Ingobernable, el drama que desafía a un país

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Pocas son las ficciones latinoamericanas que cruzan el gran charco que separa América de Europa. Muchas menos las que consiguen romper las prejuiciosas, escrupulosas y pretenciosas mentalidades de los espectadores del viejo continente o del cuestionable país de la libertad. Sin embargo, gracias a Netflix, paladín de la globalización, Ingobernable traspasa las fronteras aztecas para ofrecer una mirada crítica sobre las desapariciones forzadas y la corrupción gubernamental.

Argos y Netflix, alianza orgánica

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Si hay productos televisivos a los que les cueste deshacerse de un sambenito, son sin duda los latinoamericanos. El melodrama romántico, en muchos casos elevado a su máximo exponente y meta hiperbólica, impregna cada rincón de su panorama audiovisual. El género de la telenovela es algo inherente a las propias culturas latinoamericanas, convirtiéndose, muchas veces, en cruel objeto de burla y ridiculización. 

Sin embargo, sería ingenuo y presuntuoso pensar que han permanecido ajenos a las últimas tendencias y cambios que se han producido en la industria televisiva. Tanto los recursos narrativos como los estilísticos se han adaptado a las necesidades de un público que reclama discursos profundos y elaborados, más allá de las pasiones y enredos que puedan desatarse en escenarios ecuestres impregnados de sudor, tequila y perfume barato.  

La enigmática y magnética Niño Santo proponía una reflexión sobre la religión y el misticismo al mismo tiempo que abría una suerte de edad de oro en la ficción Mexicana. Capadocia denunciaba las luchas de poder e intereses políticos desde los barrotes de una cárcel de mujeres. Las Aparicio rompió una lanza a favor de la comunidad LGBT y el feminismo en una sociedad profundamente misógina y patriarcal.  Estos son algunos de los ejemplos transgresores que han contribuido a elevar la calidad televisiva y cultural de México. 

Los Lunes Seriefilos IngobernablePor lo tanto, era cuestión de tiempo que Netflix apostara fuerte por este país. Ingobernable no es la primera producción de la plataforma digital allí, pero sin duda será la que centre todas las miradas. Y eso es, en gran parte, gracias a Argos, productora responsable de tres de estos cuatro títulos citados, y de Epigmenio Ibarra, prolífica y visionaria mente televisiva y mecenas cultural.

La colaboración entre Argos y Netflix es lógica, coherente y natural, por cuestiones de naturaleza, misión, visión y valores. Movida por una ideología progresista, la productora aboga por la representación osada de las identidades, principalmente, con ficciones lideradas por personajes femeninos sólidos y complejos que abordan temáticas y problemáticas sociales consideradas tabú. Ingobernable, epítome de la filosofía Argos, viene para incomodar y desafiar a un país entero.

Kate y Erendira, primeras damas

Los Lunes Seriefilos IngobernableLa actitud desafiante de Ingobernable se construye sobre Kate del Castillo y Erendira Ibarra, actrices fetiche de la productora y estrellas de la televisión mexicana exportadas e internacionalizadas. La primera, veterana de la industria cinematográfica y televisiva, se consolidó con La Reina del Sur, tras aparecer en Weeds, pero cuenta en su haber con un notable número de títulos. La segunda, despuntó con Las Aparicio y ahora acompaña también a los magníficos ocho de Sense8. Ambas son las cabezas de cartel de una serie cuyas relaciones de poder las tejen las mujeres. 

Kate del Castillo interpreta a Emilia Urquiza, esposa del presidente Diego Nava. Es la primera dama, “la mujer que hizo y dejó al presidente”. Por su parte, Erendira Ibarra es Anna Vargas-West, jefa de la oficina de la Presidencia, pero también agente infiltrada colaboradora de los intereses estadounidenses. Y cómo no, amante no tan secreta de Nava.
 
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A su alrededor, se orquesta todo un despliegue de personajes secundarios relacionados con la política, el aparato militar, la justicia y el mundo empresarial, además de la consabida representación de un núcleo familiar desestructurado, que apela de manera estratégica a un público generalista. Pero Ingobernable no es el reflejo de las élites, sino todo lo contrario. 

Por lo tanto, Urquiza hace las veces de Juana de Arco y defensora del pueblo. Tras la muerte de su esposo, de la cual es la principal sospechosa, se refugia hábilmente al amparo de las minorías y los perseguidos. Así, Ingobernable se convierte en el retrato de las consecuencias de esta inesperada tragedia en Emilia Urquiza y su familia, en Anna Vargas, en el programa político del presidente y en todo un país.

Del Castillo e Ibarra trabajan a mitad de camino entre la actuación desproporcionada, aprehendida de la industria, y una interpretación más internacional que consigue la exportación del producto. Ellas mismas se erigen como esencia misma de la serie que corretea y flirtea con el culebrón más excesivo y el drama político más intrigante.

Ingobernable: un espejo pintado

Aunque Ingobernable hace honor, con premeditación y alevosía, a un género inherente a la cultura mexicana, avanza confiada hacia un nuevo paradigma ficcional. En esta ocasión, relega el melodrama a un segundo plano concediéndole el papel protagonista a la denuncia y la crítica social. 

“Vivos se los llevaron y vivos los queremos” es el grito que entona actualmente la sociedad mexicana reclamando justicia sobre millones de ciudadanos desaparecidos. Esta misma consigna la cantan algunos de los personajes de Ingobernable, construyendo así, la trama horizontal secundaria de la serie, con un trasfondo social y cultural mucho más enriquecido que la simple investigación y conspiración criminal de la trama principal.

Aquí reside el atractivo y componente diferenciador de Ingobernable, que puede suponer un paso firme hacia delante para la televisión mexicana. El guión, la fotografía, la banda sonora, el diseño de producción y la factura visual, todos ellos cuidados al detalle y, respaldados por la visión de la productora y el canal distribuidor, se unen para ofrecer un producto maduro, reflexivo y desafiante. Inspirado claramente en otros dramas políticos como West Wing o House of Cards.

Netflix y Argos han optado por retar a la audiencia a afrontar sus circunstancias, a ver representado en las pantallas de sus hogares una problemática vertical que recorre cada rincón del país. Hablar del drama de las desapariciones forzadas y acusar directamente y sin tapujos a un sistema gubernamental corrupto y prostituido.
 
Para que su discurso sea tomado en serio y resulte relevante, Ingobernable opta por la fórmula HBO de sexo y violencia, atrayendo a un público maduro y formado. Pero lo hace también a través de la representación de las identidades sexuales, de la intergeneracionalidad y del precioso y diverso arcoiris de las pieles de sus protagonistas. Aunque, de manera inevitable, termine primando el privilegio caucásico. 

Ingobernable es un espejo pintado. Un retrato atrevido de unas circunstancias, obligado por naturaleza o estrategia, a adornarse a sí mismo con florituras de evasión. Sin embargo, emocionan y conmueven las agallas y el esfuerzo de intentar elevar la calidad cultural del panorama televisivo mexicano cumpliendo su objetivo último: servir a una sociedad. Ingobernable, desde la ficción, le grita a México que si “vivos se los llevaron y vivos los queremos”.

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