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Review Penny Dreadful 3x04- "A Blade of Grass"

¡Hola amigos de lo paranormal! Os traigo una vez más el análisis de uno de los mejores capí...




¡Hola amigos de lo paranormal! Os traigo una vez más el análisis de uno de los mejores capítulos de lo que llevamos de tercera temporada de Penny Dreadful, esa serie que nos enamoró a primera vista y que lo sigue haciendo semana tras semana. Y no es para menos, esta vez, cargando el peso de casi una hora de episodio, Eva Green y Rory Kinnear, nos llevan de la mano hacia un viaje emocional y espiritual que nos deja los sentimientos atascados en la garganta, un baile interpretativo donde ambos consiguen ponernos los pelos de punta. Sin duda, uno de mis capítulos favoritos de la serie al completo. ¡Seguidme en este camino en el que profundizaremos aún más!



(A partir de aquí, SPOILERS)




Tal y como terminó el capítulo anterior, los espectadores viajamos a través del tiempo para detenernos en la época en la que Vanessa (Eva Green) estaba internalizada en la clínica Banning, encerrada en aquella habitación inmaculada (y nada ventilada), pasando un infierno (físico y mental) para poder llegar a ser una persona “normal” (odiaré esta palabra eternamente). Los acontecimientos los vivimos en tiempo real ya que Vanessa se queda atrapada en sus recuerdos sin poder despertar del trance (y nosotros con ella), en un coma inducido por ella misma hasta completar su misión. Pronto descubrimos que la única compañía que tenía en aquel (fantástico) lugar es la versión humana de (mi) querido John Clare (Rory Kinnear) (cuyo nombre real aún no sabemos y quizás sea un misterio para el resto de nuestros días), el cual, le traía la comida (entre otras cosas) que no probaba (y no la culpo, decir rancia es quedarse corto). Lo de Eva Green interpretando a Vanessa en constante movimiento hacia los extremos es impresionante (y sus uñas, también), no queda otra que rendirse ante ella y maravillarnos todos. Aunque digno de asombro es John, porque hay que tenerlos bien puestos para atreverse a entrar en el hábitat de Vane en el estado en el que se encontraba, quedarse un ratito con ella y no sólo eso, va más lejos y establece una lucha jerárquica entre dar la comida o ir a por ella. Finalmente “one point” para el que será la Criatura tiempo después, porque Vanessa acaba tragando la comida a la fuerza con unos métodos nada delicados (lástima que la nutrición enteral aún estuviera desarrollándose en aquella época).






Durante el capítulo hacemos repaso de los abusos y las malas condiciones en las que vivió Vanessa en aquella institución, algo que John veía y que finalmente conmovió ese corazón que por entonces sí latía. Y es que el nivel de intimidad entre ambos no era poco (y eso que las reglas lo prohibían); le daba de comer, le limpiaba el habitáculo, recogía sus necesidades, la peinaba y sobre todo… representaba la única compañía humana que tenía para compensar los demonios del interior de su mente. Aquí ya podíamos intuir la naturaleza humana que tenía “La Criatura”, y sorprendentemente, la que aún sigue teniendo en constante lucha interna con su parte creada tras la muerte, fría y despiadada. Porque él era cándido, generoso y amable, dispuesto a decir las palabras que pudieran ayudar a Vanessa en ese momento y… ¿acaso no lo ha seguido haciendo en su vida como experimento científico? (De esa ciencia que él tanto quiso defender y de la que fue parte experimental posteriormente). Si hay un personaje que toque mi fibra sensible, ese es John, exceptuando las ocasiones en las que los demonios lo poseían, ahí no me daba muy buen rollo, estamos de acuerdo. Entre medias de todo esto, se lleva unos cuantos arañazos en la cara por parte de su paciente, que bien utilizaron en la promo de este capítulo para meternos el miedo en el cuerpo y pensar que Vanessa podría haber sido la causante de su muerte. En realidad, se contuvo bastante nuestra Vane. 








Al margen de ellos dos, necesito hacer un inciso para mencionar a la doctora Seward (Patti LuPone), porque no pude evitar emocionarme con el momento médico-paciente, cruzando esa línea invisible y entrando en su mente, para darle ese cariño y apoyo que Vanessa necesitaba, es como si de pronto, Joan y ella fueran dos en una, ayudándola a descubrir una vez más, el camino de vuelta a casa. 



