Crítica: "Jackie" (2016), de Pablo Larraín


Con 3 nominaciones a los Oscar 2017 incluyendo la de mejor actriz, Jackie narra los acontecimientos y días previos y posteriores al asesinato del presidente estadounidense J.F. Kennedy en noviembre de 1963, reconstruidos mediante diálogos en una entrevista a una Natalie Portman en el papel de la ex primera dama Jacquelin Kennedy. 

Todo el mundo conoce el caso del presidente Kennedy, cómo murió y lo que eso supuso para su país, por eso Larraín deja de lado en su trabajo esos detalles que hemos escuchado cientos de veces y nos muestra una cara más oculta de la historia: cómo vivió los acontecimientos su viuda, quien iba a su lado en el coche cuando le dispararon y quien pensaba que tras el asesinato de su marido no tendría dónde ir con sus dos hijos, Caroline y John Jr. 

El director chileno nos muestra en su película el renacimiento desde las cenizas de una mujer frágil y dependiente, que pensaba en la muerte tras el trágico suceso acaecido para poder acompañar a su difunto esposo, a una nueva más fuerte y decidida a ser quien tome las riendas de su vida, pues hasta entonces había estado siempre influenciada por las decisiones que tomaban los demás por ella.

Jackie es la protagonista indiscutible de la historia y la cámara se encarga de recordárnoslo constantemente sin alejarse mucho de la actriz que le da vida y siguiéndola allá donde se mueve. El uso de planos cortos, primeros planos y primerísimos planos también son recurrentes para acercarnos al personaje. Es en estos momentos donde la actuación de Natalie Portman alcanza sus puntos de mayor esplendor, consiguiendo que sintamos el dolor de Jackie en cada una de sus expresiones faciales, miradas y lágrimas (porque cuando piensas que ya lo has visto todo de la actriz de origen israelita y que no puede hacerlo mejor, siempre te sorprende). Cabe destacar un primer plano de la actriz llorando frente a un espejo mientras se limpia la sangre que le ha salpicado del disparo en la cabeza a Kennedy que pone los pelos de punta a cualquiera. 

Además de la maravillosa interpretación de Portman, la caracterización de los personajes y la ambientación de los espacios y los decorados, así como la narrativa de Larraín y su guion, consiguen hacer de esta película una buena representación de los que fueron los días más duros de la vida de la trigésima quinta primera dama de los Estados Unidos.

En resumidas cuentas, es un gran trabajo de un Pablo Larraín que se estrena en el cine inglés con este film íntimo, contado desde las emociones más profundas de sus personajes y que han sido las claves fundamentales de su éxito. 

Nota: 8/10

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