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Review Penny Dreadful 3x02- "Predators Far and Near"

¡Hola amigos de la oscuridad! Regreso de nuevo con el análisis de una entrega más de Penny ...




¡Hola amigos de la oscuridad! Regreso de nuevo con el análisis de una entrega más de Penny Dreadful, en la línea que suele llevar esta serie, nos encontramos con profundas reflexiones e importantes revelaciones manteniendo al grupo separado aún. Cada personaje intenta rehacer su vida o darle un propósito como medianamente puede, y hay que ser sinceros, sin mucho éxito hasta el momento. Si quieres adentrarte más allá de lo superficial, ¡acompáñame! 



(A partir de aquí, SPOILERS)



Como ya hemos dicho más arriba, cada personaje sigue en su propio mundo de locura y raciocinio en un intento de equilibrarse, separados y dando a la serie una dinámica totalmente diferente a sus dos temporadas anteriores, lo cual la dota de un dinamismo y una variedad que te atrapa con pequeños sorbos de cada trama.


Y sí, mis plegarias de la anterior review fueron escuchadas y la primera escena de este capítulo la protagonizan ni más ni menos que la pareja del mal, Dorian Gray (Reeve Carney) y Lily (Billie Piper) y no decepcionan, porque el baile de sangre lo tenemos aseguro desde el primer momento. ¿El propósito? Salvar a una joven de la tortura y la humillación masculina para deleite de un pequeño sector masculino también. Y es que Lily ha llevado el feminismo y el odio hacia el hombre al extremo, quiere venganza, tiene sed de sangre y amenaza (por ahora en intimidad) con sembrar el caos. “You are mine” le dice a la muchacha rescatada, me huele a secta por todos lados (con su componente sexual, conociéndolos...). A todo esto, Dorian, al que le va la marcha y se apunta a un bombardeo, la mira sonriente ante el catastrófico panorama que se avecina. Pero oye, siempre les quedarán los bailes de salón, donde parecen inofensivos y todo. 




¿Veis lo mismo que yo?
Por su parte, Víctor (Harry Treadway), ayudado por su amigo Henry (Shazad Latif), inicia su recuperación física y emocional (no hay nada que unas patatas fritas no puedan lograr, parece ser) y es llevado al lugar de trabajo de éste, que resulta ser una institución mental donde los pacientes no andan muy bien que digamos. Pero el chico se las apaña con su laboratorio con silla de barbero incluida. Lo gracioso del asunto es la preocupación de Víctor de llevar allí a su querida Lily, no vaya a ser que se perturbe más aún, está claro que no sabe a lo que se dedica su amada por las noches. Y me llamaréis loca (como los pacientes de ese lugar) pero… ¿no notáis cierto enamoramiento de Henry hacia Víctor? Me ha dado en la nariz que algo pasa ahí. Me produce mucha ternura y lástima a la vez el empeño de Víctor de traer de vuelta a una Lily que ya no existe con la ayuda de su compañero manipulador de sedantes y drogas de otra índole, lo siento, veo fallas por todos lados, y aunque la sustancia que manejan es increíblemente transformadora, Lily es fríamente más cuerda que todos los pacientes que ven en esa sala. Y a pesar de esta frialdad, es ella y su creador, los que nos brindan una de las escenas más emotivas del capítulo; el reencuentro, con esa banda sonora que logra llegarte a todas las partes del cuerpo. Él queriendo salvarla y tenerla consigo, ella desligándose cada vez más de él y tomando su propio camino en libertad. Es tan bonito y trágico a la vez, ver que ambos se dan cuenta de que él ahora es resultado de lo que ella le hizo, que en cierto modo, lo ha moldeado de una manera diferente, y es algo con lo que tendrá que aprender a vivir; un amor imposible y no correspondido, un desamor constante y trágico. El primer amor, que se desvanece sin poder evitarlo.

















