Por qué Dirty Dancing es una película memorable y su remake un completo fracaso



Atención (!) Este artículo podría contener spoilers.

En el verano de 1987 llegaba a las salas estadounidenses una película que revolucionaria su propio género, algo que nadie vio venir. Durante años su guionista, Eleanor Bergstein, buscó financiamiento para una historia que, la mayoría de los estudios, veían como una burda y cursi historia romántica. La verdad es que aquella película, sí era una historia de amor pero no cualquiera. Dirty Dancing se atrevía a narrar la historia de una adolescente en pleno despertar sexual. Una adolescente que además tenía ideales bastante definidos. Una adolescente que se hacía adulta entre el mambo y el tema del aborto. Conflicto entre hacer lo que está bien y hacer lo correcto. La película que acabaría dirigiendo Emile Ardolino acabó recaudando en taquilla veinte veces más de su presupuesto y hoy día sigue siendo una película adelantada a su época y tal vez a la nuestra

Como era de esperarse, en víspera de su trigésimo aniversario los homenajes no se hacen esperar. La cadena estadounidense ABC preparó un remake para celebrar la película original. Como si eso no fuese ya una (trillada y) muy mala idea, la producción ha fallado en donde su antecesora triunfa: en todo. Qué hizo Dirty Dancing (1987) tan bien que la convirtió en leyenda. Qué hizo Dirty Dancing (2017) tan mal para ser un completo fracaso. 


Bergstein asegura que Dirty Dancing es autobiográfica ya que se basó en una experiencia propia para crear la historia. Baby es una adolescente de 17 años que viaja junto a su familia -su madre amorosa; su intachable pero prejuicioso padre; y su precoz hermana- a un campamento de verano, justo antes de ir a la universidad. Baby llega como una adolescente introvertida, bastante madura para su edad aunque con escasa noción de lo que es realmente el mundo, pero termina convirtiéndose en una mujer cuando recibe una porción de esa realidad en la que nunca había estado inmiscuida: diferencias sociales, prejuicios, injusticias; también el primer amor, ese despertar sexual que comienza a experimentar a través de bailes sucios, aunque para sucio el cuchillo -tal como se refieren en la película- con el cual Penny, otro personaje femenino, se somete a un aborto, otro tema que tampoco había sido expuesto en una película de su género y que sirvió para que Dirty Dancing rompiese otra barrera porque no sólo desencadena el resto de la trama principal sino que sirve para debatir acerca de la autonomía sobre nuestro propio cuerpo o las consecuencias de tomar malas decisiones. Cada aspecto, para bien o para mal, se convierten en una experiencia conocida como crecer de la cual nuestra protagonista deberá sacar todo el provecho posible. Tal vez Dirty Dancing sea una película para chicas pues que sea una película que toda chica debería ver

Contrario a todo esto, el remake no sabe predicar el mensaje de la película. Baby deja de ser la chica que quiere cambiar el mundo para ser la chica que quiere ser como su padre. No hay nada malo que su padre, un hombre correcto, sea su inspiración pero hacer ver que la chica solo quiere ser médico porque su papá también lo es, le resta cierto encanto. Además nuestra Baby original es introvertida, sabe cuando hablar y cuando callar, no expone su vida sexual a su hermana un minuto después de hacer las paces con ella (porque nunca se han llevado del todo bien) tal como sucede en la versión de ABC. Y mencionando a Lisa, la hermana de Baby, en la versión de 1987 es un personaje netamente secundario pero bien desarrollado. En un par de escenas sabemos que es una chica superficial, que tiene celos de su hermana porque la percibe como la favorita de su papá, es una joven precoz que acaba metida con el chico equivocado pero semejante tropiezo le sirve para abrir los ojos y ver las cosas desde una perspectiva diferente. Lisa madura como Baby aunque lo hace desde un modo diferente. En la versión de 2017, Lisa es víctima de un intento de violación que, aunque logra escapar, la historia no tiene continuidad como si no tuviese mayor importancia. En la escena siguiente, recuperada de un momento tan traumático, la chica comienza (aparentemente) a sentirse atraída por un chico negro lo cual, por supuesto, no tiene nada de malo.... en 2017 pero Dirty Dancing está ambientada en 1963 y una relación interracial en aquel entonces no estaba bien vista por lo cual el hecho de que a nadie le resulte alarmante no tiene sentido. Quizás Dirty Dancing (2017) buscaba ser tan transgresora como la original, tocar temas sensibles, simplemente falló en su ejecución


