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BSO: La vida es bella (Nicola Piovani, 1997)

Una partitura con una melodía tan singular que estés donde estés puede silbarse y ser reconoci...


Una partitura con una melodía tan singular que estés donde estés puede silbarse y ser reconocida por otros que empezarán, sin duda, a tararearla fácilmente sin motivo alguno, porque sí... Cuando la escuchas, sabes por qué la película tiene ese título, aunque detrás de la visión tan positiva de la vida que ofrece, se esconde un auténtico drama. 

Roberto Benigni es el director de La vida es bella, una apasionante historia ambientada en la Segunda Guerra Mundial. Guido y su familia son llevados a un campo de concentración. A pesar de la horrible situación en la que se encuentran, Guido intentará mostrar a su hijo Giosué que sólo se trata de un juego.

La música... Que música...
Aunque la historia ya es suficiente como para enganchar al espectador, las melodías que en ella suenan refuerzan e intensifican cada instante.
El compositor de tan bellas composiciones es el italiano Nicola Piovani, con las cuales alcanzó el reconocimiento y el aplauso de la crítica, del público y de la industria cinematográfica. Con este film consiguió el Oscar a la Mejor Banda Sonora.


Musicalmente, encontramos el tema principal (alegre), el tema del amor y el tema de la angustia y el terror. Tres melodías diferenciadas entre sí.

El tema principal es el tema de Guido, de su sentido del humor, de su forma de apreciar la vida, de su carácter desenfadado. Alude a la vida de una familia normal, una vida feliz, con sus idiosincrasias, pero una vida basada en el optimismo que Guido siembra. Una melodía bucólica, viva, y a la vez tierna, con una pizca de humor y un porte italiano. Y a pesar de que sufre diferentes variaciones, acaba recuperando su cariz inicial. 

El tema del amor, (aunque también podríamos llamarlo “Buenos días, princesa”) un tema tranquilo, romántico, plagado de cierta nostalgia, evocando el amor entre Dora y Guido (el amor romántico), y más tarde, el amor hacia Giosué (el amor paternal). La música marca la esencia del personaje incluso en su ausencia, dejando un sabor amargo y dulce al mismo tiempo.

El tema de la angustia y del terror, que actúa como contratema, hace referencia al campo de concentración, a la opresión de los nazis, a la desesperación de los judíos y al horror que les acecha. Es un leitmotiv perfecto, porque Benigni introduce la invasión alemana sutilmente, pero el espectador entiende lo que ocurre gracias a la siniestra y dramática aportación de Nicola Piovani.


















También podemos incluir música preexistente, que actúa a través de temas secundarios como “La marcia real”, de Gabetti o la Belle Nuit de Offenbach, y otros temas curiosos que el propio Piovani ha compuesto para crear variedad, como el “Grand Hotel Fox”, “La danza etíope” o “Krautentang”. Todos estos temas actúan como música diegética, es decir, que está dentro de la historia a modo de valses, foxes y música y bailes árabes de una forma original.

En definitiva, sí, es una historia triste, fuerte pero realmente conmovedora, su música traspasa cualquier frontera que pueda existir entre el espectador y las escenas que se van sucediendo y es posee una enorme carga poética y simbólica: el hecho de que la esencia de los temas principales pervivan (salvo el contratema) es algo realmente singular y ocurre con estilo. 

Es inevitable esbozar una sonrisa al finalizar la historia. Y siempre lograremos hacerlo si pensamos como Guido: no importa lo que ocurra, un “Buenos días, princesa” nunca está de más.

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