Review Grace and Frankie - 1° Temporada

A primera vista, lo más llamativo de la serie estrenada por Netflix en 2015 eran sus protagonistas: Jane Fonda y Martin Sheen, estrellas rutilantes, junto a Lily Tomlin y Sam Waterston, quizás de menos renombre, pero que no llevan décadas de carrera por casualidad. Y detrás del proyecto, Marta Kauffman, responsable, entre otras, de Friends. Un cartel impresionante, pero estos nombres son, probablemente, lo de menos.

Sin duda, tanto Jane Fonda como, sobre todo, la divertidísima Lily Tomlin, están extraordinarias. No es casual que sean sus personajes los que den nombre a la serie. Sobre ellas cae el peso narrativo y son ellas las únicas capaces de levantar los capítulos que flojean.

Porque los hay. 30 minutos de sitcom se antojan excesivos en algunas ocasiones. Sobre todo durante la primera mitad de la temporada, en la que parte de las tramas tienden al manierismo y sirven solo como relleno. Pero es cuestión de paciencia; la serie avanza despacito, con la calma de las personas mayores.

Poco a poco, los personajes, que habían comenzado como meros estereotipos, van ganando profundidad y, sin hacer ruido, la serie va agarrando. De hecho, los trece episodios avanzan en ordenada progresión hasta el clímax del final de la temporada.

El planteamiento resulta tan sencillo como atractivo: dos setentones, compañeros de negocios durante décadas, que dejan a sus respectivas mujeres para, tras veinte años viviéndolo en secreto, celebrar su amor ahora que por fin pueden casarse. La consecuencia, dos mujeres rotas que, a las puertas de la vejez, deberán aprender a vivir otra vez.

La normalidad con la que se trata el tema, dejando el romance homosexual en un segundo plano, pero analizando continuamente sus consecuencias, es muy bienvenida. Como también lo son las reflexiones que plantea sobre la amistad y la familia moderna.

Reflexiones que llegan sin gravedad y sin imposición, diluídas en la comedia. Porque a pesar del trasfondo que consigue remover, Grace and Frankie es, ante todo, una comedia indudablemente divertida. Y a ratos, especialmente cuando Lily Tomlin está en pantalla, muy divertida e inteligente. 

Es evidente que está lejos de la perfección, pero eso no es necesariamente una crítica. Quizá las elipsis sean por momentos un tanto caóticas y determinados aspectos interpretativos y de guión necesiten todavía una mayor definición. Pero, sin alcanzar altísimas cotas narrativas -a las que tampoco aspira-, avanza con paso más seguro que firme, sin tropiezos y sin decepciones, consiguiendo ofrecer bastante más de lo que prometía.

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