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Análisis: "Carol" de Todd Haynes. La olvidada del año.

Recientemente tuvo lugar la entrega de los premios Oscar con muy pocas sorpresas y algunas d...





Recientemente tuvo lugar la entrega de los premios Oscar con muy pocas sorpresas y algunas decepciones (como de costumbre). He decidido escribir sobre Carol un tiempo después de haberla visto y tras las entregas de los premios más relevantes (Oscar, Globos de Oro, Bafta, SAG, etc.). Estaba claro que a pesar de que Carol ha sido nombrada por muchos críticos y parte del público como una de las mejores películas del año, no ha tenido la "fortuna" de ganarse la simpatía de ninguno de los académicos. Si bien ha llegado a recibir hasta 5 nominaciones a los Globos de Oro, 9 a los BAFTA y 6 en los Oscar finalmente no logró alzarse con ninguno de los galardones, aunque fue premiada a mejor fotografía en los Idependent Spirit awards, mejor actriz para Rooney Mara en Cannes y mejor película, director, guión y fotografía por el Círculo de críticos de Nueva York.
¿Por qué, entonces, después de tanta nominación y alabanzas ha sido totalmente ignorada en todas y cada una de las categorías? ¿Eran sus competidoras claramente superiores?

(El resto del análisis contiene spoilers)


Antes de nada y para que mi respuesta esté justificada, quiero repasar cada uno de los elementos que para mi hacen de Carol una de las mejores películas del 2015 (de hecho para mí compartiría el primer puesto con algunas como Mad Max o Anomalisa) .
Me voy a saltar el resumen del argumento puesto que no tiene más complicación que la que se ha venido contando desde hace meses (en caso de no conocerlo aquí podéis ver el trailer y una breve sinopsis). Carol se sitúa en la misma línea estética de mediados del siglo XX en la que tenía lugar la también bellísima Lejos del cielo/far from heaven de Todd Haynes y con el tema de la homosexualidad como desencadenante de conflictos personales, sociales y familiares. Si en la mencionada previamente resonaban de forma evidente los ecos de Douglas Sirk (All that heaven allows/lo que el cielo nos da) en esta ocasión, al menos en cuanto a estructura narrativa, nos acercamos al drama de David Lean, Breve encuentro. Si en Far from Heaven se nos mostraba una historia dominada por el desengaño, la intolerancia frente a cuestiones como la homosexualidad y la hipocresía de una sociedad que basa su estabilidad en el mantenimiento de las apariencias, en Carol, aunque gran parte de estas temáticas permanecen, es el romance entre la pareja protagonista el que domina la pantalla.

Far From Heaven de Todd Haynes & All That Heaven Allows de Douglas Sirk

Patricia Highsmith, escritora de la novela El precio de la sal en la que se basa el guión de Carol, nominado a su vez al Oscar a mejor guión adaptado (Phyllis Nagy), y que tuvo que escribir bajo un pseudónimo en la década de los cincuenta, debe su fama a las diversas novelas de suspense que escribió a lo largo de su carrera. Carol, en el fondo, y, como ha dicho su propio director, guarda en realidad cierta relación con el género, aunque esto es quizás más palpable en la novela donde se ahonda en la relación de ambas mujeres a través de la perspectiva de Therese (Rooney Mara) y sus pensamientos, que investigan cada centímetro y cada movimiento de Carol (Cate Blanchett) como un asesino a su sujeto. En esta historia las protagonistas cometen un crimen al violar las cerradas normas sociales de la época e intentar mantener una relación amorosa, por lo que finalmente acaban siendo castigadas. A diferencia de la novela, donde la narración adopta la perspectiva de la joven Therese, en la cinta de Haynes no se beneficia ningún punto de vista en especial.


La relación amorosa adopta un carácter cautivador para con el espectador por su naturaleza de prohibido pero también por la situación social y personalidades de ambas mujeres que se contraponen a la vez que se complementan. Therese desprende una inocencia e inexperiencia que conviven con la curiosidad, deseo y necesidad del sujeto amado conforme se intensifica el vínculo entre las dos. Un elemento significativo es el hecho de que la novela está plagada de monólogos interiores de Therese a través de los cuales conocemos sus sentimientos hacia Carol. El problema de adaptar una novela a la pantalla es que no siempre resulta adecuado añadir una voz en off para suplir esa voz interior que en este caso nos guía en el proceso de enamoramiento y que acaba resultando esencial. La guionista Phyllis Nagy decide suplir esa voz informativa por algo que acaba dotando al film con gran parte de la esencia que lo eleva a un nivel más poético e intimista al reducir la palabra a sus mínimos: mientras en la obra de P. Highsmith Therese es una escenógrafa, en Carol la joven dependienta es una fotógrafa aficionada con ideas difusas en cuanto a su futuro. Su pequeña cámara se convierte así en una extensión de su pensamiento, el cual nos acaba llegando en parte a través de sus fotografías (si bien en el film éstas no acaban teniendo el protagonismo que deberían haber tenido) y en parte a través de su expresión.

