Crítica: "Kong: la isla calavera" (2017), de Jordan Vog-Roberts


El domingo pudimos ver, como clausura de la XIV muestra Syfy, la nueva cinta en torno a la figura de King Kong, que se estrena este viernes 10 de marzo en cines. La cinta es la siguiente pieza de ese universo de monstruos clásicos que está intentando crear Warner, tras la última cinta sobre Godzilla estrenada hace un par de años. Tras esta, tendremos secuela de Godzilla, y el crossover entre los dos personajes. Pero, de momento, tenemos esta reinterpretación del gorila gigante.


Y es reinterpretación en el sentido más amplio de la palabra, porque “Kong: la isla calavera” pone tierra de por medio y se aleja todo lo posible de las anteriores cintas sobre el personaje, tanto de las clásicas como del último remake dirigido por Peter Jackson, forjándose así su propia personalidad. El esquema clásico y con pocas variaciones al que estábamos acostumbrados se deja así a un lado para presentarnos una película que es puro entretenimiento y evasión acompañados de buenos efectos visuales, resultando muy efectiva en su terreno.


Lejos quedan los tiempos en los que se postergaba la aparición de Kong todo lo posible durante el metraje, la parte romántica entre el simio y la humana (no hay más que ver la diferencia entre la relación que ha establecido Kong siempre con el personaje femenino y la que establece aquí con el personaje de Brie Larson) o el viaje a Nueva York con su fatal desenlace. El director es consciente de que eso es lo que han ofrecido las versiones anteriores, y ninguno de esos elementos están presentes. De hecho, apenas ha pasado media hora cuando llegamos a la isla y la presencia de Kong nos golpea en una espectacular escena de acción.

Esa escena es una de las muchas que tienen en común el excelente diseño de producción con el que cuenta la cinta. El diseño de Kong (más gigantesco que nunca), el de las criaturas que le acompañan, la isla… todo ayuda a convertir a la isla calavera en un pequeño universo muy efectivo y resultón, desde esa escena con la araña gigante, al combate con los helicópteros, el diseño de los monstruos enemigos, la isla… un apartado excelente. La película, además, no se ha ambientado en los años 70 aleatoriamente o por casualidad. El tener lugar en el marco de la guerra de Vietnam permite, además de algunos gags, una ambientación que homenajea al cine bélico, desde las escenas con los helicópteros, la navegación por el río (en un curioso barco, todo sea dicho) a la banda sonora, consiguiendo un híbrido entre el cine de acción con el toque bélico que resulta llamativo y efectivo. 


Seguramente, la peor parte se lo llevan un guión y unos personajes que no brillan. La gran mayoría de ellos son meros arquetipos funcionales. En ese sentido, personajes como el militar al que encarna Samuel L. Jackson (un hombre que no sabe vivir sin una guerra, y que fija acabar con Kong como su objetivo) o el de John Goodman sí que tienen algo más de trasfondo, pero no se puede decir lo mismo de los de Tom Hiddleston o Brie Larson. No obstante, no creo que nadie vaya a llevarse a engaño pensando que “Kong: la isla calavera” es una cinta de personajes. Tanto ellos como el guión se limitan a cumplir en una cinta en la que prima el entretenimiento puro sin complicaciones, y donde los verdaderos protagonistas son la isla y los monstruos gigantes que la habitan, convirtiendo a esta nueva versión de Kong en una gran espectáculo visual que resulta muy entretenido y divertido. La verdad, y viendo lo que apunta la escena post créditos, si el resto van a ser como esta, apetece ver que hace Warner con este peculiar universo.

Nota: 7/10


COMENTARIOS