Crítica: 'Detroit' (2017), de Kathryn Bigelow




Puede que todos estemos acostumbrados a ver proyectos cinematográficos y/o televisivos sobre los abusos o la desigualdad sufridos por la gente de color, los cuales–según un ente "superior" no identificable y, más bien, inexistente–siempre han estado en un escalafón inferior en comparación con el ser humano blanco. '12 Años de Esclavitud’, ‘El Nacimiento de una Nación (The Birth of a Nation)’, ‘Déjame salir (Get Out)’ o, simplemente, la serie de televisión ‘Guerrilla’ son algunos claros ejemplos de hasta dónde puede llegar a abarcar la incredulidad y brutalidad de la humanidad. 

Este año llega a nuestras pantallas, de la mano de la directora de ‘The Hurt Locker’ y ‘Zero Dark Thirty’, Kathryn Bigelow, ‘Detroit’, un filme ambientado durante los disturbios raciales que sacudieron la ciudad de Detroit, en el estado de Michigan, en julio de 1967. El proyecto comienza con una redada de la policía en un bar nocturno sin licencia, lo que acaba convirtiéndose en una de las revueltas civiles más violentas de los Estados Unidos, la cual, a su vez, acabó teniendo repercusiones históricas posteriormente.

Si hay un proyecto que tiene que estar nominado en los premios Oscar de 2018 ese es ‘Detroit’. Desde un punto de vista personal, admiro a Kathryn Bigelow, ya que ésta se ha convertido en la directora americana más experta en películas bélicas en lo que llevamos de siglo. Con 'Detroit' nos encontramos ante una obra maestra; un drama electrizante, preocupante y relevante que indaga en el regreso al pasado más violento y desgarrador de finales de los años sesenta en América. Una película que trata sobre la manera que tiene la raza humana de luchar y sobrevivir ante la desigualdad en la actualidad. 




El proyecto comienza de forma pausada pero éste va ganando intensidad a medida de que va creciendo hasta culminar en pura angustia, tensión y nerviosismo. De hecho, Bigelow juega con el espectador de manera que los diferentes giros de guión que se desarrollan a lo largo del filme acaban vendiendo éste al espectador de una manera diferente en comparación a lo que realmente se ha podido ver a través de todo el material promocional, lo cual es bastante positivo. Bigelow desvía la atención del espectador de la manera más sutil para que el proyecto no parezca tan obvio y acabe sorprendiendo de la manera más dura y brutal posible. 'Detroit' está diseñada no solo para dar una lección sobre la historia americana sino también para que nos planteemos otras preguntas mucho más importantes.


Mediante un guión sólido y un uso maravilloso pero, a su vez, desgarrador de la cinematografía y la banda sonora, Bigelow nos traslada al centro de las riadas sesenteras entre negros y blancos para que podamos vivirlas y sentirlas por nosotros mismos tal y como lo hicimos en su día con ‘The Hurt Locker’ ‘Zero Dark Thirty’. Al mismo tiempo, conviene destacar las interpretaciones de cada uno de los actores protagonistas, especialmente la de Will Poulter, quien es la maldad en persona y podría pasar como el sustituto de Heath Ledger o Cameron Monaghan en el papel de El Joker sin problema alguno. Así como también alabar a un atrayente Anthony Mackie así como a un algo más pausado John Boyega, cuya performance recuerda mucho a la de Denzel Washington en en filmes como 'Los Siete Magníficos' o 'The Equalizer'


Quizá lo único que le falte a 'Detroit' para ser perfecta es que, a pesar de ser poderosa, hay muchas veces que se queda corta en dureza, sufrimiento y visceralidad. Ciertas escenas resultan insuficientes y acaban convirtiéndose en clichés que deberían provocar una mayor reacción por parte del espectador. Aun así, Bigelow cosigue, una vez más, sorprender con su visión más desgastada e injusta del mundo y eso es, sin duda alguna, digno de elogio.


NOTA: 9/10

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