Carol por otro lado supone un opuesto casi absoluto a la personalidad de Therese: experimentada en todos los aspectos de la vida de los que ella duda o desconoce, de clase alta, madura y, sobre todo, segura de sí misma y su sexualidad en contraste con la inseguridad de Therese, su humilde posición social y confusión en cuanto a su voluntad y sexualidad. La escena en la que el personaje de Cate Blanchett se aproxima al de Rooney Mara en la juguetería por primera vez muestra como es Carol la que inicia el juego de seducción en ese primer contacto entre ambas, a través primero de su comportamiento y segundo dejando los guantes para asegurar un segundo encuentro. Therese parece ser inevitablemente arrastrada hacia ella por algo incomprensible a todo razonamiento.


La habilidad de Haynes para recrear el pasado nos ha dejado joyas como la ya mencionada Lejos del cielo/far from heaven o la miniserie Mildred Pierce. Carol parece un cuento perdido de los años 50 que acaba de ser descubierto. En esta ocasión, el clásico melodrama deja paso a una historia más poética, lírica y pausada que no subestima el poder del silencio (entendido este como la ausencia de palabra) en favor de la preeminencia del contacto físico y visual así como la expresión corporal. Los "te quiero" no brotan en cada escena como tampoco lo hacen los discursos dramáticos acerca de la confusión identitaria o los conflictos sociales como podría esperarse de un drama romántico con dos mujeres como protagonistas. La relación entre ambas se construye a base de momentos especiales y de miradas, no de palabras. Y eso en Carol se acaba agradeciendo a lo grande.
Del mismo modo, ni Carol ni Therese habrían trascendido como personajes de haber sido interpretadas por otras que no fueran Cate Blanchett y Rooney Mara. Si bien la primera ha entrado en todas las categorías en las que ha sido nominada como actriz principal y la segunda como secundaria, lo cierto es que el protagonismo es completamente equiparable. Blanchett desprende una elegancia única que le convierte en un centro de atracción inevitable. Desde un pequeño giro con la cabeza que acaba una intensa mirada a una mano que coloca el cabello tras la oreja. Todo en ella es firme, distinguido y cautivador. Al otro lado Rooney Mara, sus miradas, una de las mejores cosas de la película: tímidas, asustadizascuriosas, gestos comedidos como si tuviera miedo de moverse o de hacer algo que no debe. Lo interesante de Therese es que siempre lo acaba haciendo aunque sea arrastrada por una fuerza mayor, como si precisamente el miedo fuese un incentivo.




Algo que llama la atención es la "naturalidad" con la que los personajes tratan el tema de la homosexualidad para ser una historia situada en la década de los 50 (sin olvidar no obstante los límites de la época, puesto que Carol es obligada a ir a un psicólogo para tratar su homosexualidad tras arrebatarle la custodia de su hija). Cuando Carol llega a su coche tras su primer encuentro con Therese y habla con su amiga (Sarah Paulson), ésta le pregunta por Therese como si fuera cualquier ligue sin hacer hincapié en que se trata de una mujer. Aquí no hay sitio para las reacciones excesivas y el tremendismo. Lo vemos también en la forma en la que el novio de therese reacciona a su "crush" con Carol, pues realmente se resiente más porque le ignore que por el hecho de que se fugue con una mujer. Tampoco se cae en el dramatismo indagando en el conflicto personal de Therese al descubrir ésta su sexualidad. No hay dilatados momentos de autoreflexión ni preguntas, simplemente ambas aceptan lo que les sucede porque es más poderoso que cualquier imposición social o explicación racional y se niegan a combatirlo pues no les aporta sino felicidad. Con la inocencia que le caracteriza, Therese le pregunta a su novio con ojos cándidos y curiosos "Have you ever been in love with a boy? (Te has enamorado alguna vez de un chico?)".




Carol al fin y al cabo es algo así como la captura de un instante dilatado, como si el proceso de enamoramiento pudiera congelarse y permanecer en la retina permanentemente. En ella todo es tenue y sutil, como un catálogo de momentos llenos de belleza. El "tocar" se convierte en un momento crucial donde el tiempo y el espacio dejan de existir momentáneamente, donde nada hay sino el contacto entre ellas dos. El "mirar", a través de ventanas, espejos, de la pequeña cámara de Therese, directamente a los ojos. Cuando la cámara ocupa el lugar de los ojos de Therese y vemos lo mismo que ella, Carol parece moverse a cámara lenta. Cada gesto, cada mirada y cada parpadeo se vuelven trascendentales. La suavidad y el lirismo con el que se maneja la narración, sin momentos impactantes o giros traicioneros parece acompañar la delicadeza y fragilidad de los sentimientos de Carol y Therese. Las conversaciones telefónicas aportan momentos de gran sensibilidad, enfatizan la lejanía física de las protagonistas en cuanto a las dificultades que les impiden alcanzar la felicidad juntas y a la vez la cercanía espiritual que une sus voces en un mismo tiempo y espacio. Es un "dejarse llevar" continuo que no parece tener principio ni final, sino tan solo la materialidad del presente, del instante.



