (más con el circo que nos propone Vaughn), y la película tiene varios elementos de secuela de manual (llevarse la acción a otro continente, presentar una organización similar de otro país, otro villano excéntrico) que le aseguran continuidad en ese sentido. Pero la percepción es que no mejora lo ya visto.


Se le puede achacar cierta pereza argumental al dejar a un lado casi cualquier atisbo de desarrollo de personajes y limitar a ofrecer un nuevo combate contra un villano añadiendo más personajes, locura y presupuesto. Pero ¿realmente es Kingsman una saga que necesite complicarse más la vida? Probablemente no, de ahí que no pueda ver esto como un defecto. Y es que es difícil decirle que no a perros robóticos, lazos eléctricos, hombres con miembros mecánicos, el regreso de Colin Firth (forzado, sí, pero ¿alguien se esperaba lo contrario?), Julianne Moore haciendo de villana psicópata y ese temazo que es el “Country roads” de John Denver. 


La recuperación de Harry, el personaje de Colin Firth (forzado, sí, pero ¿alguien se esperaba lo contrario?), permite recuperar la relación de su personaje con Eggsy, uno de los temas centrales de la primera entrega. También se le ha dado algo más de importancia al personaje de Merlín, lo que se agradece, la organización de los Statesman ha entrado en general con buen pie en la saga (el personaje que mejor funciona de ellos es el de Pedros Pascal) y Julianne Moore ha compuesto una muy buena villana que deja varios momentazos (incluso tiene un cine donde ponen “Captain fantastic”, tiene buen gusto). Diferente de lo que propuso Samuel L. Jackson, pero también con algunos elementos comunes. Hasta el alargado cameo de Elton John y ese presidente de los Estados Unidos de estilo Donald Trump son una buena aportación. Eso sí, los personajes de Tatum, Bridges y Cookson están bastante desaprovechados (y el de Halle Berry no deja de ser una versión femenina del de Strong, con una meta pero sin mucha personalidad propia)

En lugar de intentar hacer una secuela más seria, madura, o con mayor profundidad argumental, Vaughn ha apostado por hacer una cinta más grande, loca y absurda que su predecesora. Y en general, sale victorioso. Porque como mínimo hay que reconocerle a Vaughn el mérito que tiene hacer una cinta tan loca y excesiva como esta, que dure 140 minutos y que en todo momento sea tan entretenida. Es cierto que algunos de los momentos humorísticos no funcionan tan bien en esta ocasión, y que uno de los principales defectos de la cinta es que ha perdido la frescura y la sorpresa que aportó la primera Kingsman. Pero, pese a estar un peldaño por debajo de su antecesora, es una secuela muy digna, divertida y entretenida, que desde luego deja con ganas de ver más cosas de estos personajes.

Nota: 7/10

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