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Review Peaky Blinders- Episodio 4 ¡Los planes se complican!

¡Hola amigos de los gánsteres! Una semana más vuelvo para traeros el análisis de otro capítulo d...


¡Hola amigos de los gánsteres! Una semana más vuelvo para traeros el análisis de otro capítulo de nuestra adorada y alabada Peaky Blinders, ¡larga vida! Y de momento, nuestros deseos se han hecho realidad, porque si aún no lo sabíais, ha sido renovada ¡por dos temporadas más! Al ritmo al que van sacando las entregas, podemos decir que tenemos cubiertos los próximos cuatro años de nuestra vida, que serán más de espera que de diversión, pero como sabemos, merece la pena. Volviendo al asunto que nos ocupa, capítulo movidito, feminista y caldeado, todo junto y revuelto. ¡Seguidme para profundizar más en los asuntillos de la familia Shelby!



(A partir de aquí, SPOILERS)




Esta vez tenemos un comienzo animado, porque los “machos” de la familia se van de caza, como buena acción de hombres, y ojo con esto, porque las féminas de la serie están algo revolucionadas. Aun así, las malas noticias vuelan, y nos enteramos que Shelby padre ha muerto, que digo yo… ¿se puede considerar algo terrible? (sí, estoy frivolizando con un fallecimiento, a este punto hemos llegado, me tenéis que perdonar). La respuesta para sus hijos en teoría es clara, y si ellos se llenan la barriga y escupen al fuego en su honor… ¿quiénes somos nosotros para contradecirles? Además, hay cosas más importantes y urgentes (no lo digo yo, preguntadle a Tommy –Cillian Murphy-), como por ejemplo, “el robo del siglo”, así, tal cual. Y es que en principio te piensas que siguen dándole vueltas y vueltas al tema de los rusos y el trabajillo que les han encomendado tan “amablemente”, nada más lejos de la realidad. La escena era tan bucólica que ya olía mal y aún no habían empezado (ya lo decía aquel pobre hombre… ¡no hay que matar a los ciervos!)... los muchachos en círculo, hablando del futuro legal que tenían por delante, de acabar con los trapos sucios por fin, y ¡oye!, todo por las promesas hechas a sus mujeres (vivas y difuntas), ¡qué románticos y clasistas estos chicos! Lo gracioso era ver a Arthur (Paul Anderson) en primera fila apoyando la moción, sumiso como el que más. 




En una línea paralela, las susodichas mujeres de los susodichos hombretones, estaban a la mínima de sobrecargarse y pegar un chispazo. Mientras ellos pasaban un buen rato campestre en día festivo, a ellas les tocaba currar, como bien grita Esme (la mujer de John –Joe Cole-), que por fin saca las uñas y se revela contra el sistema (luego la ves consumiendo polvito blanco con la barriga de embarazada y se te va la cabeza a otras cosas). Descubrimos que la secretaria de los Shelby (y ex de John) vuelve a tener relaciones sexuales de caridad con Tommy, a la pobre no le queda otra, novio que se echa, novio que acaba con la cara hecha un cristo. “¡No es justo!”, grita Esme con la nariz blanca, bueno, razón no le falta, esa es la verdad. Y si tenemos que hablar de Polly (Helen McCrory), ¡con la Iglesia hemos topado de nuevo! La mujer entra en casa de Dios dando órdenes, es lo suyo. Y es que en esta temporada todo el mundo oye las voces de los muertos, el momento “Don't fuck with the Peaky Blinders!” nos viene a la mente porque nos enteramos de que Poll tiene remordimientos por haber matado al tan odiado inspector Campbell (Sam Neill) (tiene que dar guerra hasta en la muerte). Y aquí es donde tenemos uno de los fallos garrafales en todo el plan maestro, porque ser la mano derecha de Tommy Shelby no es fácil ni gratis, y los remordimientos pesan más de lo que el cuerpo aguanta, y Poll le confiesa al sacerdote de guardia que deben matar a un compañero de su profesión, ¿¡a quién se le ocurre?! ¿Se está cansando Polly? Todos sabíamos que esto era lapidario, ¿verdad? (ya volveremos a este punto, sigamos el orden de los hechos, que los platos fuertes siempre van al final). 





Con todo este panorama, sólo faltaba un detonante que hiciera estallar todos los ánimos por los aires, ¿quién es la encargada de subir la tensión en todo este asunto? ¡Sí! ¡Linda! (por fin recuerdo el nombre de la buena samaritana, ¡aleluya!) Que aparece en el trabajo de su marido (¡ojo! “trabajo ilegal pero no inmoral”, perdonadme, no he podido evitar reírme por su ingenuidad, vamos a recordar por un momento a Arthur asesinando gente a base de puñetazos) ofreciendo té y sándwiches (aunque a Esme le van otras cosas, ya me entendéis), la palabra de Dios y… ¡huelga y manifestación! (por una buena causa, el Señor está con ellas). Las mujeres se están sublevando por fin al trato recibido por la sociedad y luchan por un trabajo digno, ese día el chiringuito cierra sus puertas (pese a la indignación varonil que hacía cola fuera, lo sentimos, las chicas están defendiendo sus derechos por hoy). Y ojito con Linda, además de plantarle cara a Tommy en asuntos de negocios y tener a Arthur a las puertas de lo divino… ¿esconde algo más? Cuidadito aquí porque Arthur tiene la lengua muy larga con su mujer, y no literalmente (que os conozco). 





