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Review Penny Dreadful 3x03- "Good and Evil Braided Be"

¡Hola amigos de lo poéticamente estremecedor! Una semana más os traigo el análisis de l...






¡Hola amigos de lo poéticamente estremecedor! Una semana más os traigo el análisis de la nueva entrega de Penny Dreadful, esa serie en el límite del bien y del mal (como cantaría La Frontera). Nos seguimos maravillando con sus escenarios y su fotografía, ya sabemos que es una de las marcas de esta ficción, ¡y nosotros tan contentos! Y algo que siempre es constante en cada capítulo, es el desarrollo emocional de los personajes, dedicado esta vez a la bestia y el ángel que todos tenemos en nuestro interior, pero… ¿Cuál de ellos queremos sacar a pasear? ¿Puede haber un equilibrio entre ambos? ¡Seguidme y lo intentaremos averiguar!



(A partir de aquí, SPOILERS)




Podríamos empezar con la aventura americana de Ethan (Josh Hartnett), que si bien es interesante como planteamiento, es cierto que avanza a cuenta gotas y no sabemos demasiado al respecto. Y es que si este chico no tuviera suficiente con aguantarse a sí mismo, ahora su padre adoptivo es capaz de meterse en su cabeza mientras duerme, todo muy creepy. No suficiente con ver el mundo color de rojo, debe “cargar” con Hecate (Sarah Greene) como acompañante femenina en su viaje hacia el martirio personal, el caso es que la chica está de un servicial que echa para atrás; ¡incluso le ofrece agua al despertar!, pero oye, así puede limpiarse los restos de sangre en los colmillos de la cena de la noche (que fue copiosa, ya me entendéis). A pesar de todo, Ethan no se anda con rodeos y le declara su odio eterno, aunque decide mantenerla cerquita, no vaya a ser que tenga un motivo oculto por el que le esté acosando y se lo acabe perdiendo. Pero vaya, que las intenciones no eran muy encriptadas, primera lección: cómo matar a sangre fría sin la excusa de las transformaciones paranormales. Porque como era de esperar, la chiquilla (que de inocente, poco), quiere ir hacia la oscuridad con su lobo y dominar el mundo bailando en charcos de sangre, muy romántico según quién lo mire. Aunque no es muy lista, no puedes nombrar a Venessa (Eva Green) en plena conquista, ¡por ahí no! ¿Cuánto durará la voluntad noble de Ethan? ¿Cuándo empezará a pesarle demasiado la ristra de cadáveres que deja a su paso? ¿Podrá Malcolm (Timothy Dalton) salvarle de convertirse en el Lobo del Diablo?





Muchas incógnitas poco resueltas para el personaje de Ethan, muy ligado al de Malcolm, que arrastrado por papi Apache, necesita alguna respuesta que de sentido a su viaje. ¡Y con la palabra “elegido” hemos topado! No sabemos por qué, no sabemos cómo, incluso no sabemos si es verdad... Pero la teoría dice que Ethan es El Elegido, que tendrá que salvar el mundo. Y yo digo, como no se den prisa, no habrá nada que proteger, ya se los habrá comido antes.





La trama de Víctor (Harry Treadaway) en este episodio apenas ha avanzado, sabemos que la droga que Henry fabrica sólo dura unas horas, un pequeño/gran inconveniente si el objetivo es recuperar a tu novia muerta y algo tocada de los callos. Esto parece desquiciar más a Henry, que tiene un momento de crisis existencial que en verdad, da un poco de mala espina, ahí lo dejo. Sorprendentemente el sobrio y cuerdo esta vez es Víctor, que está seguro de que puede modificar la sustancia para que dure eternamente y así poder convertir a su querida Lily (Billie Piper) en un ángel (y esto es literal, de su propia boca, que no lo digo yo), de hecho, sueña con un harén de personitas angelicales (¡ángeles everywhere!). No podemos negar que el chico cree que en las utopías (aunque veo venir un baño de realidad importante, y tocará sufrir con él). 




