Crítica Nº2: ‘La Ciudad de las Estrellas. La La Land’ (2017) de Damien Chazelle


Cuando la crítica especializada empieza a lanzar alarmas de que algo bueno se está cocinando, las reacciones suelen ser un poco incrédulas. Sobrecogidos, esperamos hasta que llegue el momento en el que nos toque opinar a nosotros, viendo como festival a festival, la prensa sigue haciéndose eco. Maravillosa, espectacular, mágica. Eso decían de La La Land del director Damien Chazelle, que ya nos sorprendió muy gratamente con 'Whiplash'. Los nervios aumentaban cuando se acercaba la fecha de estreno. En Estados Unidos, un auténtico éxito. ¿Los Globos de Oro? Un paseo de la fama para ‘La Ciudad de las Estrellas’



Y llegó el día. Te sientas en tu butaca esperando una desilusión. Lo admito, pensé “no puede ser tan buena”. La pantalla fue a negro y, de pronto, ZAS, una oleada de color, de música, de sorpresas. Pura magia. Planos secuencia largos, sin cortes. Una obra maestra calculada al detalle, sin fallos, todo dispuesto para que el espectador se sorprenda. Sí, no pude evitar sonreír. Cuando vez una auténtica obra maestra, es lo que ocurre, te entregas completamente a lo que está sucediendo.

La historia tiene lugar en Los Ángeles, esa ciudad a la que emigran los actores con el sueño de llegar a alcanzar la fama. Mía (Emma Stone) trabaja en una cafetería de los estudios Warner Brothers, viendo desfilar a las estrellas que actúan en los platós de los alrededores. Casting a casting, Mía siente que todas sus expectativas se alejan, un sueño por el que dejó la universidad y al que se entregó en cuerpo y alma. Pero su oportunidad no llega. Irremediablemente, como si una fuerza de del destino los uniera, su camino se cruza con el de Sebastian (Ryan Gosling), un pianista que sueña con salvar al Jazz, al verdadero y puro Jazz. Sus sueños son distintos, pero están unidos por el deseo de que alguna vez logren realizarse. Todo parece planeado al milímetro, pero para que los sueños se cumplan, deben hacerse sacrificios. 

Chazelle ha conseguido transmitirnos magia, hablándonos de los sueños de una manera agridulce y real. La puesta en escena resulta un auténtico deleite de sensaciones. No esperas cómo se van a plasmar los acontecimientos, sorprendiendo a cada minuto. Bailes, música y la vida misma plasmada en celuloide. Chazelle tiene toda mi gratitud por sorprenderme con esta maravillosa película. Me arrepiento de haber dudado. 

El tándem Ryan Gosling y Emma Stone tiene un resultado maravilloso, se aprecia perfectamente esta química que mantienen y que ya apreciamos en sus otras películas juntos, ‘Crazy Stupid Love’ y ‘Gangster Squad’. Pero, en esta ocasión, el trabajo interpretativo ha sido un auténtico esfuerzo titánico que los ha llevado al límite una y otra vez. Cantar, bailar, tocar el piano y conseguir que nuestros sentimientos se conmuevan y se fusionen con los sucesos que tienen lugar en pantalla. Sin lugar a dudas, son merecedores de los premios que han conseguido y son una gran apuesta para los próximos Oscar. 

El personaje de Gosling, Sebastian, consigue enamorarnos al piano, su actitud chulesca y su pasión por el jazz. De Mía (Emma Stone) tenemos que hablar de cómo la esperanza se ve reflejada en sus ojos, así como el miedo diario al fracaso. Sebastian y Mía son únicos, atraídos irrefrenablemente por un sueño, el destino y una atracción inevitable. Te enamoras de ellos, de cada pequeño paso, de cada encuentro.'La Ciudad de las Estrellas' promete noches inolvidables. 

Una banda sonora maravillosa, una fotografía espectacular, un elenco de ensueño. Chazelle tenía todo pensado, tenía un sueño y lo ha cumplido. ‘La La Land’ es un sueño hecho realidad. Una mirada al pasado, a las películas de los años 50, cuando el cine se fusionaba con el baile. Hay mil guiños que nos recordarán a otros musicales, como ‘West Side Story’ o ‘Cantando Bajo la Lluvia’, pero sobre todo a esas figuras que marcaron una época, como Gene Kelly y Fred Astaire. Esa vista al pasado, esa nostalgia al cine con el que Hollywood nos deleitaba en aquellos años, se ha fusionado con un sueño de luces y color, con un tema real y humano. Nos ha sorprendido y no lo veíamos venir. Y encanta. 

Y lloré. Vaya si lloré. Lloré con ese cruce de miradas al pasado, al “y si las cosas hubieran sido de otra manera”. Lloré y sonreí. Porque Chazelle ha conseguido hablarnos de algo real, demasiado real, como que la vida planeada puede llegar a torcerse, pero que los sueños siempre prevalecen en nuestros corazones, siendo ese deseo que se esconderá para siempre en nuestra alma. Y bien, ¿hasta dónde eres capaz de llegar para cumplir tus sueños?

Nota: 10.

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