Mientras tanto, Malcolm (Timothy Dalton) está de viaje con su misteriosa compañía en busca de Ethan (Josh Hartnett) y es aquí donde se nos otorga una de las revelaciones de la trama. Este acompañante tiene una historia con nuestro hombre lobo de lo más íntima, y es que perdió a toda su familia a manos (y a dientes) de Ethan, todo muy amigable. Quiso dejarle vivir para que pudiera cargar con el peso de sus acciones, lección que el chaval ya tiene asumida a estas alturas de su vida. Se crea una conexión entre Malcolm y él por el paralelismo de experiencia vital, una mujer destrozó su vida y su familia y ahora ella es todo su mundo y una hija para él. Ambos aprendieron a amar al ser que les arrebató todo lo que tenían. Pero quizás la historia del apache con Ethan no sea tan agradable como la pinta, puesto que el hombrecillo logra comunicarse con su hijo adoptivo y la conversación es muy poco cordial. En la línea de su suerte, Ethan tiene un padre bilógico al que quiere matar y un padre adoptivo al que también quiere borrar del mapa, una vida muy fácil de llevar, sin duda. Éste sigue consumido por sus propios actos cárnicos, le queda un largo proceso para aceptar su condición y aprovecharla para otros fines que seguro le tienen bien preparado. Mientras tanto la luna llena hace su aparición, carnicería al canto y además se lleva de extra a una sirvienta del mal que ya le ponía ojitos la temporada anterior y que lleva siguiéndole todo este tiempo. ¿Alguien da más?




Pero sin duda, el plato fuerte del capítulo lo lleva Vanessa (Eva Green) a sus espaldas (pero ella aún no lo sabe, pobrecita). Estamos viendo que tanto Víctor como Vanessa han decidido contar sus vivencias a personas ajenas, esto hace que la historia se mueva y más personajes estén implicados, como la doctora Seward (Patti LuPone), quién escucha mientras graba la terrible confesión de Vanessa. Ésta queda destrozada al revivir todo el calvario de nuevo y su confidente mantiene la postura bastante decentemente. Se limita a ponerle la tarea de hacer algo que la mantenga feliz ese día, de una manera más apacible y confidente, asegurándole que superarán todo eso juntas. Pese a su postura distante, hay algo en ella a lo que Venessa se aferra fuertemente, y es que tanto ella como nosotros no podemos evitar recordar a Joan Clayton, su mentora, sobre todo cuando ya en soledad, Seward deja mostrar su emoción por fin. 


No hace falta que os diga qué es lo que motiva a Vane en estos momentos, sí amigos, la zoología, sobre todo aquella explicada por el señor Sweet (Christian Camargo), ese pretendiente que le trae loca a pesar de ser un nefasto fichaje amoroso. Dejando a un lado las reiteradas conversaciones sobre escorpiones letales, el tipo no logra recordar nunca su nombre, ¡por favor Vanessa, algo no huele bien aquí! (eso pensaba yo mientras veía el capítulo). Pero no sólo eso, ¿quién osaría rechazar la invitación a café de la señorita Ives? En este tramo del capítulo las alarmas deberían haber saltado en vuestras cabezas, muy rojas y parpadeantes. Y es que sufro por Vanessa, se la ve tan adorable y frágil cuando se entrega inocentemente al coqueteo, tan necesitada de calor humano… y nunca la dejarán vivir en paz y armonía más de un capítulo, es así, asumámoslo. En este asunto hubiera sido mejor seguir la regla de “prefiero lo malo conocido que lo bueno por conocer”, al menos Ethan ya le ha sacado los colmillos, ¿qué otra cosa peor podría esconder? Pero no tardamos mucho en enterarnos del secreto a voces, porque el secretario de Seward ya convertido en siervo del amo, habiendo escuchado la grabación de Vanessa, se dirige obediente a hacer contrabando de la información a cambio de un poquito de sangre real, y ¿quién tenía que ser Drácula? No os preocupéis, no podía ir de otra manera; Alexander Sweet (mi pobre Vanessa, sufriremos juntos). 






¡Hasta la semana que viene cómplices del mal! 



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