Sherlock: Volviendo a Baker Street con una gran incógnita



¿Habrá valido la pena la espera? Estoy segura de que todos los seguidores de la serie se habrán acomodado con ansias y un poco de recelo a la hora de empezar la nueva temporada. Tras más de dos años de espera y la emisión de un episodio especial navideño, Sherlock volvía para agasajarnos con tres capítulos llenos de intrigas, emoción y ese toquecito de humor que tanto nos gusta. El detective volvía a Baker Street y lo hacía ahora sabiendo que su familia aumentaba con la llegada de Rosamund, la hija de Watson. Dispuestos a todo, hemos visualizado tres capítulos que, como siempre, nos dejan con ganas de mucho más. Aunque puede que este haya sido el final. (SPOILERS)

La temporada abría con un trepidante capítulo donde explorábamos los oscuros sentimientos de Watson y los dulces inicios de la paternidad. Sherlock, a la espera del gran golpe final de Moriarty, permanece en un estado casi ausente, ansiando la llegada de su eterno enemigo. Sin embargo, el primer objetivo de esta trama no ha sido éste, sino MaryNuestra querida mercenaria se veía envuelta en el resurgir de su pasado, la aparición de un pendrive que podría echarlo todo a perder y la venganza de un antiguo compañero. Mary huye lejos, haciendo a un lado las palabras de Sherlock, que prometió protegerla. Pero nada de esto sirve para que nuestro detective utilice una elocuente fórmula para dar con ella.
Finalmente, Mary presenta a Watson su pasado y todo lo que conlleva. Todas las mentiras salen a la luz, sin saber que Watson también está ocultando muchas cosas, demasiadas, oscuros sentimientos que han revuelto el corazón de los amantes de esta pareja. El giro inesperado de los acontecimientos llevará a un trágico final que marcará a todos: la temprana pérdida de Mary. Devastado, Watson culpabiliza a Holmes por la muerte de su esposa. Y cuando todo parece llegar a su fin, un último archivo llega a Baker Street. Las últimas palabras de nuestra querida Mary con un mensaje claro: Salva a John Watson.

Tras el gran golpe del primer capítulo y la ruptura de la amistad de nuestra inseparable pareja, John Watson intenta seguir delante de la única manera que sabe, evadiendo el dolor. Alejando a su hija de sí y olvidando cada pequeño momento de amistad con Holmes, Watson recibe las visitas ilusorias de su difunta esposa. La terapia no funciona y evita hablar de las visiones de Mary, viviendo en un torbellino de irrealidad. Pero, pronto, Watson deberá despertar de su letargo para salvar a Sherlock. El alto consumo de drogas por parte del detective y un difícil caso harán que Sherlock viva una auténtica situación de peligro, arriesgando su vida para cumplir la última voluntad de Mary. Y es que ella sabía que, la única manera posible de salvar a Watson es poniendo en peligro la vida de Holmes. Aceptando el pasado, los errores y la muerte, ambos prometen de forma inarticulada no volver a ocultarse secretos. Justo cuando eso ocurre, un extraño sonido sale del móvil del detective: el tono de Irene Adler. De esta manera, Watson descubre que sigue viva e intenta comprender la extraña relación que los une. 

Y cuando pensábamos que todo quedaba zanjado, el viento del este llegó a nuestras vidas, acompañado de un personaje inesperado que jamás vimos venir: la hermana secreta de Sherlock y Mycroft, Eurus. Dispuesto a agitar todo, el tercer capítulo aborda la historia del nuevo enemigo de Baker Street, la propia Eurus, quien encerrada desde su más tierna infancia en un psiquiátrico, aparece para revolver la vida de los hermanos Holmes mediante las medidas más dolorosas. Olvidada de los recuerdos de Sherlock, Eurus fue siempre una fuente de inteligencia y lógica, aunque cruel. Vemos pues que el plan de Eurus lleva urdiéndose durante años y resulta ser el golpe final de Moriarty, quien tuvo un encuentro con la joven años atrás. Sabiendo de su certera muerte, Moriarty le dio a Eurus aquello más valioso que podía darle: información. Sometiendo al detective a terribles pruebas de presión, la repuesta final no resulta otra más que salvar a la propia Eurus de su soledad y recordar el pasado. Fue ella quien, con sus terribles juegos de lógica, propició la muerte del único amigo de la infancia de Holmes, al que en su mente Sherlock dibujó como Barbarroja. 

Si bien Eurus finaliza su larga travesía volviendo a su encierro, Sherlock muestra más humanidad y sensibilidad que nunca, visitando a su hermana en la isla donde estará cautiva para siempre. Baker Street intenta volver a la normalidad, tras muchos cambios y dolor. Watson y Holmes retoman sus deberes como investigadores y el doctor vuelve a hacerse cargo de su pequeña hija. Los cauces vuelves a Baker Street donde, siempre, estarán dispuestos a abordar los mayores desafíos. 

En sí, la temporada sigue divirtiéndonos con las historias de nuestros personajes favoritos y los misterios que nos aguardan capítulo tras capítulo, sorprendiéndonos con juegos de lógica y astucia. Sin embargo, y puede que sea debido al gran aprecio que le tenemos a esta serie, notamos cierto descenso de cuidado a la hora de continuar las tramas, creando escenarios enrevesados y finales demasiado cortantes. Los sucesos ocurren demasiado rápido, con tramas entrecortadas y con poco sentido claro de continuidad. 

Disfrutamos de las historias, disfrutamos de los misterios, pero siempre con el amargo sabor del qué pasará. De hecho, la temporada se ha fabricado alrededor de esta incógnita, lo que nos ha llevado a disfrutar poco de la trama principal. Todo parecía condenado al drama y a la tristeza, un mal sabor del que nos recuperábamos con gags puntuales, pero dejando a un lado ese humor que tanto agradaba. 

Dejando un final abierto y agridulce que ha descontentado al público, puede que por las ansias de más historias y ese exclamo final que dejamos tras finalizar cada temporada: ¿Esto es todo? Si bien la temporada se hubiera desarrollado de otra manera o si nuestras expectativas hubieran sido más bajas, el final hubiera sido más placentero. 

Solo nos deja una gran incógnita: ¿volverá?


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