Crítica: "Crudo" (2016), de Julia Ducournau


Precedida por las reacciones que había suscitado en otros festivales (incluyendo desmayos y ambulancias para socorrer a los espectadores que se impresionaron con lo que veían en pantalla) “Crudo” ha llegado a nuestras pantallas con menos sangre y gore del que ha anunciado (para variar) su campaña publicitaria. Sí, tiene sus momentos, pero cuando produce incomodidad, suele hacerlo de la mano de un uso inteligente de los planos y del sonido antes que de la sangre. “Crudo” podría haberse recreado y ser un espectáculo que buscara más la sangre fácil (los que prefieran esto, pueden remitirse a otras cintas no lejanas en el tiempo, como “The green inferno” de Eli Roth) pero prefiere contar otra cosa.

Son muchas las películas que han retratado el paso de la adolescencia a la adultez de sus personajes. Justine, la protagonista, es una adolescente que siempre se ha regido por lo que le han implantado en su hogar. Ahora, en su ingreso en la escuela de veterinaria, cuando podría esperar liberarse en parte de esa presión, se encuentra con el mismo lobo con diferente piel. Desde esas fiestas (muy bien rodadas), pasando por las novatadas a las que los estudiantes de primero se ven sometidos por sus superiores, que les dictan lo que deben hacer y cómo deben comportarse. Directrices que recibe también por parte de su propia hermana, que busca que Justine no se salga de lo habitual allí, que sea una más, y que no cuestione lo que hay a su alrededor.


Y es en medio de esa lucha consigo misma en la que Justine intenta descubrir quién es realmente, cuando llega ese despertar por la carne. Un aspecto al que la protagonista se resiste al inicio, pero contra el que cada vez le cuesta más luchar, y que está plasmado con una buena evolución. Porque otro gran acierto de Ducournau es que logra sin muchos problemas que el espectador vea lo que está pasándole por la cabeza a Justine en todo momento (y de lo que también tiene mucha culpa su actriz protagonista, Garance Marillier, que realiza una interpretación excelente), pudiendo jugar así con lo que pueden despertarle las acciones del personaje protagonista.

La cinta, a través del tema del gusto por la carne, despliega entonces la defensa de lo diferente y la salida de lo convencional mezclado con la relación que establecen Justine y su hermana Álex, muy interesante de ver porque cuenta con momentos en los que sus roles se intercambian. Quizá “Crudo” impresiona más que otras cintas sobre canibalismo porque huye de los excesos y lo plantea como una diferencia más respecto al resto de la gente, que es mejor que Justine no revele si lo que quiere es encajar (algo apuntalado por su final) y es algo que, en términos generales, nos suena más realista y cercano, y puede asustarnos. 

En poco más de 90 minutos de metraje, a Ducournau le da tiempo a contarnos todo esto, una hora y media en la que vemos esa evolución de Justine de adolescente a adulta, con su lucha a favor de lo diferente, jugando con lo que es normal y lo que no. Una reflexión que, independientemente de las reacciones que despierte, merece ser vista.

Nota: 8/10

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