Y una de las personitas que ya necesitaba ver y que eché de menos en el capítulo anterior, es mi querido, sufridor y bello John Clare (Rory Kinnear). El primogénito de Víctor está teniendo flashes de lo que fue su vida pasada, unas imágenes muy cálidas en contraste con lo que él es ahora (y que la serie sabe transmitir muy bien), una vida familiar con su esposa e hijo, que un día tuvo y que perdió por el camino. Y aquí viene uno de los momentos más esperados para mí, en donde las emociones ya estaban a punto de aflorar pero que un gatillazo me las evaporó en un momento, porque John ve a Vanessa, su rostro se ilumina (como el mío cuando él es feliz, es decir, casi nunca), quiere saludarla, yo ya me imaginaba el abrazo… pero ve a Drácula Sweet (Christian Camargo) y prefiere ser educado y dejar que Vane siga con su cita. El hype me duró muy poco, como me suele pasar con estos dos personajes, que están hechos para sufrir. Quién no adore a John, es que no tiene corazón (y no es algo malo, el suyo no late y es adorable, exceptuando su temida vena psicópata), y casi me rompe el mío cuando entra en la habitación de sus recuerdos y vuelve a sentir lo que era ser humano, ¡pobrecico! En su búsqueda de esa pieza del puzle que le falta, de encontrar la plenitud que antes tenía, ¡consigue hallar a su familia! Y es cuando ya se te encoge todo, porque su hijo está muy enfermo, viven en una situación muy precaria y además, no puede acercarse, tan sólo observar lo que un día era suyo. La lagrimilla estaba a punto de salir cuando les deja el dinero y el reloj de bolsillo, es una criatura tan hermosa… lo siento chicos, estoy enamorada de este personaje, ¡no puedo ser objetiva!








Os estaréis preguntando, ¿cuándo va a hablar de Lily y Dorian (Reeve Carney? Tranquilos, los platos fuertes siempre se dejan para el final, y éste es uno de ellos, sin duda. Algo interesante de todo este panorama, es que ya hemos podido ver las feministas de la época, a las que Lily hace ascos porque, por favor, ella va más allá. Hay que ser una ninja, ir en las sombras, desgarrar cuellos en la noche, hacerse poderosa y dominar todo lo que se pueda y más. La muerte se le ha subido a la cabeza, es algo que tenemos claro ¿no? Uno de los “OMG”, “WTF” y demás siglas del capítulo lo protagonizan ella misma y cómo no, Dorian, que ya sabemos que está metido en todos los fregaos, nunca mejor dicho. Y sí, hablo de LA escena, de ese trío rebozándose cual croqueta en sangre humana, retozando como si no hubiera un mañana. A ver, yo tengo sentimientos contradictorios aquí; por una lado dices, ese tío se lo merecía, en cierto modo, disfrutas de ver cómo la niñita le corta el cuello (y esto ya es dejarnos llevar por la pareja del mal, lo asumimos ¿no?). Y por otro lado ves que no pueden parar ahí, que deben llevarlo todo al extremo absoluto, de una manera enfermiza, necesitan canalizar sus actos a través de lo carnal y lo sexual, les excita y les da poder, en una explosión de sensualidad que les lleva al éxtasis. Mis ojos estaban fijos (y creo que sin parpadear) hacia la pantalla, no podía apartarlos de ahí, y cuando ha terminado necesitaba parar el capítulo y procesar (si se puede) lo que acababa de ver… y lo primero que me ha venido a la mente es que si yo estuviera en esa situación, habría vomitado por mucho que Dorian me guste. Ahora sí, son de esas escenas que siempre agradeceremos de esta serie (y eso me hace sentir algo rara). 





