Crítica: "Z. La ciudad perdida" (2016), de James Gray


Oyendo las opiniones de varias personas acerca de la última película de James Gray, creo que es posible que la gente se haya llevado a error con ella y haya ido a verla sin tener muy claro lo que se iba a encontrar. Si se esperaban aventuras de ritmo acelerado, acción, persecuciones en la selva, grandes efectos visuales, o una película “movida”, por llamarlo de alguna manera, veo normal que la cinta pueda decepcionar en cuanto a expectativas. Porque no juega a eso, ni pretende hacerlo.



“Z. La ciudad perdida” nos cuenta la historia de Percy Fawcett, un militar reconvertido a explorador que es enviado a Bolivia con el objetivo de cartografiar una zona que por aquel entonces era bastante desconocido. Una de sus primeras incursiones le lleva a descubrir restos de lo que él cree que puede ser una ciudad perdida que contenga los restos de una antigua civilización. A partir de entonces, veremos cómo a lo largo del siglo XX va realizando diversas expediciones para encontrarla.

“Z” intenta en la medida de lo posible alejarse de todo el componente de leyenda que pueda tener la historia (supongo que eso se lo dejará a la novela en la que se basa) para centrarse en la figura de Fawcett, en lo que podemos ver de él y en cómo encontrar esa ciudad se convierte en una obsesión que parece realizarle como persona, alejándole de una sociedad en la que parece no encajar, o al menos no sentirse cómodo. 

Una manera diferente de contar la historia, pero que, en mi opinión, resulta bastante efectiva. Las incursiones en la selva se alejan así de la grandilocuencia, construyéndose sobre un ritmo reposado, en el que a veces priman los silencios, con una selva que es un personaje más, y en la que no se tarda mucho en averiguar que lo importante a lo largo de la película va a ser el viaje de Fawcett, no su destino (el final, al basarse en hechos reales, es conocido, aunque no entraré en él por si alguien ve la cinta sin conocerlo) Ese juego de búsqueda, casi anhelo, por encontrarla, con las esperanzas apareciendo y desapareciendo, es con lo que más juega Gray a lo largo del metraje.  


Charlie Hunnam (que parece destinado a ser la marca blanca de Tom Hardy en algunas producciones) realiza un notable trabajo dando vida a un Fawcett que no debe ser sencillo de interpretar, con su dificultad para expresar sentimientos (lo que le trae más de un conflicto con su familia) y sus pocas palabras, pero al que seguimos a lo largo de los años y acabamos conociendo, con un último viaje que marca el final de la película, y también la decepción o satisfacción del espectador.

A su lado, un sorprendente Robert Pattinson y unos efectivos Sienna Miller y Tom Holland completan el reparto principal de una película en la que no prima lo visual (excelente trabajo de fotografía, no obstante), sino el viaje persiguiendo una obsesión, un mito, que para el protagonista es más que real. Su ritmo lento y pausado (que a veces se ve entorpecido con las escenas que tienen lugar en Londres o en la guerra, porque lo que apetece es seguir viendo más selva) y su aroma de película clásica redondean un producto notable y bastante satisfactorio.

Nota: 7´5



COMENTARIOS