Crítica de Cine: Especial Verano de los 90s: "Independence Day" (1996), de Roland Emmerich



La madre de todas las invasiones monumentales extraterrestres, y la precursora de toda una corriente de superproducción que vino después.

Hablar de 'Independence Day' es hablar de una película tan ridículamente encantada de haberse conocido que cualquier crítica en contra cae por su propio peso.
Y no es estúpida, ojo, es solo que prefiere pasárselo bien antes que apelar a cualquier tipo de catástrofe real.

Pero sin duda, lo que más se podría alabar de ella es su intento por hacer de los extraterrestres, criaturas mil veces vistas por entonces, casi siempre comprensivas y malentendidas, y siempre a bordo de platillos de un tamaño razonable, unos auténticos invasores terroríficos con aires de plaga imparable.
No solo son una mente colmena terrorífica e insectoide, también tienen unos platillos monumentales del tamaño de ciudades enteras, que de nuevo iniciaron ese miedo a lo desconocido del espacio en la mente de miles espectadores. Solo pensar que el espacio vasto e inexplorado pudiera tener semejantes máquinas ocultas.




Por seguir sumando, un Will Smith en pleno auge de carisma, en equipo con el Jeff Goldblum más "jeffgoldblumniano" que se ha visto, y un presidente piloto de cazas. Y casi que se agradece que no haya que poner a la típica cara adolescente que venda la historia.
Aquí todos son magníficos padres de familia, que se encuentran con sus fuertes esposas, mientras les dicen a sus hijos lo glorioso que es ser americano del mundo el 4 de julio.



La clase de chiste tan cerca de la parodia que consigue caer bien.

Nota: 7/10

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