Crítica: “La Luz Entre los Océanos” (2016) de Derek Cianfrance



El aclamado director Derek Cianfrance (Blue Valentine) vuelve a retratar el lado más doloroso del amor en su último trabajo "La Luz Entre los Océanos" adaptación del Best Seller de  M. L. Stedman que lleva el mismo nombre. Cianfrance se trasladó a las costas australianas para narrar la historia de Thomas (Michael Fassbender), quien trabaja en el faro de la isla, e Isabel (Alicia Vikander), un matrimonio que decide criar como su hija a una niña abandonada en un bote; todo marcha muy bien hasta que, Hannah(Rachel Weisz), la madre biológica de la pequeña aparece y sentimientos que habían estado oprimidos por parte de la joven pareja salen a relucir y comienzan a ser estragos en la perfecta armonía que embargaba al matrimonio.

Os prometo que la sinopsis no revela ningún spoiler pues más allá de los hechos que acontecen en torno a las decisiones tomadas por la pareja protagonista, son los sentimientos que representan cada uno las claves para conectar con la historia. Y por supuesto es allí donde sus tres actores principales se lucen con complejas interpretaciones siendo lo más resaltante de la película. Alicia Vikander da vida a Isabel una mujer de buenas intenciones pero cegada por el egoísmo y la irracionalidad; Michael Fassbender está impecable, como siempre, dando vida a Thomas un hombre que se debate entre el amor a su esposa y el bien de las acciones, lidiar con la conciencia y los sentimientos de culpa y Rachel Weisz, cuyo personaje es menor pero aun así le permite a la británica dar una interpretación de lujo como Hannah, un personaje lleno de capas, emociones que van desde una mujer marcada por la desgracia pero que se mantiene en lucha por recuperar a su hija sin perder la razón.

Si resulta difícil conectar con el drama o las emociones probablemente "La Luz Entre los Oceanos" no sea tu tipo de película puesto que no teme apelar a los sentimientos como herramienta principal para narrar la historia. Cianfrance recurre en todo momento a la melancolía, desde la melodía compuesta por Alexandre Desplat hasta la fría fotografía de Adam Arkapaw que retrata las solitarias playas australianas como reflejo de lo que los personajes principales experimentan a lo largo de la cinta. Cada recurso funciona muy dentro de la historia que no decepciona si se toma en cuenta que la película es lo que quiere ser, una historia que conecta con el sentimentalismo en todo momento.

6/10

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