Crítica: "Redención" (2015) de Antoine Fuqua


Una de las películas más recientes de Antoine Fuqua -un director que cuando quiere, puede- es "Redención" ("Southpaw") una historia que gira entorno a Billy Hope (Jake Gyllenhaal) un boxeador que goza de estatus, estabilidad económica y personal, fama o básicamente a todo lo que un boxeador aspira en su vida, hasta que una jugarreta del destino se convierte en el detonante que tira abajo su vida perfecta. Entonces señalar a Southpaw como un drama netamente deportivo es injusto porque si bien las decisiones del protagonista afectan su vida en diferentes circunstancias, incluyendo su carrera profesional, sus obstáculos mayores se presentan fuera del cuadrilátero.

A pesar de que la premisa tira de los eventos personales de Billy para construir el resto de la trama, la historia no deja de ser convencional. A diferencia de otras películas similares que recurren al ascenso-caída-ascenso, en "Redención" nos presentan a nuestro protagonista como un ganador (en todo sentido) por lo que su derrota no tarda en llegar y a Fuqua no le tiembla el pulso para mostrar cómo Hope pasa de ser el chico campeón al gran perdedor de una escena a otra. Desde ese momento la historia se inunda de recursos que ya hemos visto varias veces pero que siguen siendo muy efectivos cuando sólo esperamos entretenimiento: la negación, la actitud déspota seguida por el remordimiento, la busca desesperada por comenzar de nuevo, los entrenamientos en algún gimnasio de mala muerte con un entrenador veterano -y normalmente muy sabio- y sobre todo las ganas de redención que después de todo es lo que mueve al protagonista. Southpaw no busca innovar, se aferra a clichés del género en un eterno bucle.

El hecho de que Redención no aporte nada nuevo no significa que sea mala, solo la convierte en una película para pasar un buen rato pero que olvidaremos después de una semana de haberla visto. Tal vez lo que perdure más en la memoria colectiva de los espectadores es la volátil interpretación de Jake Gyllenhaal que se entrega emocional y físicamente a su personaje, un trabajo animal donde le vemos rugir y atacar a su oponente en el cuadrilátero como un tigre contra un león pero a la vez es capaz de transmitir la vulnerabilidad y el dolor cuando está con Leila, su hija. Oona Laurence es quien se encarga de dar vida a la primogénita de Gyllenhaal en la ficción y es de hecho toda una revelación. Por otra parte Rachel McAdams cumple con su rol en los pocos minutos en pantalla mientras que Forest Whitaker y Miguel Gomes brindan trabajos correctos de dos personajes que estamos cansados de ver: el entrenador sabio y el retador malo respectivamente.

Los momentos más emocionantes son desde luego las sesiones de entretenimiento y las peleas que para aquellos quienes disfrutan de este deporte y los que, no sabrán apreciar porque consiguen ser bastante convincentes. La banda sonora, uno de los últimos trabajos de James Horner, es otra de los grandes aciertos de la película aportando esa sensación de adrenalina a las mejores escenas. Southpaw no es una película brillante, es una película correcta y aunque no es la mejor en su género, resulta ser una de las más efectivas.

6,5/10

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