Las Chicas del Cable: una oportunidad perdida

Los Lunes Seriéfilos Las Chicas del Cable
Cuando Netflix llama, se descuelga el teléfono y se escucha con atención. Nada de contestadores automáticos ni de dejar el mensaje después de oír la señal. Pones a tu mejor telefonista en el auricular para que la conexión se produzca con éxito. Pero entre Bambú y Netflix parece que ha habido interferencias. Quizá el sistema de telecomunicaciones español no cuente con las mejores tecnologías o, tal vez, ni la productora ni la plataforma conozcan de medios de comunicación más modernos. Sea como sea, Las Chicas del Cable comunica.

La Netflix continuista

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La llegada de Netflix a España ha sido uno de los acontecimientos más destacados en la industria audiovisual española en los últimos años. La todopoderosa plataforma digital ha visto en nuestro país una cultura de las series lo suficientemente fuerte como para abrir una filial y embarcarse en la aventura de producir contenido propio. Con un catálogo que ha ido ganando adeptos y prestigio poco a poco, Netflix España cuenta ya con miles de afiliados. 

Sus clientes son espectadores ávidos de contenidos originales y novedosos, criados en un panorama televisivo construido sobre los guiones de Sorkin, el mestizaje genérico de Breaking Bad, la profundidad psicológica de los publicistas de la Avenida Madison o los trasfondos sociales de The Wire. Una audiencia que hace tiempo que dejó atrás la simplicidad argumental de Los Serrano, y que apoya entusiasmada el palpitante cambio que vive la ficción nacional, liderada por Vis a Vis, El Ministerio del Tiempo o Sé Quién Eres, a pesar de que el sistema siga poniendo en pantalla productos mediocres como iFamily o Allí Abajo. En definitiva, un público joven, culto y educado, urbano y maduro televisivamente hablando. 

Netflix ha escogido Bambú como productora para desarrollar su primer contenido propio en España. Gran Hotel, Imperium, Seis Hermanas o Velvet se encuentran entre las ficciones estrella de la casa, especializada en dramas históricos con una cuidada y detallada ambientación y factura visual. Pero también especializada en series para cadenas generalistas y público amplio. Las Chicas del Cable cumple perfectamente con los mandamientos Bambú y se erige como un contenido que recoge la esencia pura de la productora. 

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¿Por qué apuesta Netflix por un contenido tan generalista y poco atrevido? ¿Acaso no entiende  la plataforma a su público? O por el contrario, ¿entiende demasiado bien el mercado en el que se encuentra? La apuesta de Netflix por Bambú y Las Chicas del Cable no puede ser otra cosa que un movimiento puramente estratégico y comercial. Un llamamiento a una audiencia generalista a través de un contenido común, estándar y que no aporta un valor añadido al panorama televisivo más allá de la estética y la ambientación. Un cebo para atraer espectadores, ampliar su cartera de clientes y consolidar con cifras su posicionamiento en el mercado. 

Las Chicas del Cable, despecho y traición en los tiempos del teléfono

Las Chicas del Cable es heredera directa de Velvet y Gran Hotel. Continúa con la filosofía de Bambú, en la que el melodrama romántico se entrelaza con el drama histórico para desarrollar las historias y universos de unos personajes representantes de las diferentes clases sociales. En esta ocasión sitúa la trama en el Madrid de 1928 junto al desarrollo de las telecomunicaciones y el cambio económico y social que ello conllevó. 

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Sin embargo, Las Chicas del Cable pretende establecerse como un contenido atemporal elaborando un discurso fácilmente trasladable hasta nuestros días. Lo hace mediante un diseño de fotografía, estética y factura visual exquisita, elaborada y con personalidad. Su carácter anacrónico también se apoya en una selección de música contemporánea, emulando a El Gran Gatsby de Baz Luhrmann, que resulta desafortunada y contraproducente a nivel técnico y dramático. 

En su llamamiento al público generalista, Bambú ha seleccionado algunas de las caras más populares de la industria televisiva, muchas de ellas, sacadas de la cantera de El internado. Blanca Suárez, Yon González y Martiño Rivas se reencuentran años más tarde, con una madurez interpretativa que en esta ocasión desaparece tras una mejorable dirección de actores, para dar vida al triángulo amoroso protagonista. A su alrededor, se orquesta un reparto coral encabezado por Ana Fernández, Maggie Civantos y Nadia de Santiago. Ana Polvorosa, Sergio Mur y Concha Velasco completan el casting de personajes secundarios. 

Todos ellos dan vida a una serie de personajes estereotipados, manidos, insulsos y simples, víctimas de la crueldad del melodrama romántico más radical. El detonante y la premisa resultan enclenques y débiles, incapaces de sujetar con firmeza los conflictos interpersonales de los personajes, construidos sobre las bases prefabricadas de la traición, el despecho y los sobornos. La identificación del espectador con cualquiera de los personajes se plantea complicada por esquemáticos, categóricos y escasos de profundidad. 

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Incluso el contexto histórico, una época convulsa marcada por la profunda transformación social, económica y política, queda totalmente desaprovechado a merced  de unas tramas demasiado ligeras, superficiales y previsibles. La vasta historia de nuestro país, que podría haber sido empleada para elaborar un discurso crítico profundo, queda relegada a una simple excusa, a servir de inspiración para el diseño de vestuario y atrezo.

Las Chicas del Cable establece un discurso progresista y feminista dirigido directamente a la juventud actual. De nuevo, Bambú obvia el potencial del contexto histórico de la trama, los comienzos del sufragismo español, y se limita a transmitir unas ideas y valores que, aunque absolutamente necesarios, resultan pobres y de panfletario populista. 

Nadie es culpable, ninguno es inocente

En esta situación nadie es culpable pero ninguno es inocente. Puede que Netflix se haya equivocado confiando su primera serie original a Bambú. No cumple con su quizás erróneamente asignada labor transformadora y en este caso adopta un papel continuista desoyendo los anhelos del público y la sociedad. Las Chicas del Cable nos ha hecho ver que, tal vez, el canal, esto es, la plataforma de visionado, no sea el elemento diferenciador incitador del cambio, sino el propio mensaje. 

Los Lunes Seriéfilos Las Chicas del CableQuizás Bambú haya dejado pasar la oportunidad de aportar su granito de arena para elevar la calidad de la ficción nacional y contribuir para mejorar el panorama televisivo, limitándose a repetir su fórmula mágica que tanto le ha beneficiado anteriormente en cadenas como Antena 3. Puede que se haya visto sobrepasada al protagonizar este pequeño hito histórico que es crear la primera serie de Netflix España y, en lugar de arriesgar, haya apostado por lo seguro. Mejor malo conocido que bueno por conocer.

O por el contrario, quizás nos hallemos ante un mercado y audiencia tan tradicional y conservador que aún no se encuentre preparado para el riesgo o la incomodidad, para la ruptura radical y la entrada en un nuevo paradigma cultural.  Las Chicas del Cable, fruto de la alianza de dos potentes agentes de la industria televisiva, es la oportunidad perdida de descubrir algo nuevo, de jugar y coquetear con los límites de lo conocido. Un ejemplo más de inmovilismo.

Ni Netflix, ni Bambú, ni Las Chicas del Cable ni el público son culpables, pero tampoco son inocentes. Con tantas interferencias la llamada se ha perdido. Mientras tanto, permaneceremos pacientes a la espera de una mejor ocasión para la conexión.



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