Verano SyFy. Crítica: 'Cowboy Bebop' (1998), Sinichirô Watanabe

Shinichirô Watanabe es, sin lugar a dudas, uno de los maestros del anime contemporáneo. De su mano han salido obras tan notables como 'La visión de Escaflowne', 'Samurai Champloo', 'Kids on the slope', 'Space Dandy' o 'Terror in Tokyo'. Y la que sin duda es su creación más celebrada, tanto por el público como por la crítica en esas raras coincidiencias de opinión, es 'Cowboy Bebop'.

Cerca de los veinte años, Cowboy Bebop sigue siendo un anime atemporal que da la razón a los que vaticinaban desde su lanzamiento su consolidación como clásico instantáneo. Las aventuras de Spike, Jet, Ed y Faye en la Bebop siguen siendo apasionantes, así como la espectacular animación que aún hoy supera a muchos animes actuales. El mimo y el cuidado que se puso en la producción de la serie no tiene nada que envidiar a la mayoría de animes que han aparecido desde entonces.


A pesar de todo, hablar de 'Cowboy Bebop' como el mejor anime de la historia se antoja precipitado. No sólo por la tremenda competencia con otras obras mayúsculas, como 'Evangelion', 'Fullmetal Alchemist: Brotherhood', 'Death Note', 'Ghost in the Shell', 'Madoka Magica', 'Kill-la-Kill' o 'The tatami Galaxy' -porque Studio Ghibli no es anime-, por nombrar algunas, sino también porque, sin dudar de su calidad y belleza, no es perfecta. Aunque eso puede ser parte de su encanto.


El mayor error del planteamiento de la serie hay que achacarlo, casi sin duda, a su falta de narratividad. No es problemático que la historia no sea lineal y se nos dibuje trazo a trazo cada personaje, pero las tramas se entremezclan con capítulos autoconclusivos que, a pesar de su interés como unidad, no conforma un grupo mayor cuando se ve el anime de corrido. La trama de continuidad existe en la serie, pero se trata con tanto o menor interés que otras secundarias y termina diluyéndose entre una maraña de historias que parecen más bien una serie episódica de eventos para diseñar a los personajes.

Porque es cierto que Cowboy Bebop es una producción fantástica con personajes emblemáticos y muchísimos otros elementos de interés, pero eso no nos puede hacer que olvidemos su irregularidad narrativa. Al mismo tiempo que se nos muestra un bagaje cultural gigantesco en torno a elementos del imaginario colectivo contemporáneo, como el jazz, el clásico antihéroe dolido, el western o la ciencia-ficción de corte distópica, en la serie no existen elementos de conexión que sean los suficientes para justificar 26 episodios.

Pero tampoco nos engañemos: no es que el número de episodios sea excesivo, ni mucho menos, sobre todo porque cada uno de ellos nos ayudan a entender a los personajes, a empatizar con ellos, a quererlos. Ese número es excesivo únicamente si atendemos a la construcción narrativa de 'Cowboy Bebop', pero parece hasta poco si lo que queremos es disfrutar un himno de amor a la música, el cine de género y lo beat.


Otro de los muchos puntos de interés del anime es, sin duda, su concepto ético, esa habitual multidimensionalidad en los personajes y las historias que se nos cuentan y no nos ponen decisiones fáciles. Por mucho que Spike sea alguien que casi cualquiera podría querer ser, ya no es el superhéroe que todo lo puede, sino un ser humano con dudas, miedos e inseguridades, así como un cúmulo de errores y decisiones que arrastra sin poder hacer nada para cambiar su pasado. La condición del antihéroe en el audiovisual reciente es, sin duda, una de las características fundamentales de muchas producciones, y 'Cowboy Bebop' no es una excepción.

A golpe de nostalgia y ya superada la mayoría de edad, la obra de Shinichirô Watanabe sigue siendo un referente en la animación japonesa contemporánea, además de un estilo en sí mismo que el autor ha plasmado en sus obras posteriores, muy similares en cuanto al formato y lo formal entre sí. 'Cowboy Bebop' sigue hoy tan vigente como en su estreno, y su arriesgada propuesta, acogida con los brazos abiertos, aún nos eriza la piel con una sola frase: “see you, space cowboy…”

COMENTARIOS