"Prison break": una condena demasiado larga


Corría el mes de agosto de 2005 cuando Fox estrenó, casi de tapadillo, una nueva ficción de temática carcelaria. “Prison break” nos contaba la historia de dos hermanos, Lincoln Burrows y Michael Scofield. El primero, condenado a muerte tras ser declarado culpable de acabar con la vida del hermano de la vicepresidenta. El segundo, un ingeniero de estructuras que entra en prisión realizando un intencionado atraco fallido acompañado principalmente de dos cosas: una férrea voluntad de liberar a su inocente hermano de una condena a muerte que no se merecía, y los planos de la prisión, tatuados en su cuerpo. Tras cuatro temporadas y una tv movie, la serie se despidió en 2009 siendo la sombra de lo que llegó a ser, y convirtiéndose en uno de los máximos exponentes de la degeneración que pueden llegar a alcanzar las series cuando se alargan demasiado.

Ocho años después, y viendo que pocas alegrías se lleva normalmente con las series que estrena en la actualidad, FOX resucita “Prison break” en forma de mini serie evento, con nueve episodios que conformarán una quinta temporada que a muchos nos habría hecho reír ante la mera sugerencia de su existencia hace unos años, pero que actualmente, y viendo la cantidad de remakes, revivals (la misma FOX resucitó el año pasado con bastante éxito Expediente X, otra de sus series insignia) y series de películas que hay en la parrilla televisiva, seguramente no extrañe a nadie.

El primer episodio de esta resurrección (en más de un sentido) se emite hoy en Estados Unidos (Fox España lo emitirá el próximo lunes) Así que, ¿qué os parece si damos un pequeño repaso a lo que nos ofreció Prison Break durante sus 79 episodios y si, también durante la desastrosa “The final break”?


FOX RIVER, EL ESCENARIO DE UNA TEMPORADA EJEMPLAR

Prison Break nació prácticamente como serie de verano, con una duración prevista de 13 episodios con pocos visos de continuar, algo que cambió radicalmente debido al gran éxito que tuvo tras su estreno. FOX no tardó en ordenar el back nine para que la serie llegara a los 22 episodios, algo que hubiera estado bien para que la serie contara con una única temporada, aunque no fue el caso.

Que la primera temporada de “Prison Break” es la mejor lo saben hasta los que no han visto la serie. Con un argumento inicial muy atractivo y un desarrollo que sabía ganarse la atención del espectador, junto con sus continuos giros argumentales (además de sus cliffhangers) esta primera tanda de episodios se prestaba mucho al maratón seriéfilo. La cárcel de Fox River se convirtió en el escenario donde, en cada episodio, Michael Scofield ejecutaba una parte de su plan, calculado casi al milímetro. No obstante, no fueron pocas las dificultades que se fue encontrando: guardias, presos, cambios estructurales que le obligaban a cambiar el plan de tanto en tanto… aunque solo argumentalmente. La serie transmitía la sensación de que sus responsables tenían bien planeado hacia donde iba la serie (y seguramente, así fue durante el transcurso de esta temporada)


Uno de los elementos que hicieron grande a la serie fueron sin duda sus personajes. Más allá de sus protagonistas, la serie contó con buenos secundarios, como Belic, Sucre, Abruzzi o el inolvidable T-Bag. Pocos amigos para tantos enemigos, pero a Michael le fueron creciendo los enanos a medida que más personajes se fueron sumando a la fuga (especialmente cuando eran algunos de los mayores indeseables que poblaban aquellas celdas) Un grupo de presos que ofrecía una buena variedad de personalidades, que enriquecían los episodios ganándose poco a poco su propio espacio y que ofrecían varios elementos interesantes a los que prestar atención desde el aspecto mafioso de Abruzzi, los problemas de Sucre con su amada Maricruz, Bellic puteando a todo el que podía o el pasado del repulsivo T-Bag.

La serie contó también con su subtrama romántica a raíz de la relación entre los personajes de Scofield y la doctora Tancredi, que permitió al personaje de Sarah Wayne Callies continuar en la serie más allá de esta temporada, donde estaba previsto que muriera. Así mismo, y para oxigenar la trama, también teníamos a Verónica, una abogada amiga de la infancia de los hermanos que intentaba averiguar lo que había detrás de la condena de Lincoln. Como no podía ser de otra manera, la temporada terminaba con la fuga de los hermanos acompañados de otros seis presos.


TRAS LA FUGA

La segunda temporada sabía que tenía por delante el alto listón que dejo su predecesora. Una temporada que, ya que no terminó al final de su primera tanda de episodios, debería haber cerrado la serie lo más decentemente posible y haber dejado a “Prison break” como una serie de la que dejar un buen recuerdo.

De menor calidad pero aun así bastante buena, esta segunda temporada nos presentaba a los presos fugados (llamados “Los ocho de Fox River”) siendo perseguidos por el implacable Alex Mahone, el agente del FBI encargado de dar caza a los presos. Su duelo con Scofield, que intenta llevar a cabo los últimos elementos de su plan, es el pilar central de una temporada que sabe mantener el interés  a pesar de cambiar el recinto de la prisión por el país entero, bien sea con la trama de la búsqueda del dinero enterrado de D.B. Cooper, el reencuentro entre Michael y Sara o siguiendo a los presos en solitario cuando sus caminos se separan.

La figura de La compañía, de la que ya habíamos tenido noticias durante la primera entrega, va haciéndose más evidente con la cada vez mayor presencia de sus influencias o la silenciosa aparición del personaje del general. La compañía vendría a ser el jefe final de la serie, pero para eso ya tendríamos tiempo. 


