Crítica: "Cars 3" (2017), de Brian Fee


Una nueva generación de corredores ultra rápidos comienzan a hacer que muchos corredores veteranos se retiren, pero Rayo McQueen siente que todavía tiene muchos kilómetros por correr. Tras un accidente que pone en serio riesgo su continuidad en los circuitos, McQueen deberá volver a los cimientos que le hicieron grande si quiere volver a triunfar.

Movida más por los ingresos que le supone el merchandising que por el hecho de que a nivel creativo aporte algo a la filmografía del estudio, “Cars 3” ha llegado principalmente rodeada de indiferencia, algo poco común en lo relativo a los estrenos de Pixar. La saga se encuentra entre las producciones menos valoradas del estudio, con una primera entrega que no despuntó para casi nadie y con una segunda entrega muy inferior y que es probablemente la peor cinta del estudio. No obstante, esta tercera entrega ha querido enmendar buena parte de los errores que cometió su predecesora y se presenta como la verdadera secuela de la primera entrega, dejando a la segunda como una variante con el alivio cómico como protagonista.


Bebiendo de cintas como la saga Rocky, “Cars 3” nos presenta a un McQueen en el ocaso de su carrera, donde tendrá que renovarse por completo si quiere seguir compitiendo. En una historia personal con muchos paralelismos a la del personaje de Hudson Hornet, al que diera voz Paul Newman, nos encontramos con temas como la búsqueda de uno mismo, el viaje personal, la búsqueda de uno mismo, o el alumno convirtiéndose en maestro. Manidos, sí, pero la cinta sabe tratarlos bien y llevar la película a buen puerto.

Volver también a las raíces de la primera entrega le beneficia mucho: McQueen vuelve a ser el protagonista absoluto, se ha reducido el personaje de Mate al mínimo (que después de la segunda entrega, al no ser que aparezca solo en momentos puntuales como ha sido el caso, resulta cargante) y se han traído de vuelta a los personajes de Radiador Springs, que aunque a veces se agradecería que tuvieran algo más de presencia, ejercen bien su función de personajes de apoyo. En cuanto al principal fichaje nuevo, el de Cruz Ramírez, cumple bien con su rol de maestra que en realidad es alumna.


El desarrollo de la cinta, planteada como una road movie a partir de cierto punto del argumento, favorece el concepto de viaje del personaje (con un desarrollo emocional bien ejecutado, a pesar de que puedan abundar los discursos moralizantes) al mismo tiempo que permite a Pixar lucirse en el aspecto técnico con el diseño de los paisajes. Si bien no alcanzan el espectacular nivel visto en “El viaje de Arlo”, la animación está aquí a muy buen nivel (aunque esto se dé por sentado al hablar de Pixar, no está de más recalcarlo), especialmente en lo referido a la física de los vehículos.

No todo en Pixar pueden ser “Wall-E” o “Inside out”, pero eso no quita que “Cars 3” sea una buena película, que tiene bien claro cuál es su objetivo y que es lo que quiere el público al que se dirige y que, aunque desde luego no se encuentra en el círculo de obras maestras del estudio, es una cinta muy entretenida que forma una buena dupla con la “Cars” original. No sé si Pixar querrá continuar explotando la saga en el futuro con una “Cars 4”, pero argumentalmente al menos la han dejado en un buen lugar para darle el punto y final.

Nota: 7/10

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