Review Twin Peaks 3x07


Bienvenidos una semana más a “No entiendo bien qué está pasando, pero me gusta”. Aunque bueno, precisamente con este episodio es con el menos hemos tenido esa sensación desde que arrancamos este revival. La séptima parte de “The return” ha sido el episodio menos experimental y más cercano a las temporadas anteriores de lo que llevamos de temporada, siendo también el que más protagonismo le ha devuelto a Twin Peaks. Y, sobra decirlo, no ha sido malo en absoluto.

En comisaría, Hawke enseña al sheriff Truman II las páginas del diario de Laura Palmer que encontró en el baño, abandonadas allí por Leland. La referencia de Laura en esas páginas al sueño que tuvo con Annie en “Fuego camina conmigo” hace pensar a Hawke que el Cooper que abandonó la habitación rojo no era el “good Cooper” que todos pensaron. Al parecer, después de ser llevado al hospital, Cooper se marchó y no volvieron a saber nada de él.


Tras intentar hablar con su hermano, que continúa enfermo, Truman contacta con el doctor Hayward para preguntar acerca de Cooper. Con unas modernidades impropias de Twin Peaks, Hayward le cuenta al sheriff que Cooper actuaba de forma extraña esa mañana. Después del incidente en la habitación del hotel, Cooper fue llevado al hospital, de donde apenas tardó una hora en marcharse manteniendo esa actitud extraña, pero no sin antes pasar por cuidados intensivos. Hayward supuso que fue a visitar a Audrey, que se encontraba allí en estado de coma tras la explosión del banco al final de la segunda temporada... ¿comenzamos a sospechar acerca de la procedencia de Richard Horne, o es pronto?

Andy, mientras tanto, investiga el atropella del niño del episodio anterior. La camioneta que llevaba Richard Horne no era suya, y el propietario, aunque no se niega a hablar con Andy, le pide citarse en otro lugar para contarle todo. Pero no se presenta a la cita, y parece claro que no le ha pasado algo precisamente bueno…

También hemos podido ver a los hermanos Horne en este episodio. Jerry parece no encontrarse muy bien, llama a su hermano y parece decir que alguien se ha llevado su coche. A Ben, por su parte, le ha llegado la llave de la habitación de Cooper (creí que Jade la había tirado a la basura, pero no, era un buzón), y también le hemos visto intimar con su ayudante a base de intentar localizar ruidos extraños en el hotel (¿seguirá el espíritu/alma/loquefuera de Josie vagando por allí?) De Beverly, por su parte, hemos averiguado que está casada, que su marido no se encuentra en el mejor estado de salud posible y que su relación no pasa por el mejor asunto posible. Y también hemos visto que al menos un miembro del clan Renault (este parece una versión malvada de Hodor) continúa en Twin Peaks al frente del Roadhouse


En Dakota del sur, la teniente Knox llega del pentágono para averiguar qué ocurre con la correspondencia de las huellas digitales. Su sorpresa llega cuando, además de huellas, hay un cadáver. Todo encaja con que el cuerpo pueda ser el del mayor Briggs, si no fuera por el pequeño detalle de que este parece ser el de alguien bastante más joven. Su jefe en el pentágono le ordena esperar por el momento, mientras él hace “esa otra llamada”

En el episodio anterior pudimos ver por fin a Diane y averiguar que sí que existía. No obstante, parece que Albert no consiguió convencerla de que les ayudara, así que une fuerzas con Gordon para intentar persuadirla. Tras mandarles a la mierda a ambos (y a Tammy Preston posteriormente), Diane acepta finalmente ir a ver a “Cooper” a la cárcel. Una vez allí, no tarda en percibir que ese no es el Cooper que ella conocía, aunque no sabe explicar con exactitud el por qué. Pero es un sentimiento que comparte con Gordon y Albert (a lo que hay que sumar el tema de las huellas descubierto por Tammy)

Gordon le pide a Warden Murphy que le retenga hasta nueva orden, pero Bob ya se huele lo que está pasando, y decide que es hora de salir de la prisión. Para ello, chantajea a Murphy, que se ve obligado a ceder a las pretensiones del preso. Para el final del día, el Doppelganger es liberado junto a Ray Monroe, y ambos se marchan de allí en coche.

Y por supuesto, no podíamos olvidarnos de Cooper/Dougie. La policía acude a su despacho para preguntarle acerca de la explosión de su coche, pero nuevamente es su esposa la que le saca las castañas del fuego y se lo lleva de allí. Una vez fuera, el enano del destornillador intenta atacar a Cooper, pero recuperando en parte sus instintos de agente del FBI y con una pequeña aparición estelar del árbol parlante, Cooper solventa la crisis. A la tele le llama la atención el suceso… ¿conseguirá llegar esto de alguna forma a los oídos del FBI y avanzar la trama de Cooper/Dougie? Lo sabremos más adelante. En breve ya tendremos aquí la octava parte de esta historia, pero este ha sido un gran episodio en mi opinión.





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