Crítica: 'Selfie' (2016), de Víctor García-León



Deberíamos dejarnos ya de los estúpidos clichés que dicen que solo hablamos de sexo y Guerra Civil, que bastantes años llevamos cargando con esos comentarios fuera de lugar y llenos de desconocimiento por parte de los supuestos visionarios. Hay que ver cine español, y con más razón si suena Luis Brea. Hablamos de una de las sensaciones del pasado Festival de Cine Iberoamericano de Málaga: Selfie.

Selfie es el tercer largometraje de Víctor García-León, que también escribe la película, en la que el hijo de un ministro se encuentra de golpe con una realidad inesperada: acusan a su padre de corrupción, malversación de fondos y blanqueo de capitales -en evidente referencia a la realidad española-, y es encarcelado. Bosco (Santiago Alverú) tendrá que hacer frente a la realidad que le ha venido de golpe, desacostumbrándose a los lujos de su anterior vida.

El largo es atrevido no sólo por su contenido, sino también por el formato. La elección del falso documental nos acerca a las tendencias del post-humor más reciente, pero da una nueva vuelta de tuerca al introducir en la película imágenes reales de mítines de Podemos y PP, con un maravilloso cameo que no revelaré, donde la historia recuerda, inevitablemente, a un Borat bastante descafeinado.


Selfie realiza un ejercicio de irreverencia y sátira que se debate entre lo cómico y lo incómodo. Ácida, crítica y fresca, arremete contra tantas realidades como le es posible: estructuras de poder en partidos políticos, chistes sobre integrantes de iniciativas de corte social, discapacidad, feminismo, enchufismo en altos cargos… Y todo eso en menos de hora y media. De hecho, es este carácter caricaturesco el que define por entero a la película, que funciona como una perversa representación de la situación política española. A pesar de intentar mantenerse al margen, Selfie tiene un marcado cariz ideológico.

Parece, sin embargo, que García-León opta por caricaturizar y satirizar absolutamente todo sobre lo que habla. Todos los personajes y ambientes terminan quedando desacreditados como reales por ser excesivamente ridículos, desagradables o torpes, independientemente de su condición social, ideológica o económica. Esta elección quizá determina demasiado el mensaje final del film, que se diluye al final entre la historia anti-romántica de Bosco y Macarena (Macarena Sanz) y la denuncia a la que parece aspirar desde el inicio.


No hay pretensión alguna en Selfie, que es humilde y sincera. Sabe que busca la complicidad del espectador, con bromas burdas de un neo-cavernícola como Bosco y su interacción con el mundo que no conoce. Y en eso parece fallar la película, que termina siendo un vídeo-crítica-monólogo de hora y media que no quedará en la mente de los espectadores. El mensaje, potente, al que aspira desde el inicio, se difumina y hace que la banalidad se apodere de la historia hacia su tramo final. Divertida, con un inicio prometedor, pero se desinfla. Aun así, el visionado merece la pena.


Nota: 6.5/10

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