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Review Penny Dreadful 3x05- "This World Is Our Hell"

¡Hola amigos de lo paranormal! Vuelvo una semana más para haceros el análisis del que es ...




¡Hola amigos de lo paranormal! Vuelvo una semana más para haceros el análisis del que es el quinto capítulo de la tercera temporada de Penny Dreadful, con el que llegamos al ecuador de la trama y esa triste sensación de que el tiempo pasa volando. Para compensar el anterior episodio centrado en Vanessa y John, esta vez los guionistas nos avanzan las historias de Ethan y Víctor, algo estancadas hasta el momento, por lo que era necesario darles algo de vidilla aunque tengamos que sacrificarnos sin ver a nuestra querida Eva Green. Sin más dilación, ¡vamos a ello! 



(A partir de aquí, SPOILERS)




Poniéndonos rápidamente en situación, el panorama estaba tal que así; Ethan (Josh Hartnett) es perseguido por la ley mientras huye hacia una sentencia diferente acompañado por la aliada del mal (Hecate) que no le quita los ojos de encima, y a su vez, su padre apache y Malcolm (Timothy Dalton) intentan salvarle de su destino legal y moral. Relación paterno filial poco correspondida en este caso, ya que uno desea la protección de su “hijo” y el otro la muerte de su “padre” con sus propias manos (o dientes, esto va a gustos). Pero la batalla por el alma de Ethan la estaba ganando Hecate, sin duda, pegada a él como una encantadora lapa, la muchacha no desaprovechaba oportunidad para atraer al lobito hacia el lado oscuro, y no lo tiene difícil, porque ya le vemos bastante quemado con la situación, y no es para menos, le esperan condenas en todos los sitios que ha pisado (literalmente). Poco a poco, él y ella, comienzan a intimar en pleno desierto, con su paisaje angosto y su sequía extrema. Y tengo que reconocer que la chica me ha ganado cuando profesa su amor por los animales y su odio a los humanos, algo que también ha encandilado a Ethan, por la parte lobezna que le toca. En esta atmósfera tan íntima salen a relucir sus traumas parentales, la una porque fue entregada a Lucifer en cuerpo (sobre todo) y alma por su propia madre y el otro porque mató por primera vez en forma humana para que su padre se sintiera orgulloso de él perteneciendo al ejército. Aquí descubrimos algo muy interesante, y es que su deuda con ambos padres no fue como lobo (que es lo que yo pensé en un primer momento), si no como hombre (empezó pronto y fuerte), conflicto moral que fue saldado continuando en el ejército como penitencia y entregando a su familia sanguínea en bandeja de plata a los apaches que lo habían acogido (aquí cada cual más sufridor). Finalmente, Ethan sucumbe a los ruegos de Hecate, cosa que quizás se veía venir, pero tengo que reconocer que esperaba algo más de resistencia por parte de éste. Todo esto desencadena la salida de grandes serpientes a través de la arena tras un macabro ritual al estilo Satanás, derechitas a los aguaciles que estaban disfrutando de un plácido sueño. Ethan y Hecate, ¿la nueva pareja del mal? Que se pongan las pilas Dorian y Lily, avisados quedan. 







Por su parte, nuestro amigo apache, ya había rebanado alguna que otra garganta en el más absoluto silencio (en paralelismo a cómo murió su familia a manos del hombre que ahora está salvando, ironías de la vida) antes de que llegaran las bestias del infierno, finalmente se lleva una mordida de regalo que lo sentenciará para el resto del capítulo. El caso es que Ethan, directa o indirectamente, va dejando cadáveres a su paso como si no hubiera un mañana, y sí, me compadezco, sus hilos han sido manejados por otras personas y el contexto no le es favorable, pero tengo que confesar que entiendo la postura del obsesionado inspector empeñado en darle caza, las cosas como son. La peripecia continúa y la sed se hace un problema cuando no te queda una gota de agua, mucha criatura de Dios y Lucifer... pero iban a morir por deshidratación como todo hijo de vecino, que digo yo, si pueden convocar serpientes en el desierto, un charquito de agua es cosa fácil ¿no? ¡Los poderes de hoy en día no están preparados con los primeros auxilios! 



Y si cabía alguna duda de la decisión tomada por Ethan, el chico ya nos lo explica para que nos quede clarito. Está cansado, sin más. De las decisiones que tomó y de las que tomaron por él, de las masacres que cometió y sigue cometiendo, un camino de culpa y remordimientos que no es capaz de soportar más tiempo (todo esto acelerado por la lengua viperina de Hecate, por supuesto). Quiere sangre y venganza, matar a su padre apache que le engañó y asesinó a su familia y reírse mientras tanto (pobre Ethan, lo estamos perdiendo). Por ahora, sudar la poca agua que te queda en el cuerpo teniendo sexo con Hecate es lo único que se puede hacer, touché. Y cuando están a punto de irse al otro mundo (al infierno, quizás), se produce el esperado reencuentro con Malcolm (¡por fin!). Y éste se da tanta cuenta como nosotros de que el Lobo de Dios se ha cambiado de bando. Ethan apuntando a Malcolm para defender a Hecate, tengo que reconocerlo, me ha impactado, después de todo lo que han pasado juntos… muy mal debe de estar el chico a estas alturas (y que Hecate le ha dado lo que necesitaba, en todos los sentidos, ya me entendéis). Pero la guinda del pastel es colocada cuando los hombres de su padre biológico llegan al lugar para llevarse a todos hasta su patrón, la pregunta es clara… ¿qué hacemos con el apache? La respuesta del hijo es escueta, dejarle ahí tirado para que se muera solo. Oscuros tiempos se avecinan, y no lo digo yo, si no la visión que tuvo el ya sentenciado hombrecillo y que ha compartido con Malcolm, que ahora tiene que cargar con la certeza de que las calles se teñirán de rojo mientras las criaturas del mal devoran a la gente de a pie y que Ethan estará en medio de todo sin saber aún qué papel tendrá (aunque creo que todos intuimos que si alguien lleva alma de héroe aquí, es él). 







