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My Mad Fat Diary: Hasta siempre, Rae

My Mad Fat Diary se ha despedido esta semana de manera definitiva, tras una corta temporada...




My Mad Fat Diary se ha despedido esta semana de manera definitiva, tras una corta temporada final de tres episodios. Esta serie nunca ha destacado por temporadas muy largas, pero tres capítulos se han hecho aún más cortos y rápidos. Eso también tiene que ver con que no han parado de ocurrir cosas que nos han tenido en vilo hasta el último momento. En cualquier caso, esta temporada final ha servido para poner el broche de oro a la serie adolescente más divertida y emocionante de los últimos años. A partir de aquí, spoilers.
Primero debemos ponernos un poco en situación, ya que esta temporada ha sido algo diferente al resto, no solo por ser más corta, sino porque no ha contado con la presencia del creador de la serie, Tom Bidwell. Lo mejor es que apenas se ha notado su marcha. Quizás un poco en los toques de humor, que en esta temporada han sido pocos y algo menos efectivos. Sin embargo, en cuanto a la honestidad y emoción de la historia, han sabido mantenerse más que a la altura.  Hemos acompañado a Rae en este último paso para ser feliz y sobretodo, ser ella misma.

Como he comentado, temporada ha venido muy cargada de drama, desde el accidente de coche en el que Chloe sale peor parada y nos dejó ya destrozados solo en el primer capítulo, a la marcha de Kester y el miedo de Rae de lanzarse a lo desconocido, al cambio tras acabar el instituto.
 Aquí es donde se plantea el gran dilema, la gran encrucijada en la que todos nos encontramos cuando tenemos que decidir sobre nuestro futuro. Cuando acabamos el instituto es el momento de ponerse serio y seguir un camino. ¿Universidad? ¿Trabajo? Esta es la duda que corroe a Rae, que por fin sentía que tenía todo lo que necesitaba: una pandilla de grandes amigos, un trabajo en una tienda de discos, una buena situación en casa y un novio perfecto y adorable. Sin embargo, quizás necesite algo más, hacer algo por ella misma y para ella misma. Y esto es lo que le hace ver Katie Springer, una nueva 'amiga' de Rae que viene a liar un poco más las cosas.


Y es que aunque hace que nuestra protagonista vea las cosas de otro modo, también resulta un personaje irritante y que acaba metiéndose entre medias de Finn y Rae. Y eso no se puede perdonar. Hay que odiarla, como bien reconoce la pandilla cuando descubren que no es tan maravillosa como trataba de aparentar.
Todo este estrés sobre qué hacer con su vida, hace que Rae tenga una recaída en ese lugar oscuro del que parecía tan alejada. La idea de dejar Stamford y todos los que viven ahí atrás da mucho vértigo, es perfectamente comprensible.
Este es el eje central de esta temporada, demasiado corta, donde pasa todo muy rápido. Quizás demasiado. De hecho, hay algunas partes de la historia que quizás quedan un poco atropelladas, o que no tienen mucha explicación, sobre todo lo relacionado con Katie y Finn, que durante los dos primeros capítulos parece que no se conocen de absolutamente nada, pero luego resulta que tienen algo ¿? Creo que esta es una de las tramas más flojas, o cogidas con pinzas de la temporada. Una situación forzada para provocar problemas entre Finn y Rae. A lo mejor si hubiéramos tenido más de tres capítulos, habría tenido algo más de sentido.
También es increíble lo rápido que se hacen amigas Katie y Rae, o lo mismo es que la dichosa Springer es de esas personas que cogen confianza rápido y te convierten en su mejor amiga en dos segundos.
Sí, Katie Springer es lo que no me ha gustado de esta temporada, por lo que ha hecho y por la forma en que lo ha hecho.
Esta, además, ha sido la temporada en que Rae (y nosotros) nos hemos quitado la venda y hemos comprobado que Finn Nelson no es perfecto. Sí, el muchacho a veces también mete la pata. Y me parece genial que le bajemos del pedestal, pero para mí la forma de hacerlo no es la mejor, o no tiene ningún sentido. Después de lo que sufrieron Finn y Rae por estar juntos, que otra vez en el primer capítulo de una temporada acaben rompiendo es demasiado doloroso. Y sobre todo es horrible cuando acabas el tercer capítulo y compruebas que no van a volver.
Mi lado más fangirl sufre porque cree que lo podrían haber intentado al menos. Finn no está tan atado a Stamford, podría haberse mudado a Bristol con Rae, o algo así.


