Review Westworld 1x10 – ‘La mente bicameral’

Sorprendente, único, inesperado. Así ha sido el final de temporada de Westworld, para la que ya hay confirmada una segunda temporada por lo que, sin lugar a dudas, la comunidad fan estará muy contenta por esta decisión. Si bien creíamos que tan solo se responderían algunas de nuestras intrigas, bien tenemos que decir que ya se han respondido a las más cruciales. Así pues, comencemos con la review del último capítulo de uno de los éxitos de la temporada. (SPOILERS).

Arnold fue el compañero de trabajo de Robert Ford, un hombre entregado a su trabajo y más desde la pérdida de su hijo Charlie. Dolores, su creación más perfeccionada, se había convertido en una auténtica hija para él, más allá de ser un experimento sobre el desarrollo de inteligencias artificiales. Mientras su investigación maduraba, su compañero Ford soñaba con crear un mundo en el que elaborar historias ficticias, donde las personas pudieran conocer su verdadero yo. Pero Arnold deseaba crear un viaje, un viaje al yo interior: El laberinto

La más cruda verdad también ha salido a la luz. Tal y como muchos sospechábamos, el Jinete Negro tiene una identidad que ya conocíamos: William. Durante la temporada, hemos visto el pasado del joven, qué le llevó a obsesionarse con Westworld y Dolores. Su fijación por la chica lo llevó a alcanzar los mayores límites de sí mismo, olvidando a su prometida, a su cuñado y su futuro en la empresa. Buscando a Dolores desesperadamente, su viaje finaliza donde empezó. Dolores, una inteligencia mucho más consciente que las demás y llena de libre albedrío, sigue siendo lo que es: una anfitriona. Al llegar al pueblo donde empezó todo, William observa a Dolores, que repite con otro visitante lo que fue su primer encuentro. Desde entonces, William es consciente de que todo fue una mentira, pero enamorado del parque, decide seguir explorando cada rincón, acudiendo a Dolores desesperadamente, a su dulce mentira. Su obsesión lo lleva a convertirse en el socio mayoritario de Westworld, buscando vivir una realidad plena pues, para William, no hay nada más real que Westworld, un mundo en el que decides explorar quién eres. Solo tiene un pequeño fallo: siempre ganarás en él. 

Dolores sufre al enterarse de esta realidad, sobre todo porque ella llegó a desarrollar verdaderos sentimientos por William y no ha podido olvidarlo. De hecho, todo esto forma parte de la base piramidal de la consciencia creada por Arnold: para que las inteligencias cobren consciencia, deben actuar, vivir en libre albedrío, sentir pérdidas y tomar decisiones. Todo esto los llevará a la consciencia. El laberinto fue un juego inventado por Arnold para Dolores, para explorar los niveles de consciencia hasta los cuales podía llegar, para comprobar si era real. Nunca fue una trama para los visitantes. Durante sus experimentos, tras comprobar hasta dónde era capaz de llegar Dolores, Arnold decide no apoyar a Robert para abrir Westworld. Sus interminables discusiones solo acaban con Arnold: decide suicidarse para volver a encontrarse con su hijo, pidiéndole a Dolores que sea ella quien apriete el gatillo. 

Por otro lado, el destino de Maeve no parece tener el libre albedrío que todos pensábamos. Si bien había llegado lejos, al consultar con Lowe sus datos queda patente que alguien ha alterado sus movimientos y ya han quedado escritos sus futuros actos. Esto tan solo altera aún más a Maeve, quien cree ser dueña de sí misma. Armando un auténtico caos en los laboratorios, todo parece ser una artimaña para acabar con la seguridad del parque, desviándolos de lo que ocurriría a continuación en la presentación de la nueva narrativa de Ford: ‘Viaje hacia la noche’. En ella, Teddy y Dolores son protagonistas, repitiendo lo acontecimientos sucedidos el último día de Arnold, cuya finalidad es dejar de sentirse atrapados en Westworld, gobernando el parque ellos mismos. Ese es su mundo, no el de los humanos. Westworld fue creado para ellos, no para los visitantes. 

La voz que escuchan los anfitriones no es la de sus creadores, no es la de ningún Dios, es la de ellos mismos. Como metáfora, Ford explica este hecho a través de la obra favorita de Arnold, ‘La Creación de Adán’ de Miguel Ángel. Haciendo referencia hacia el cerebro que forman los tejidos que envuelven a Dios en el cuadro, Ford enseña que la consciencia es la clave de un ser pensante. A través de la actualización de las ensoñaciones, Arnold pudo ayudar a las inteligencias a experimentar todos aquellos pasos que les lleva a tomar consciencia. Eso sí, no todas las inteligencias podían soportar ese nivel de presión, tan solo las más avanzadas, como Dolores. 

Así pues, la temporada finaliza con el comienzo de un gran caos. El parque nunca fue para ellos, sino un regalo para las inteligencias artificiales. Arnold nunca quiso que sus creaciones fueran utilizadas para beneficios de los humanos, pero Ford seguía soñando con ese gran mundo de ficción. Treinta y cinco años más tarde y tras una pérdida de poder inminente, Robert Ford decide que el tiempo de lo humanos en Westworld ha finalizado, dotando a las inteligencias de un mundo sin restricciones en el que no tienen por qué perder, tal y como deseaba William. Con Dolores completamente consciente de sus actos, la joven encabeza la rebelión contra los visitantes, a los que no temen asesinar. Su primer paso, concederle una petición a Ford: asesinarlo frente a todos los directivos de Westworld, acabando con los planes de Delos

William sonríe. Teddy observa temeroso a una nueva Dolores, quien le ha prometido un final feliz. Maeve vuelve sobre sus pasos en busca de su hija, sin poder negar ese ensueño en el que se encuentra. Robert Ford yace muerto en el suelo. “Los placeres violentos tienen finales violentos”. Llega una nueva era a Westworld. Llega la rebelión de las máquinas.



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