Verano Syfy. The Terminator: El ciborg que surgía de las llamas

James Cameron irrumpió en plena era dorada del blockbuster estadounidense para romper la taquilla con un producto de Serie B que acabaría convirtiéndose, con justicia, en un hito del cine de acción y ciencia ficción: una memorable película de culto. 

 

Los jóvenes y talentosos Steven Spielberg y George Lucas habían inaugurado la época del “blockbuster” hollywoodiense con Jaws (Spielberg, 1975) y Star Wars (Lucas, 1977) desplazando a aquella extraordinaria etapa que vivió el cine estadounidense con el “Nuevo Hollywood”.

Si bien a partir de aquellos taquillazos el núcleo de la industria había desplazado su interés de la reflexión a la emoción y el espectáculo, el cine de masas comprendido entre mediados de los 70 y principios de los 90, aún no se veía afectado del todo por un tumor cerebral, y, lo más importante para el caso, se erigía desde una inolvidable frescura creativa antagónica a la actual vomitona de refritos, secuelas innecesarias, adaptaciones adolescentes y demás zombis audiovisuales. 

Fue en el seno de aquel irrepetible momento cinematográfico donde irrumpió el también joven y talentoso James Cameron. Cameron se había implicado por aquel entonces en una casposa cinta de serie B, Piranha II (James Cameron, 1981) de la que fue, para más inri, despedido al poco tiempo, de su trabajo como director. Él mismo cuenta que en aquella época lastrada por la ansiedad del fracaso, enfermó de fiebre y tuvo una pesadilla en la que un robot se habría paso entre las llamas tras una explosión, germen del futuro villano de The Terminator (Cameron, 1984) y de una de las más impactantes escenas del cine de acción de la época. 

El joven partió de aquella epifanía onírica (tan común en los artistas) para escribir lo que sería un espectacular éxito de taquilla y crítica, y, aún más importante, un hito en el cine de género, una película de culto con todas las letras. 


"Dicen que se hicieron inteligentes. Un nuevo orden de inteligencia. Entonces vieron a la humanidad como una amenaza, no sólo a los del otro lado. Nuestro destino se decidió en un microsegundo... La exterminación".
  
Rescatando, desde el pesimismo que muchas veces sustenta la propia situación vital, uno de los miedos primordiales en el inicio de la progresiva industrialización robotizada (el miedo a la rebelión de las máquinas, la inteligencia artificial y la sustitución del ser humano), ya explorado por numerosos escritores de ciencia ficción, y que había entrado por la puerta grande en el cine con el fascinante HALL 9000 de 2001: A Space Odyssey (Kubrick, 1968), Cameron construía una simple pero fascinante distopía que servía de escenario a una brillante historia de acción. 

Las máquinas toman el poder y tratan de exterminar a la raza humana: es el momento de la resistencia, es el momento de los héroes. En este caso de la heroína. La protagonista, Sarah Connor, será perseguida por el temible Terminator, un ciborg llegado de ese futuro distópico para evitar el ulterior nacimiento de su hijo aún no concebido: John Connor, futuro líder de la resistencia humana. 

"Vamos, ¿tengo yo aspecto de ser la madre del futuro? ¿Soy dura? ¿Organizada?... ¡no me cuadra ni mi libro de cheques! Escucha Reese, yo no pedí ese honor y no lo quiero, ¡en absoluto!"
  
Así, una joven camarera, de lo más común, emprenderá un viaje iniciático como madre y futura educadora del líder, en un imperativo proceso de doloroso aprendizaje y endurecimiento. El advenimiento del desastre le reclama ser una guerrera y una mentora, y la necesaria peripecia vivida en esta primera película de una larga saga (de cine y series de televisión) será el comienzo y el primer gran paso. El esquema clásico y funcional del personaje que se transforma tras la lucha; nunca falla. 

"He atravesado el tiempo por ti, Sarah..."
  
Sarah Connor tendrá también un ayudante y mentor, Kyle Reese, soldado del futuro enviado por el hijo de ésta para salvar a su madre y, así, salvarse también a sí mismo. Encarnación arquetípica del soldado valiente e inquebrantable, su vertiente emocional expuesta en una curiosa historia de amor con la protagonista (con impactantes consecuencias para la trama), completa a un personaje que, sin ser demasiado complejo, podría haberse quedado en el mero estereotipo (algo común en las demás películas de la saga, descontando la magistral secuela de esta). Kyle ya es un guerrero, pero vivirá en la aventura su propia iniciación de la mano de Sarah Connor: el descubrimiento del amor. 

"El Terminator esta ahí fuera. No se puede razonar con él. Es un exterminador. No siente lástima, ni remordimiento, ni miedo y no se detendrá ante nada, jamás, hasta que estés muerta"
 
Y por supuesto, la protagonista tendrá un antagonista a la altura: el ciborg asesino T-800, que le debe a Arnold Schwarzenegger su imponente presencia física y el dibujo de un, por supuesto, robótico hieratismo en la interpretación perfecta (¿podría ser de otra forma?) del actor austriaco. El Terminator, encarnación física de la máquina asesina, es un villano de culto, un mito del cine moderno construido en torno a esa solemne efigie, su impertinente invulnerabilidad, su implacabilidad y su carcasa humana vaciada de espíritu. 

Estamos ante una película con un guion más que correcto (más allá de las paradojas que impregnan los dichosos viajes en el tiempo), ajeno a la sofisticación sin necesitarla, con pequeñas joyas del diálogo y un oportuno uso del flashforward en torno a la edificación de una fabulosa mitología de ciencia ficción, con una apropiadísima banda sonora (inolvidable tema principal) y dirigida con eficacia y creatividad por un novato pero admirable Cameron (para muestra aquella genial escena en la que Sarah Connor es acechada por el Terminator en un pub, con ese brillante uso de la cámara lenta), que, a pesar de contar con cuatro duros de presupuesto, supo clavarnos en la retina a aquel extraño ser robótico que se desprendía de trozos de carne frente al espejo para dejarnos ver su infernal naturaleza metálica tras la engañosa carcasa humana, y que, como en su sueño febril, aparecería amenazante tras las llamas. 
  
"Volveré" 


La segunda parte, Terminator 2: Judgment Day (Cameron, 1991) de la que hablamos en la próxima entrada, supondría un salto cualitativo extraordinario, una elevación a la enésima potencia de todas sus virtudes. Si no las han visto, no se las pierdan, ninguna de las dos.  

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