Progresivamente, aquel celador sin nombre para Vanessa, iba cuidándola cada vez más, con esa delicadeza natural, e inevitablemente, ella le cambió, cambió la manera de ver ciertas cosas en las que él había creído o hecho oídos sordos, justificándose ante ella sabiendo que él era partícipe de todo lo que allí ocurría. Y sin duda, debemos hablar del momento “maquillaje”, porque quizás es que yo soy una sensiblera, pero las lágrimas salían solas cuando él reconstruye la esencia de ella, cuando le recuerda su identidad y se la devuelve haciendo visible lo que ella es por dentro a través de la poesía, su compañía y la esperanza. Qué decir de dos mis personajes favoritos de esta serie, sin palabras (al menos las mías), sí las de John: “Lo siento, un día no muy lejano, nadie la tocará cuando no quiera ser tocada. Ni la maquillarán, ni la desmaquillarán. Nunca, nunca jamás”. Sublime. Llegados a este puto, y en un acto de desesperación y de necesidad de contacto humano y varonil, Vanessa y John protagonizan un momento sentimental y físico, manifestación de su conexión emocional, y yo con la respiración contenida (como estaba él) ante la imagen. “Debería haber muerto virgen”, dice ella, y no puedes evitar pensar el alto precio que ha pagado por esta palabra; sexo (todo te viene difícil, Vane, mujer sufridora hasta en el placer). 







Y entonces, nos vamos acercando a la meta de este capítulo, y es que Vanessa sepa el nombre del villano de esta temporada que nosotros ya tenemos el gusto de conocer. Iremos por partes, como dijo Jack el Destripador (lo tenía que decir). Primero aparece Lucifer (éste se apunta a un bombardeo, como Dorian), con una forma peculiar y bastante creepy de seducir a una mujer, con restregamiento por el suelo incluido (aunque está muy limpio, por eso no hay problema). Serpientes por aquí y siseos por allá, un nuevo y maravilloso pretendiente se une a la fiesta, misma forma (John), diferentes ojos, dos hombres con un mismo destino (también tenía que decirlo, me tenéis que perdonar). Nuestro querido Drácula, qué cosas de la vida y el destino, también está enamorado de Vane (eso de que atrae a los chicos malos es un eufemismo para ella). Y entonces, como buena táctica de ligue que se precie, inician un debate entre lo carnal y lo espiritual, vendiéndose ante ella, como dos buenos partidos que son, sí señor (nunca mejor dicho). Y cómo no, en estos casos, también hay que recurrir al chantaje emocional, si no, no eres un buen aspirante. Y de paso, añadimos unos tocamientos impuros bien dirigidos para retener aún más a tu presa, y finalmente… la palabra clave para que la burbuja erótica, sensual y magnética explote: Drácula (¡haberlo dicho antes, majo!) Y de conquistar pasamos directamente a las amenazas (sutileza máxima), ellos no se cortan, pero deberían, porque nuestra Vane, recurriendo a la luz que hay en ella y a la vez, a su lado más oscuro, consigue levitar y proferir palabras que no entendemos pero que ya deben ser chungas para que los hombres del mal retrocedan. ¡Qué sufridora y fuerte es esta mujer! ¡Meteros con ella, va!






Y las lágrimas vuelven cuando John (mi querido John), no puede soportar ver a Vanessa allí, haciendo una metáfora con lugares fríos y solitarios. La quiere y eso le ha cambiado por dentro (y es precisamente esto lo que Vanessa hace con la gente, porque ella es única). 

Finalmente, el coma se revierte y Vanessa se despierta, acordándose de todo; “Su nombre es Drácula”, ese era el objetivo, pero no ha sido lo más importante de este capítulo. Porque nos hemos dado cuenta de que dos almas, que ya se encontraron en el pasado, han vuelto a hacerlo tras la muerte y conectando al mismo nivel o más. Cuando se vieron por primera vez tras la resurrección de él, nosotros aún no sabíamos que se estaba produciendo un reencuentro entre dos amigos vinculados por unos sentimientos tan fuertes, no pudimos saborear ese instante como lo que fue. Para nosotros, “el reencuentro” ha sido en este episodio, dos seres humanos, uno lleno de luz y bondad, que era lo que el otro necesitaba en ese momento exacto. Nos queda aún la duda de cómo murió John y si Vanessa tuvo algo que ver, supongo que da para entrega a parte. 





En resumen, un capítulo magistral, con dos actores a un nivel exagerado y como siempre (y no puedo olvidarme), hacer mención a la maravillosa banda sonora de esta serie que consigue atraparte y arrancarte las emociones, sin más. 


¡Hasta el próximo episodio cómplices del mal!




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