Crítica: ‘Morgan’ (2016), de Luke Scott


Luke Scott entra en el mundo del largometraje con ‘Morgan’, un film sobre la creación de vida artificial por parte de una empresa privada. Sin embargo, este experimento en forma de niña está trayendo problemas, y una especialista es enviada al lugar secreto donde está escondida para decidir si el proyecto sigue siendo o no viable.


¿Qué es Morgan? No estamos seguros de qué es el personaje, pero en cuanto a la película se trata de una historia de suspense y ciencia ficción que transcurre de manera lenta y tranquila durante los primeros 60 minutos y que se revoluciona en la última media hora, que además a muchos les recuerda a Ex Machina.

Entre sus puntos fuertes destaca su gran encanto visual, buenas actuaciones como las de Kate Mara y Anya Taylor-Joy y su curioso mensaje final que logra darle la vuelta a la tortilla sobre quiénes son los buenos y quiénes los malos de la película. No obstante, su ambigüedad y radicalidad en algunos aspectos juegan en su contra y hacen que te preguntes qué es lo que acabas de ver cuando se encienden las luces del cine. 

En general 90 minutos entretenidos, aunque no aptos para sensibles, que dejan a Luke Scott como buen sucesor de su padre, Ridley Scott, además productor de la película.

Nota: 6,5/10

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