Crítica: "Hasta el último hombre" (2016), de Mel Gibson


Diez años sin una película de Mel Gibson son demasiados. El polémico director y actor no se ponía detrás de las cámaras desde que realizó la excelente “Apocalypto” en 2006. En este caso, Gibson lleva a la gran pantalla la historia de Desmond Doss, un héroe americano, que durante la segunda guerra mundial tuvo muy claros sus ideales: quería ayudar a su país y salvar todas las vidas posibles como médico de campaña, pero no tocaría una sola arma para lograrlo, lo que le acarrearía no pocos problemas en el ejército.

Mel Gibson podrá ser un racista, antisemita, violento y estar enemistado con medio Hollywood, pero es un pedazo de director como la copa de un pino y con “Hasta el último hombre” vuelve a demostrarlo. Le da empaque y carácter a una historia que podía haberse quedado en el mero telefilme barato y patriótico, convirtiéndola en una notable cinta bélica que, en mi opinión, no llega más lejos porque tiene dos mitades y cada una de ellas juega a una cosa. Durante esta primera mitad, conocemos al personaje de Desmond, sus convicciones y su vida previa a la guerra. Un fragmento que no nos muestra nada nuevo bajo el sol, pero que es un trámite que hay que pasar. Es cuando la tropa de Desmond llega al barranco de Hacksaw en Okinawa donde empieza la fiesta y Gibson saca toda la artillería, pasando la película a otro nivel con unas secuencias bélicas muy bien rodadas y con grandes momentos. Aunque la primera mitad no guste o no interese tanto (lo dicho, aunque la historia nos suene, es necesaria para asentar y conocer al personaje) merece la pena aguantar solo por el tramo de la guerra.


A la dirección de Gibson se suma una buena labor de ambientación y efectos especiales, así como una banda sonora que acompaña bien a la película. Gibson también ha conseguido que su reparto haga una buena labor: Andrew Garfield realiza una actuación bastante buena, el habitualmente anodino y olvidable Sam Worthington tiene aquí, probablemente, su mejor interpretación (no es que sea decir mucho, pero no por ello hay que dejar de decirlo) y Vince Vaughn es un buen secundario, alejado de sus habituales papeles cómicos (y donde a mí nunca me ha hecho gracia). Aunque en la parcela de secundarios, la mejor parte se la lleva un excelente Hugo Weaving. Quién sabe si de haber contado con un par de momentos más no le tendríamos ahora mismo en la terna por entrar en la categoría de mejor actor secundario.

Mel Gibson vuelve a la dirección una década después con una cinta bélica interesante y muy bien dirigida, especialmente en la parte de las escenas de guerra, que brillan especialmente, contrastando con su primera mitad, más tópica y olvidable, aunque distraída (está claro que parte de la historia le interesaba más al director) No supera a sus mejores cintas, pero prueba que Gibson debería prodigarse más detrás de las cámaras. Desde el punto de vista del espectador, se agradecería.


Nota: 7/10

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