Y para terminar este asunto, ¿qué mejor conversación postcoital que hablar de formar un ejército de féminas para tomar el poder con más matanzas y orgías sangrientas? Yo os dejo la frase del capítulo y aquí que cada cual se consuele como pueda; “la libertad es una zorra que yace sobre un colchón de cadáveres”. Y a correr. 





Y no me podía ir, obviamente, sin hablar de Vanessa, que la he dejado en último lugar porque lo que viene y vendrá, lleva curvas (nos tenemos que ir agarrando a la silla). Para empezar, su psiquiatra no la cree, la frase de “todo está en tu mente” la conocemos muy bien, es una mujer de ciencias ¿qué esperábamos? Pero entonces Vane le hace un truquito muy chulo y algo estremecedor de vidente de la buena, y… ¿dudas en el paraíso de lo empírico? Podría ser. 


Lo que sí me daba escalofríos es verla coquetear con el Señor del Mal (¡otra vez! – hay muchos y todos la quieren, es para hacérselo mirar-), entran ganas de meterse en la serie y decirle toda la verdad, pero ella sigue a lo suyo, inocente, como si nada malo le hubiera ocurrido nunca, confiando en un extraño demasiado encantador y misterioso como para dejarlo escapar. La cuestión es que está lanzada con la causa (y la entendemos, la han dejado muy sola), y sin miedo, se mete en la casa de los espejos (que todos sabemos que nunca acaba bien en ninguna película de terror, Vanessa aún no ha llegado a esa parte de la historia, la excusamos). Y como tenía que suceder, uno de los secuaces chungos de Drácula le da caza y la consigue pillar a solas y es entonces cuándo nos enteramos de una verdad que da bastante miedo; ¡Vanessa ya tuvo encuentros íntimos en el pasado con su Amo y había otra persona presente! ¡Pero bueno! ¿Qué nos hemos perdido aquí? Al parecer no debió de ser una experiencia muy buena, porque ella tampoco recuerda nada. ¡Ojo, cuidado con la vida de Vanessa, que siempre trae sorpresa! 

Con todo, nuestra muñequita de ojos azules termina por sentirse culpable una vez más y rompe con su amado porque se cree demasiado peligrosa para él. Esta escena era para que los nudillos se nos quedaran blancos ¿eh? Pero para blanca, la cara de Drácula, porque… ¿cuántas veces le habrán dejado? (Que por cierto, qué lujo que aquí puedan salir a la luz del sol y que él mismo se refleje en los espejos, es una versión mejorada, cuidadito). Y como el capítulo ha sido bastante sanguíneo, el desobediente secuaz acaba siendo comida para la corte, así vamos yendo en la misma línea todo el tiempo. Decir que Drácula, posesivo un rato ¿no? 





Corriendo un tupido velo en el momento secretario ve una mosca, secretario se come la mosca… llegamos a la segunda escena de todo el capítulo que nos hace gritar el “ohmaigáh” y el “WTF”, y es que Vanessa decide someterse a hipnosis para averiguar cuándo se relacionó con el Amo, que ella misma ha deducido que debió ser en la clínica Banning. El momentazo llega cuando vemos a Vanessa en la sala del psiquiátrico y un celador entra para darle la comida, no podemos verle el rostro, pero la cámara hace un recorrido de arriba abajo, que ya nos provoca tensión en el cuerpo, porque sabemos que será alguien conocido… alguien que yo no me esperaba en absoluto, y no es otro que nuestro (y mi) querido John Clare, ¿cómo te quedas? Pues muerto, como está él ahora mismo. Esto explicaría la conexión que siempre han tenido pero también muchas otras cosas que aún no sabemos y que nos pueden provocar un patatús cuando las descubramos. ¿Qué pasó realmente? ¿Cómo murió John? Si queréis saber algo más al respecto, aquí abajo os dejo la promo del siguiente capítulo y juzgad vosotros mismos. ¡La cosa se complica!





¡Hasta la semana que viene cómplices del mal! 









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