Crítica: 'Baby Driver' (2017), de Edgar Wright


Edwar Wright se estrena en solitario en el cine estadounidense a lo grande con 'Baby Driver', un film que combina la acción de la trama con el ritmo y la música, que es la gran pasión del protagonista, Baby (Ansel Elgort). Además de la música, Baby es un gran conductor y para ganar un dinero extra recurre a convertirse en el chófer particular de un grupo de ladrones de bancos. De este modo el personaje principal se mete de lleno en un mundo de violencia al que no pertenece, y siempre lo hace al ritmo de la banda sonora del iPod que lleva encima y con sus gafas de sol puestas. 

Desde el minuto uno con la primera escena ya nos queda claro que no se trata de una película de acción normal, que es mucho más que eso. Cuando estás en la sala del cine viendo esta escena en cuestión te sale una sonrisa cómplice porque sabes que lo que estás a punto de ver pinta muy bien. Así mismo cuenta con otras grandes escenas de acción y de persecuciones y cientos de planos que son arte para la vista. 

Baby Driver no tiene el mejor guion ni los diálogos más originales, pero no le hace falta ya que ni los personajes ni la historia son los verdaderos protagonistas: la música lo es. Está presente durante las dos horas de film tanto de forma diegética en el reproductor de Baby como de forma extradiegética. Las acciones de los personajes y el ritmo en el que fluye la escena acompañan constantemente a la música de forma que todo armoniza perfectamente en la pantalla como una sola pieza.

Aunque la trama no sea la más novedosa del mundo tiene puntos fuertes que logran que cale en el espectador, como el origen de la historia de amor de Baby con la música. También puede parecer que abusa de la típica acción exagerada hollywoodense, pero en realidad no es algo molesto ya que encaja agradablemente con la banda sonora y se llega a disfrutar de los coches corriendo a 200 km/h por las calles de Atlanta. 

El verdadero punto flojo de esta película lo encontramos en el romance entre Baby y Debora (Lily James), que aunque de primeras pueda tener su encanto al final se hace innecesario  -o al menos es innecesario ese amor tan incondicional y dramático al estilo Romeo y Julieta entre dos personas que apenas se conocen...-. 




Por todo lo demás estamos ante un gran trabajo de un visionario Edgar Wright, quien ha conseguido lanzar algo que para muchos al principio podría haber parecido un proyecto sin futuro o incluso utópico. Tampoco pasa desapercibido el trabajo del reparto, con muy buenas actuaciones y en especial la de Ansel Elgort, que demuestra que vale más que para las películas de adolescentes (y demuestra también sus grandes dotes de bailarín). Una película totalmente recomendable a aquellos que sean amantes de la acción, como de la música o del drama, pues alguna lágrima también se puede escapar...

Nota: 9/10


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