Sin embargo, pensándolo fríamente, Rae necesitaba un cambio así. Todo su camino hacia la recuperación culmina en esto: la decisión de perseguir su sueño ella sola, sin nadie a su lado para que le diga que ella puede, sin su madre, sin Kester, sin la pandilla y sin Finn. Ella sola, con esa fuerza que le sobra aunque ella no se de cuenta. Y eso es lo que refleja ese maravilloso último episodio, que pone un broche de oro a la serie de la mejor forma.
Rae por fin puede dejar la terapia, por fin puede caminar sola. Sí, estará lejos de las personas que más quiere, pero conocerá a otras e irá labrándose su propio futuro, como tenemos que hacer todos en algún punto de nuestras vidas. Porque ella puede y por fin se ha dado cuenta.
La idea de que todo dura para siempre es demasiado idílica, pero lo que sí que va a quedarse siempre son esos recuerdos, los buenos y malos momentos vividos en Stamford. Todos esos pensamientos depositados en sus diarios, eso no se va a borrar, siempre irán con ella. Son los que han llevado a Rae a donde está ahora. Esa última escena en el tren es demoledora, Rae observa en el cristal el reflejo de todas aquellas personas que la han marcado, incluso están Liam y Tix (mi llorera aumentó considerablemente al verla). Todo esto a ritmo de Creep de Radiohead, todo un himno de la década de los 90 y que tiene una letra perfecta para ese momento. Sencillamente maravilloso.


Este último capítulo nos regala muchos otros momentazos, como la despedida de Chloe y Rae. Las dos amigas que han superado todos los obstáculos y han conseguido reforzar su amistad más que nunca. Ellas son uno de los ejes centrales de toda la serie y la evolución de su relación es brutal y maravillosa. Hace dos temporadas nadie habría pensado que volverían a estar tan unidas. El tema del accidente no ha hecho sino ayudar a que su lazo de unión se estreche aún más. Siempre serán Chloe y Rae.
Tampoco podemos olvidarnos de ese último momento de la pandilla, todos engalanados, preparados para el baile (Finn dejando a todos boquiabiertos con ese esmoquin, como es lógico). Su última fiesta juntos. Y por supuesto, Archie tenía que cantar una canción. Otro de mis momentos favoritos, a ritmo de Lucky Man de The Verve.
Este corto regreso a la década de los 90 de la mano de esta pandilla de amigos de Stamford ha sido todo un regalo y no es exagerado decir que My Mad Fat Diary es de las mejores series adolescentes que se han hecho, al menos en los últimos años.

En definitiva, este es el paso decisivo de Rae, que decide por fin hacer algo por sí misma, sin depender de lo que piensen o digan los demás. Aquí acaba el difícil viaje de Rae, que ha estado lleno de altibajos hasta el último momento. Lo mejor es que al final ha sido ella sola la que se ha salvado, ha resurgido y ha decidido seguir adelante. Ahora comienza un nuevo viaje, lleno de incertidumbres, pero con una Rae más fuerte y segura que nunca.


No queda más remedio que aplaudir por esta serie, por su capacidad de emocionar, de hacernos empatizar con su protagonista, un personaje complejo,  con el que hemos reído, que a veces ha hecho cosas odiosas y otras muchas nos ha partido el corazón. Una serie que nos ha devuelto a la década de los 90 de la mejor forma. Que te vaya todo bien, Rae. Stan Ford Forever.




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