La fotografía de Ed Lachman se hace aquí imprescindible. En muchos momentos vemos a los personajes o lo que ellos ven a través de cristales mojados, ventanas plagadas de gotas de lluvia... Saul Leiter, fotógrafo estadounidense nacido en los años veinte y fallecido recientemente, parece haber sido una gran influencia con sus fotografías a través de cristales, ventanas y lluvia. En Carol, la imagen se difumina, se vuelve algo abstracta y es envuelta con el aspecto de un recuerdo o el producto de la imaginación, cuando Therese mira a través de la ventana empañada del taxi parece estar viendo a Carol al otro lado. Haynes afirma que los obstáculos que dificultan la ejecución de una mirada clara del personaje hacen palpable el deseo por la dificultad que suponen estas barreras, el no poder ver claramente lo que ansías ver debido a estos obstáculos. 




El tiempo pasa y ya separadas, la aparente impermeabilidad y firmeza de Carol se acaba fracturando conforme el mundo le arrebata todo aquello que más desea. Mientras tanto, Therese se afianza en lo profesional, abandona su ropa infantil por elegantes trajes y su fragilidad y candidez parecen desaparecer en favor de una postura erguida y mirada austera. Para ella, hay un antes y un después de Carol, ese punto de inflexión que abrió puertas interiores que le permitieron encontrarse como nunca antes supo. Pero también le ha endurecido, como deja ver en la escena del café con la que comienza la película y a la que se vuelve de nuevo ya al final, muestra una Therese herida e impenetrable.
Creo necesario hablar de "el final feliz" y la inconformidad que puede llegar a suponer a muchos, sobre todo tratándose de una historia romántica [homosexual] dramática y no una comedia dominguera. La tragedia en cierto modo, es un elemento que hace las historias [de amor] eternas (y en consecuencia también al film que las contiene). Como decía Zizek en su estudio sobre la ideología a través del cine en The Pervert's Guide to Ideology en referencia a Titanic, la historia de amor de la pareja protagonista logró su grandeza y permanencia en las mentes del público mundial por su desenlace trágico. Y es que en realidad pocas historias románticas en clave dramática que hayan trascendido han rehuído la tragedia (y menos si es amor homosexual, véanse Brokeback mountain, Lost and delirious, La vie d'Adèle, High Art...), ya sea con muertes o con dolorosas separaciones. Pero, al menos en Carol, hay que dejar atrás esa idea amargamente placentera de la tragedia final. Carol se merece un final feliz y lo tiene, sin abandonar además en ningún momento la coherencia que la envuelve. 

Carol no es una película hecha para sorprender, no hay grandes giros imprevistos ni devastadoras tragedias que acaban en muerte, parálisis, amnesias o rupturas. Es un clásico de los años 50 recién hecho que no se corresponde con el tipo de películas a las que estamos acostumbrados hoy en día, y esto es quizás uno de los motivos que justifican su olvido. Y con olvido no me refiero exclusivamente a las entregas de los grandes premios antes mencionados (Oscar, Bafta, Globos de Oro) en los que no logró ni el reconocimiento a sus actrices, sino también su ausencia en las mentes del público mundial. En mi opinión, no creo que se deba tanto al hecho de la temática homosexual (que también) sino a un conjunto de factores, desde el final feliz hasta la narrativa y forma clásicas, así como por el hecho de que es una película de mujeres (y con esto me refiero a la ausencia de hombres), basada en la novela de una mujer adaptada a guión cinematográfico por otra mujer, dirigida por un autor especializado en temas femeninos y dos protagonistas femeninas. La película es enteramente de las dos protagonistas, y los hombres cumplen papeles cuanto menos olvidables. No digo que esto sea algo consciente en las mentes del público o de los académicos "no voy a ver/premiar/recomendar/recordar esta película ya que solo hay mujeres dirigiendo el cotarro". No obstante nos encontramos en una realidad en la que  los hombres (y más el heterosexual blanco) ejercen un poder que sigue oprimiendo a la mujer en su importancia y presencia en todos los ámbitos de la sociedad. Y esto hace que acaben siendo relegadas del foco de atención principal.


En definitiva, lejos de discursos políticos o éticos, Carol es una película escrita, realizada e interpretada con el corazón y así es como debe ser vista y recordada. Disfrutando de cada imagen que nos regala, de cada mirada y de cada caricia sin pensar en nada más que en disfrutar del instante en el que la estamos viendo.
No necesita que la colmen de premios ni reconocimientos pues está por encima de eso, como todo el cine de verdad.


Lo mejor: Las actrices protagonistas, Rooney Mara especialmente.
Lo peor: Nada

Nota: 10/10

Ah, y no me he olvidado de la gran banda sonora de Carter Burwell:


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