Crítica: "Máquina de guerra" (2017), de David Michod


Adaptando la novela de Michael Hastings, “Máquina de guerra” nos cuenta en forma de sátira la historia de Glenn McMahon (inspirado en el general Stanley McChrystal), un condecorado general estadounidense al que pusieron al mando para hacerse cargo de la guerra de Afganistan.

Lo peor de “Máquina de guerra” es haberse quedado en tierra de nadie cuando tenía elementos para haberse convertido en una película muy interesante. La cinta cuenta con un comienzo bastante dinámico que parece prometer algo que, más allá de los primeros veinte minutos, no termina de llegar. La presentación de los personajes y el establecimiento del tono que vemos al principio no se ven realmente consolidado a lo largo del metraje, consiguiendo que el resto del metraje navegue en el planteamiento de ideas interesantes, pero sin ir más allá.


Conocemos así a un personaje que, más allá de la misión de administrar la guerra, tal y como le han encargado, busca ganarla. Y es un personaje peculiar, tanto en su forma de actuar sobre el terreno como en el trato personal, pero al que sus hombres reverencian. Argumentalmente, es cuando se ve obligado a ir en diferentes direcciones cuando la cinta empieza a decaer. 

La película intenta abarcar varios temas y géneros, demasiados en vista del resultado final. Intenta ser satírica, política, bélica, dramática, cómica, crítica… y lamentablemente no despunta en ninguno de estos aspectos. El drama del personaje protagonista acerca de cómo cae víctima de su propio sistema y comprende que lo que se espera de él (básicamente, limpiar un pequeño desastre) es diferente de lo que él quiere conseguir, no nos llega especialmente. La parte satírica, aunque cuenta con buenos momentos, no llega a ser lo suficiente afilada como para triunfar. Su crítica al sistema acaba siendo algo superficial, y la parte bélica se queda corta.

Las intenciones de la cinta son buenas, pero creo que intentando abarcar menos cosas, decidiendose más por algunos de los temas que trata y potenciándolos al máximo, el resultado hubiera sido superior. La película sí que tiene momentos aislados y escenas sueltas que son bastante buenas, siendo una pena que no se haya hecho extensivo al conjunto, pero también cuenta con momentos de mirar el reloj. 


En cuanto al reparto, un notable Brad Pitt que se nota que ha disfrutado con el personaje encabeza sin problemas la producción, pasándose a veces de histriónico, pero prestándose perfectamente al juego que pretendía la cinta. El resto de sus compañeros en el ejército están a buen nivel, y las breves pero contundentes intervenciones de Ben Kingsley y Tilda Swinton redondean este apartado. 

La mayor apuesta cinematográfica de Netflix hasta el momento se salda con un resultado regulero, y, aunque en general entretiene, se queda en tierra de nadie. La idea de tratar un tema serio como este desde un punto de vista crítico y entrando en el terreno de la sátira y la parodia es buena, pero la ejecución no le ha acompañado. Una pena, porque al finalizar la cinta te queda la impresión de que se podía haber hecho algo mejor con este material.

Nota: 5´5/10

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