Y ENTONCES LLEGÓ SONA

Es probable que Prison Break fuera de las pocas series a las que la huelga de guionistas les viniera hasta bien. Como muchas de las ficciones que se emitieron aquel año, la tercera tanda de episodios vio recortada su duración de los 22 previstos a los 13 con los que contó finalmente. Y menos mal, porque 22 episodios en Sona se hubieran hecho muy largos.

Sin ideas de cómo continuar la serie más allá de lo que ya habían hecho, los responsables decidieron volver a lo que mejor se les había dado: la cárcel. Para ello, no dudaron mucho en encerrar de nuevo a todos los personajes que pudieron en prisión, e intentar repetir en la medida de lo posible el esquema argumental de la primera temporada. El resultado: bastante pobre. La innovación trató de llegar de manos del propio recinto: una prisión federal panameña donde los guardias solo se encontraban fuera del recinto, y contaba con su propio dictador, y con el cambio de roles que suponía ver a Michael preso y a Lincoln intentando ayudarle. Con Sarah y el hijo de Lincoln secuestrados, la compañía le propone un trato a Michael: que saque de allí a un preso llamado James Whistler, a cambio de la liberación de ambos.

En su intento de seguir explotando la gallina de los huevos de oro, a FOX le salió mal el intento de repetir la jugada. Pese a que el recinto planteaba diferentes posibilidades, no era Fox River, el plan de Michael ya no resultaba tan interesante como antes, y las subtramas aburrían, con lo que la audiencia empezó a bajar rápidamente. Fue una temporada que, además, argumentalmente no es que sirviera de mucho en el conjunto global de la serie (tanto luchar por liberar a Whistler para que al final se lo cargaran de un balazo en un callejón en el primer episodio de la cuarta temporada) y que dejaba como principal cabo suelto la muerte  de la doctora Tancredi y los deseos de venganza de Michael.


SCYLLA, O COMO CONVERTIRSE EN UN CULEBRÓN

Y si la tercera temporada fue un relleno repetitivo, la cuarta no mejoró el panorama. Nuevamente había que reconvertir el argumento para poder seguir estirando la serie, y se decidió enfrentar a Michael directamente con la compañía. Michael y el resto de presos que aún no habían muerto, junto a Bellick, Mahone y una resucitada Sara Tancredi (con una excusa muy cutre, lo que hace pensar que la de Scofield en esta nueva entrega seguirá un camino similar) formaban equipo para apoderarse de Scylla, un dispositivo en el que se encontraba toda la información relativa a la compañía.

Su primera mitad a lo “Michael´s eleven” ya fue muy floja, además de perder cualquier elemento que hiciera recordar lo que fue la serie en sus orígenes, pero el culebrón malo en el que se convirtió en su segunda mitad ya fue, directamente un chiste. Resucitar a la madre de Michael, entre otras grandes ideas, hicieron de estos episodios algo ya muy cercano al castigo. La audiencia ya no picó más y los pocos que quedaban comenzaron a abandonar el barco sin esperar al bote salvavidas. FOX tuvo piedad y decidió no alargar más la agonía y canceló la serie un parón de cuatro meses tras el episodio 16 de la temporada, mandándola a morir a los viernes. Solo los 10 minutos finales del episodio final salvaron los muebles dentro de lo posible de una serie que ya estaba muerta desde hace mucho. Un final que dejaba a cada en su sitio y elevando a la categoría de mártir a un (presuntamente) fallecido Scofield por un (presuntamente) cáncer cerebral. Porque al final, ni lo uno ni lo otro. 


EL REMATE FINAL: “THE FINAL BREAK”

Por si no habíamos tenido suficiente con la cuarta temporada, hubo una TV Movie titulada “The final break” (un episodio doble, realmente) que intentó rizar todavía más el rizo. Situada antes del epílogo que vimos al final de la cuarta temporada, nos contaba como Sara Tancredi era encarcelada por el asesinato de la madre de Michael en una penitenciaría de mujeres.

Convertir aún más la serie en un juego de “De cárcel en cárcel y tiro porque me toca” fue la principal aportación de esta película que es un desastre la mires por donde la mires. Tenemos que creernos que hubiera sido capaz de exonerar a T-Bag no puede hacer lo mismo con Sara, por lo que Scofield tiene que ponerse nuevamente el mono de trabajo. Recurrir, por tercera vez, al argumento de la fuga y hacerlo todo deprisa y corriendo en apenas dos capítulos, fue ya el colmo. Además, nos ofreció el sacrificio sobre el sacrificio de Scofield, que muere electrocutado para que Sara pueda escapar de la prisión (que sí, iba a morirse igualmente por el tumor, pero…)


¿QUÉ ESPERAR DE LA MINISERIE EVENTO?

A priori, poco más que un chute de nostalgia. Además de ver que excusa argumental se sacan de la manga para justificar que Michael siga vivo, este revival jugará con ese elemento para intentar atraer a nuevos espectadores. Pese a que parece que volverán a plantearnos un nuevo argumento con fuga de por medio, ha pasado el suficiente tiempo para que al menos apetezca ver de nuevo a los personajes. Que sea o no un despropósito al nivel de lo que se convirtió la serie más allá de su segunda temporada, ya no está en nuestras manos. Tienen nueve episodios en los que seguro que tendremos que pasar por alto muchas cosas para, al menos, ofrecernos una historia entretenida que pueda recordar, aunque sea lejanamente, lo que fue la serie en sus inicios.

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