Y parémonos un momento a hablar del más puro salseo, no porque me apetezca (que también), sino porque la serie así lo ha querido, y oye, yo me dejo llevar. Resulta que la rusita (aka Tatiana) (Gaite Jansen) se presenta en la casa (caserón) de Tommy para continuar el coqueteo mercantil. Y ya sabemos que éste para las cuestiones del ligue, no tiene parangón, decir que te has ido de caza y has dado la comida sobrante a los pobres es una buena baza, aunque luego lo finiquites con meter balas en caras de curas ajenos (detalles sin importancia). Y si como guinda, le pinchas la rueda del coche a la chica para que no pueda salir huyendo de tu casa, te la ganas seguro. Todo este “tonteo” y tentación ya empezaba a tener una mezcla entre verdad y negocio, él lo sabía y ella (que ha sido mandada por su tía como mercancía sensual), también. Pero no nos andemos con rodeos, el trabajo es el trabajo, y ya semidesnudos en la cama, ven una buena ocasión para empezar a conocerse, deberíamos aprender todos de esto, sin duda. Pero entonces… la locura máxima se apodera de Tatiana, decir que la rusa está como una cabra es quedarse un pelín corto, porque oye, hay gente que se siente viva viajando, con nieve blanca (véase Esme), teniendo hijos (aún me cuesta pensar en Arthur con este asunto)… pero aquí la señorita se lo pasa en grande apuntándose en la cabeza con una pistola y probando suerte, cada loco con su tema ¿me entendéis? Que a Tommy lo que le preocupa son las paredes y que no se manchen de sesos y que la criada no le vea las tetas a la rusa (perfectas, todo hay que decirlo). ¡Y cuidado! Que la señora parece molesta por tener que irse a la cama a descansar y no estar desvelada toda la noche… si es que tiran más dos… La cuestión es que todo esto a Tommy le ha activado de alguna manera aunque aún no lo quiera reconocer (o no tenga tiempo de darse cuenta, pobre). Y mientras tanto, Grace (Annabelle Wallis) le miraba en cuadro y espíritu presentes. Y por fin se acaban liando (aunque me lo esperaba más pasional, he de decir), este hombre va a chica por temporada, no falla (aunque esto es por trabajo… ¿verdad?). 





Y ahora es cuando nos metemos en los asuntos más serios y turbios. Para empezar, ¡sorpresa! Resulta que “el robo del siglo” no es el que nos imaginábamos, el evidente y preparado hasta ahora, no, no, no… nuestro querido Tommy, que los tiene bien puestos (¿hasta cuándo?) ¡ha preparado un golpe paralelo a la propia casa de sus socios los rusos! Porque precavido él, ha presupuesto (y acertadamente) que éstos no le iban a pagar un duro (libras, en este caso). Esto ya se complicaba demasiado, hasta llegar al drama total cuando nos volvemos a topar con la Santa Iglesia, porque no os lo perdáis, después de un secuestro algo violento podríamos decir, resulta que el (cansino) cura es un agente doble de los “malos” (o sección D, si queremos ser formales), ¿cómo nos quedamos? Pues más mareados que Tommy tras la paliza que recibe (y ya es decir). Pero nada, unos cuantos golpes por aquí, una amenaza al churumbel por allá (y todo esto, con el hábito puesto, lo que hay que ver), unas disculpas públicas y todos tan contentos, ahí es nada (y todo es culpa del –maldito- zafiro, ¡cuidado!). Volvemos a terminar con una cena a lo ruso (en la que ya es costumbre que Tommy no pruebe bocado), y con una relación Shelby/clero que está que arde y esta vez, literalmente, porque Tommy está hecho un mar de sudor mientras emite su arrepentimiento y amor divino al cura (esto no lo arreglaba ya ni la sustancia química que se había metido antes de llegar). 




Finalmente, tras dejar la cena sin ésta haber servido un solo plato y con cráneo abierto incluido, consigue contactar con los soviéticos y delatar a su amigo el sacerdote, la única baza que le queda si quiere que su familia no acabe en una caja de madera de pino. ¡Ay, Polly! La que has liado, maja. Y es que el cometido real de todo este panorama era crear malos rollos entre los británicos y los soviéticos para que rompieran lazos diplomáticos y posteriormente, cargarse a Tommy, sin más. “El robo era un cebo”, dice éste… ¿dónde te has metido? En el fango, como mínimo. Pero ya sabemos, él hará todo lo que esté en su mano por y para su familia, tema central de esta serie desde los inicios, incluso para aquella parte del árbol genealógico que no se ha portado bien, porque puestos a oír a tu mujer muerta (estando cuerdo), ¿por qué no ver a tu padre fallecido cuando tienes la cabeza abierta y el cerebro sangrando? 




Nota pequeña y menos importante que las anteriores: pues sí amigos, me he dado por vencida, a falta de dos capítulos para el final de esta temporada, he aceptado que Tom Hardy saldrá en las entregas que faltan y nada más, una pena, se la ha echado de menos. 

¡Y esto es todo! ¡Hasta la semana que viene, aliados de la mafia! 







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