Asentados todos en la propiedad de la familia Talbot, por fin ponemos cara al patriarca del lugar, y asistimos a otro reencuentro padre e hijo (será por figuras paternales en esta serie). Mención especial al guiño de las (grimosas) muñecas colocadas en la cama de Hecate, una no puede evitar viajar al pasado con aquellas marionetas del mal. Uno de los momentos que más me han gustado del capítulo ha sido la batalla dialéctica entre mr. Talbot y Malcolm, no deja de sorprenderme la evolución de este último a lo largo de toda la serie, dando consejos paternales y de vida a raíz de sus fallos cometidos (¡como hemos cambiado! Como dirían Presuntos Implicados). Aun así, el patriarca se empeña en decir que ellos dos son imágenes idénticas, quizás en un tiempo pasado fuera verdad, pero Malcolm ya no es el que era, y a pesar de ello, debe aguantar el golpe bajo de este señor cuando le recuerda que no le quedan hijos vivos a los que salvar, así se las gasta, educación ante todo. 



Las visiones no son muy esperanzadoras, juzgad vosotros mismos


La cuestión aquí es que todos quieren jugar con el alma de Ethan (qué valioso debe ser). Mientras Hecate le da órdenes malignas (que implican sangre y colmillos), su padre pretende salvarle a través de la terapia de choque, rememorando la tragedia de aquella fatídica noche, cuando los apaches “amigos” de Ethan masacraron a su tribu traicionando la promesa que le hicieron de “no violencia”. Mataron a su hermano, hermana y madre, todo ello en frente de su padre, ahí es nada (podemos entender la frustración del hombrecillo, que ha preservado el escenario del crimen tal cual lo dejaron para poder llegar a este momento revelador). Una guerra racial que pilló a Ethan en medio de ambos clanes, unas muertes horribles (por decirlo suave) que te hacen comprender por qué el chico está como está. Así, su dolido padre quiere ver al hijo prodigo arrodillado y arrepentido ante él, o si no, bala en pecho (categóricos estamos). Y como digo, podemos entender ambas partes, está claro, pero Ethan está demasiado frustrado para un ultimátum moral de este calibre, se ha creído que el mal está en él, que pertenece a la oscuridad, que ésta le otorgará la paz que la luz no le ha dado… la pistola se prepara y… fin del capítulo. ¿Qué pasará finalmente? Sabemos que Ethan no muere, pero… ¿está su padre a salvo de sus garras? Será interesante descubrir hasta qué punto está envenenado nuestro pistolero.





No podía macharme sin dedicarle unas palabras a la trama de Víctor (Harry Treadaway), con algo de menos peso en este capítulo pero que va dando pasitos hacia su meta (la cual, aún no acabo de verle el sentido). Nuestro Frankie se cree un gurú de la paz y la armonía del ser humano a base de descargar eléctricas cerebrales (lo que se hace por amor), y todo a un módico precio; perder tus recuerdos, porque el paciente se despierta en perfecto estado y más pacifista que el símbolo de la Paz, pero no se acuerda de nada (this is working amigos, aunque aún no me queda claro si para bien o para mal). Me suena demasiado a lo que intentaron hacer con el cerebro de Vanessa en su día (y no pinta bien). Lo curioso de todo este asunto es que él no se sometería a su propio tratamiento, no querría olvidar lo malo que le ha pasado o las atrocidades que ha cometido, no quiere dejar de ser él. Pero a Lily (Billie Piper) sí pretende someterla a ello, por el bien de la humanidad y (sobre todo) de él mismo, porque antes “era perfecta” y ahora… (sí, una psicópata querido Víctor). Lo que sus ojos no ven y su corazón no entiende es que está intentado hacer algo contra lo que su amada está luchando, algo que hicieron con ella en vida y que ha marcado su misión en la muerte… el sometimiento masculino. No quiere que la usen, no quiere ser propiedad de nadie, no quiere ser manipulada. Pero parece que este mensaje no es captado por Frankie, y ambos ex amantes continúan moviéndose en dos extremos opuestos que pueden traer mucha desgracia. ¿Realmente debemos culpar al chico de seguir enamorado de su primer y único amor? Ella fue su primera vez, su iniciación a la aventura romántica, su primer todo. Tiene esa locura de amor, ¿qué le hacemos? Yo propongo una solución, y es que como dije en una review pasada, yo veo a Herny más que dispuesto a la causa sentimental con el sufridor Víctor, ahí lo dejo (¿qué opináis? ¿Me estoy volviendo loca? ¿Necesito uno de esos tratamientos cerebrales?)





¡Y hasta aquí el análisis de esta semana! Capítulo algo más flojo respecto a los anteriores, pero necesario para introducir y encaminar ciertas tramas que se habían quedado algo estancadas, a partir de aquí, sólo puede ir hacia arriba. 

¡Hasta la semana que viene cómplices del mal!





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