La versión de Ardolino no sólo sabe lo que quiere contar sino cómo lo va a contar. La atracción física de Baby hacia Johnny es expuesta solo con imágenes. Es él quien se convierte en el objeto de deseo de ella no ella para él como solía y suele ocurrir normalmente en las películas. Además, entre mambo, salsa y coreografías bastante sugerentes entendemos muy bien lo que está sintiendo Baby. Si nuestra protagonista está cachonda, lo está y no hay absolutamente nada de malo en ello. Estamos hablando de una adolescente normal y corriente experimentando sensaciones normales y corrientes. Y cuando decimos normal es normal de verdad; no se trataba de una Anne Hathaway llevando peluca (como en Princesa por Sorpresa) o una Sandra Bullock sin peinar (como en Agente Especial.). Jennifer Grey, quien interpreta a Baby, hace 30 años era una joven con una belleza terrenal, ni guapa ni fea simplemente normal, mientras que Patrick Swayze interpretaba a Johnny Castle personaje que le convirtió en estrella y sex symbol, no hace falta cuestionar por qué. A día de hoy no podemos imaginar a nadie más como Baby y Johnny. Otra mala señal para nuestro remake. 

Abigail Breslin conquistó el mundo con Little Miss Sunshine, ni siquiera había cumplido los 10 años de edad, desde entonces ha mantenido una carrera bastante digna. Sin embargo uno de los mayores déficit de Dirty Dancing es su interpretación de Baby. No sólo se trata de un error de casting, no hay nada de Baby en Abigail, vemos a la actriz imitar sin tapujos la interpretación de Jennifer Grey, mismos gestos, mismas expresiones e incluso tono de voz similar. Su Baby carece de identidad, de alma. Lamentablemente la interpretación de Breslin no es la única que está mal. Colt Prattes no es Johnny Castle y se nota gracias a un trabajo completamente insípido incapaz de trasmitir cualquier cosa. Desde Nicole Kidman y Jude Law en Cold Mountain no se veía una pareja con menos química. 

La guinda del pastel es que por un lado la producción de ABC busca ser más fantasiosa convirtiendo Dirty Dancing en un auténtico musical donde el reparto canta (con un pésimo uso del playback) las canciones que bailan, dándose a la tarea de sumar números musicales que no aportan nada a la trama como el de Johnny y la Señora del reloj; y por otro lado quieren ser realistas con un final que muestra que Baby y Johnny no tuvieron un felices por siempre. Señores, esto no es La La Land. No sólo se toman la osadía de hacer el remake de una película que se mantiene en la cultura popular sino aprovechan para destruir el final porque además de esa dosis de realidad con la que acaba la película, tienen la desfachatez de recrear The Time of my Life, el número de Baby y Johnny, y convertirlo en el número del pueblo donde un montón de personajes que no interesan a nadie se apropian del número musical. Claro, tomar The Time of my Life debería considerarse pecado pero es que además de la iconica canción (ganadora del Oscar) también recrearon otros momentos legendarios como el «nobody puts Baby at the corner» las clásicas carcajadas de Baby mientras Johnny le enseña a bailar (en la versión original dichas risas eran tomas falsas de los actores, bloopers incluidos en el corte final) y el cover de She's like the Wind que parece haber sido grabado con la intención de parodiar la original (co-escrita e interpretada por el mismísimo Patrick Swayze).


Por supuesto, las críticas no se hicieron esperar. En su noche de estreno en Estados Unidos la película despertó descontento generalizado entre la audiencia que tomó las redes sociales para desahogarse, mofarse y destruir la película. Situación similar ocurrió en España hace un par de días cuando MTV la emitió. Si Dirty Dancing (2017) tiene una media de 3.9/10 en IMDb se debe a dos cosas: es una mala película y es una pésima adaptación que nadie pidió. El hecho de que cuando se anuncia el remake de una cinta que el público recuerda bien predispone inmediatamente la reacción hacia la misma. Son producciones que nadie a pedido porque ya tenemos una que nos gusta tal como es. Así como nadie pidió un remake de La Momia, de Blancanieves o Peter Pan y aunque fracasen o no, no muestran intensiones de dejar de hacerlas. 

Después de ver Dirty Dancing (2017) solo podemos pensar en algo «menos mal que aún tenemos la original» porque aparentemente para eso sirven estas nuevas producciones, para apreciar las que ya tenemos. Así que si algún día se les ocurre revivir Moulin Rouge, Chicago o La La Land, no hay de que preocuparse, nosotros tendremos las originales, el momento de nuestras vidas. 


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