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Crítica: ‘La Juventud’ (2015) de Paolo Sorrentino.

"Todo lo que se ve realmente cerca es el futuro. Ahora, todo lo que se ve realmente lejos e...


"Todo lo que se ve realmente cerca es el futuro. Ahora, todo lo que se ve realmente lejos es el pasado"

Estamos de acuerdo en que Paolo Sorrentino es un director que levanta pasiones, donde todo es blanco o negro pues pocas veces deja tibio a algún espectador de su trabajo, esto es en parte a que el director italiano es fiel a su propio estilo; estilo que plasma en cada uno de sus trabajos, mismo estilo que destaca por la pomposidad y sí, tal vez a la pretensión que puede trasmitir su demandante gusto a la hora de exhibir una historia frente a la cámara. Youth, por supuesto, no es la excepción a todo lo que acabo de describir.

En esta ocasión, Sorrentino (luego del exitoso año que tuvo con 'La Gran Belleza) vuelve con otra exquisita historia entre manos, Youth, que toma como premisa la historia de Fred Balliger un director de orquesta retirado que en plenas vacaciones en un lujoso hotel en Los Alpes es invitado por la Reina Isabel II a organizar un concierto para el Principe Felipe. Pero tranquilos que La Juventud (título en español) es mucho más que eso, pues la cinta sirve como una exposición a los sentimientos que están más arraigados a la juventud (o el concepto que cada persona tiene de ella) y de la vejez. Con ello me refiero a que Youth es una invitación a deleitarnos con un hermoso discurso lleno de poderío visual sobre la nostalgia, la monotonía, la apatía, el miedo (a lo nuevo por venir, entre otras cosas), la soledad, el amor, la familia, el arte.

"La Juventud es sentimiento, es poesía audiovisual, es una desgarradora entrega del significado del pasado, del futuro; de la juventud,  de la vejez, de la vida"

La cinta se vanagloria de un guión muy sólido que funciona como columna vertebral a los demás factores que también salen airosos. La historia, como he dicho antes, es un conglomerado de cada uno de los sentimientos que vinculamos con la edad, los que se pierden en el camino y/o los que llegan con los años. La apatía representada en el Fred Ballinger, el miedo a expirar como artista (lo que representa toda su vida) como Mick, el mejor amigo de Fred, el rencor de una hija abnegada que ha vivido a través de su padre siempre, un actor que se reprocha a si mismo el hecho de ser reconocido por haber interpretado a un robot, la Miss Universo que es el espejo a las etiquetas que impone la sociedad antes de indagar realmente en como son las demás personas (más allá de su estampa) una versión de Maradona como homenaje a la imagen del futbolista, otros tópicos que quedan reflejados perfectamente en personajes que apenas intervienen en pantalla escasos minutos, todos ellos dignos ejemplo de lo bien consolidado que esta el guión, condimentado con impecables frases y elocuentes metáforas planteadas de una manera bien acogida en el centro de la historia. 


Nos detenemos ante las lucidas interpretaciones de sus actores, desde la sobriedad y tranquilidad que logra transmitir el gran Michael Caine, la naturalidad de Harvey Keitel, quien a pesar de estar a la altura de Caine jamás le roba protagonismo, Paul Dano (quien mola más que nunca) consigue que el espectador comprenda a su personaje y empatice con él, Jane Fonda se apropia de la pantalla en dos escenas (sumando poco más de ocho minutos frente a la cámara) y hago mención especial para Rachel Weisz, tan apabullante como siempre, nos regala una poderosa interpretación en donde encandila en cada minuto de metraje, quien ha quedado en segundo plano en la temporada de premios, al caer todo la atención mediática que supone el comeback de su compañera de reparto (Fonda).

Esta historia, queda enmarcada en la maravillosa fotografía de Luca Bigazzi, quien resalta maravillosamente los paisajes que deslumbran durante gran parte de la película, fiel traducción al estilo de Sorrentino quien una vez más hace magia con sus movimientos de cámara. El diseño de producción, impoluto y lujoso que realizan Daniel Newton y Mario Schramm son otro factor que vale la pena resaltar. El lujoso papel que envuelve este regalo llamado Youth es la delicada, omnipresente y magnética banda sonora creada por David Lang.

La Juventud es sentimientos, es poesía audiovisual, es una desgarradora entrega del significado y tras fondo del pasado, del futuro, de la juventud, de la vejez, de la vida. 

Lo Mejor: El planteamiento de los personajes muy bien logrado que a fin de cuentas son el lienzo de la historia.

Lo Peor: Si no conectas con el estilo de Sonterrino esta cinta no es lo tuyo.

8/10
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