Still Star-Crossed: el sol se pone en el imperio Shondaland

Los lunes seriñefilos Still Star-Crossed

“Ojos, mirad por última vez. Brazos, dad vuestro último abrazo. Y labios, que sois puertas del aliento, sellad con un último beso.” El mismo trágico final que sufrieron los amantes más famosos de la historia de la literatura, es el que vive hoy la última ficción de Shondaland. La fría y oscura sombra de las cancelaciones deja en penumbra a Still Star-Crossed y al gran imperio de Rhimes en el que nunca se ponía el sol.

Still Star-Crossed, más allá de Romeo y Julieta

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Tras los médicos, los políticos y los abogados, era cuestión de tiempo que en Shondaland abandonaran el cómodo terreno de las profesiones y los oficios para diversificar su apuesta narrativa, pero sin olvidar la esencia pura de la productora, esto es, el drama romántico. O más bien tragedia en muchos de los casos, como bien saben los experimentados espectadores de Grey´s Anatomy. ¿Y qué mejor drama que Romeo y Julieta, la tragedia romántica por antonomasia? Still Star-Crossed es la adaptación televisiva de la novela homónima de Melinda Taub, una historia que se atreve a especular con una Verona post-amantes. 

Sin embargo, la famosa obra de Shakespeare únicamente presta la historia de amor de los jóvenes como detonante de Still Star-Crossed. Rosaline, doncella de Julieta, y Benvolio, primo de Romeo, serán los encargados de traer la paz a Verona y a sus respectivas casas mediante un matrimonio de conveniencia impuesto por el mismo rey. Además del imprescindible triángulo amoroso protagonista, inherente al drama romántico y a toda producción de Shondaland, se articulan una serie de tramas y relaciones de poder que pretenden, pero fallan, en construir un segundo nivel de lectura relacionado con la política y la sociedad. 

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Como no podía ser de otra forma, siguiendo la estela de los grandes nombres de la casa a la que pertenece, Still Star-Crossed es una abanderada de la representación de las identidades. Atrás queda un Romeo y Julieta en el que prima el privilegio caucásico, dando paso a un elenco plural, multicultural e interracial, única fortaleza de la serie. Sin embargo, tan loable esfuerzo no consigue enmascarar a un casting inexperto, con poco carisma y al que le quedan grandes los versos de Shakespeare.
 

Amantes sin pena ni gloria


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A pesar de las espectaculares localizaciones en las que han sido rodados los capítulos, entre las que se encuentran Salamanca y Cáceres, la serie cuenta con una puesta en escena cuanto menos mejorable, provocada por unos efectos calificables de caseros, al más puro estilo Once Upon a Time. El diseño de vestuario y el atrezo salvan una ambientación renacentista, siempre desde la subjetividad americana, que va hábilmente acompañada de una banda sonora genérica y común, en la que abundan los golpes de efecto. 

Still Star-Crossed tendrá un corto recorrido, pues ya ha sido trasladada a los sábados por la noche, hueco en la parrilla que hace las veces de guillotina, y ha sido anunciado que no será renovada para una segunda temporada. Su episodio piloto es atropellado y desconcertante en un intento de resumir y condensar la historia de Romeo y Julieta en aproximadamente veinte minutos. Por tanto, todo el capítulo resulta en un mcguffin que termina presentando a los verdaderos protagonistas mal y tarde.

Los personajes, manidos, insulsos y poco atractivos, a duras penas sujetan una trama desorientada, vaga y carente de un objetivo concreto. Así, Still Star-Crossed se convierte en el epítome de la venta de humo, es decir, un engañabobos que utiliza como cebo la prometedora visión de la redefinición de un clásico, un tráiler que engatusa y la marca Shondaland. Todo ello para terminar entregando un contenido mediocre y sin valor.

La caída del imperio Shondaland

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Still Star-Crossed no es otra cosa que la manifestación misma de la decadencia del imperio Shondaland. Ejemplo de la distancia que Rhimes ha tomado respecto a sus propias producciones y del deterioro de la fórmula mágica que está perdiendo sus poderes frente a contenidos más originales y atractivos. Del mismo modo que sus nuevas producciones, The Catch y Still Star-Crossed, no consiguen afianzar resultados de audiencia ni de crítica por razones obvias y otras no tanto, sus grandes obras, véase Grey´s Anatomy y Scandal, se ven amenazadas por la longevidad, la repetición de esquemas y el tedio. 

Shondaland pierde terreno televisivo, aunque consigue conservar su pica en Flandes que es la noche de los jueves en ABC. Como todo viejo imperio, su papel en la batalla catódica ha sido crucial durante muchos años y el reinado de Shonda ha supuesto un antes y un después en la historia del medio. Pero ahora nuevos reinos, más modernos y originales amenazan sus fronteras. Sin embargo, permanecer anclado en las glorias pasadas solo traerá desprestigio y decadencia. Con ello, Shondaland se enfrenta a la encrucijada definitiva: renovarse o morir.  Esperemos que su destino no sea el mismo que el de la gran tragedia de los jóvenes amantes. 

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