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Especial directores: Alfred Hitchcock: el genio del suspense.

Nadie esperaba que del cine se pudiera sustraer más jugo de su lenguaje cinematográfico, pero ll...


Nadie esperaba que del cine se pudiera sustraer más jugo de su lenguaje cinematográfico, pero llegó el gran Alfred Hitchcock con sus innovadoras técnicas, sus vivos guiones y sus increíbles historias. El director británico creó un universo único y propio con el que consiguió atrapar al público.

El genio del suspense realizó películas que rozaban la perfección, al menos en el sentido de que era experto en el arte de “manipular” emocionalmente al espectador y éste se dejaba llevar por la trama. Y todo esto fue gracias no sólo a su espectacular sentido del cine sino  también a las estructuras que llevaba a cabo bajo los conceptos que le caracterizan: la intriga, el suspense, el misterio, la emoción, la incertidumbre… De ahí que el mecanismo del espectador funcionara con tan sólo preguntarse qué ocurrirá después de una escena inesperada y proyectarse un final antes de que vieran entrar en acción la imaginación de Hitchcock, que no es más que el mundo de los intereses personales, la culpabilidad, la vida cotidiana, el amor, las aparentes personalidades y la identidad de los seres humanos, entre otras muchas cosas que fue capaz de captar con el objetivo de su cámara. 

Ya en sus primeras películas creadas en su Inglaterra natal, Alfred Hitchcock marcó su estilo  a través de su fascinación por la expresividad del lenguaje cinematográfico y de todo el partido que pudo sacarle.  Pero fue en Estados Unidos donde aprendió a dramatizar sus historias mediante técnicas realmente originales y convertirlas, de este modo, en formas notables de manifestación del sentimiento. 

El director británico consigue convertir en experiencias cinematográficas espectaculares, de suspense, de intriga, de misterio e incluso de terror, lo que sobre el papel podrían parecer historias banales. Muchas de ellas definen su particular exquisitez, su carácter poético y su cinismo refinado, convirtiéndolo en uno de los creadores más AUTÉNTICOS (con mayúsculas) del séptimo arte.

Dicho esto, es imposible que no entren ganas de ver todas sus películas acompañándolas con palomitas, por eso, aquí tenéis una selección de las obras de arte de este artista que, en mi opinión, hay que ver antes de morir:

Rebeca (1940). Al poco tiempo de perder a su esposa Rebeca, el aristócrata inglés Maxim De Winter conoce en Montecarlo a una joven humilde, dama de compañía de una señora americana. De Winter y la joven se casan y se van a vivir a Inglaterra, a la mansión de Manderley, residencia habitual de Maxim. La nueva señora De Winter se da cuenta muy pronto de que todo allí está impregnado del recuerdo de Rebeca. (FILMAFFINITY)


Recuerda (1945). En el centro psiquiátrico donde trabaja la psicoanalista Constance Petersen (Ingrid Bergman), el Dr. Murchison (Leo G. Carroll) anuncia su retiro de la dirección, en cuyo reemplazo llegará el eminente Dr. y escritor Anthony Edwardes, a quien, justamente, Constance admira muchísimo aunque no le conoce... pero, el mismo día en que el joven y apuesto director (Gregory Peck) es presentado ante los directivos, la psicoanalista comenzará a observar signos de un oculto trauma en el nuevo personaje que, enseguida sabremos, también sufre de una grave amnesia. (FILMAFFINITY)


La soga (1948). A casa de dos estudiantes van llegando los invitados a una especie de fiesta de fin de curso. El invitado que más temen es su tutor y profesor, un astuto criminólogo que sostiene que el crimen perfecto no existe, aunque ellos se han propuesto demostrar lo contrario. En efecto, con su llegada crece cada vez más la tensión y el nerviosismo de los jóvenes. Y no es para menos, porque tienen un cadáver encerrado en el arcón que sirve de mesa para la cena. (FILMAFFINITY)


Extraños en un tren (1951). Inspirada en la novela homónima de Patricia Higsmith. Durante un viaje en tren, Guy, un joven campeón de tenis (Farley Granger), es abordado por Bruno (Walker), un joven que conoce su vida y milagros a través de la prensa y que, inesperadamente, le propone un doble asesinato, pero intercambiando las víctimas con el fin de garantizarse recíprocamente la impunidad. Así podrían resolver sus respectivos problemas: él suprimiría a la mujer de Guy (que no quiere concederle el divorcio) y, a cambio, Guy debería asesinar al padre de Bruno para que éste pudiera heredar una gran fortuna y vivir a su aire. (FILMAFFINITY)


Crimen perfecto (1954). Tony Wendice (Ray Milland), un frío y calculador tenista retirado, planea asesinar a su bella y rica esposa (Grace Kelly) porque sospecha que le es infiel, pero sobre todo porque desea heredar su gran fortuna. Para llevar a cabo su plan, chantajea a un antiguo camarada del ejército y lo convence para que, en su ausencia, entre en la casa y mate a su mujer. (FILMAFFINITY)


La ventana indiscreta (1954). Un reportero fotográfico (Stewart) se ve obligado a permanecer en reposo con una pierna escayolada. A pesar de la compañía de su novia (Kelly) y de su enfermera (Ritter), procura escapar al tedio observando desde la ventana de su apartamento con unos prismáticos lo que ocurre en las viviendas de enfrente. Debido a una serie de extrañas circunstancias empieza a sospechar de un vecino cuya mujer ha desaparecido. (FILMAFFINITY)


Vértigo (De entre los muertos) (1958). Scottie Fergusson (James Stewart) es un detective de la policía de San Francisco que padece de vértigo. Cuando un compañero cae al vacío desde una cornisa mientras persiguen a un delincuente, Scottie decide retirarse. Gavin Elster (Tom Helmore), un viejo amigo del colegio, lo contrata para que vigile a su esposa Madeleine (Kim Novak), una bella mujer que está obsesionada con su pasado. (FILMAFFINITY)


Con la muerte en los talones (1959). Debido a un malentendido, a Roger O. Thornhill, un ejecutivo del mundo de la publicidad, unos espías lo confunden con un agente del gobierno llamado George Kaplan. Secuestrado por tres individuos y llevado a una mansión en la que es interrogado, consigue huir antes de que lo maten. Cuando al día siguiente regresa a la casa acompañado de la policía, no hay rastro de las personas que había descrito. (FILMAFFINITY)


Psicosis (1960). Una joven secretaria, tras cometer un robo en su empresa, huye de la ciudad y, después de conducir durante horas, decide descansar en un pequeño motel de carretera regentado por un tímido joven llamado Norman. Todo parece normal y tranquilo tanto en el apartado motel como en la casa de al lado en la que viven Norman y su madre, pero las cosas no son lo que parecen. (FILMAFFINITY)


Los pájaros (1963). Melanie, una joven rica y snob de la alta sociedad de San Francisco, conoce casualmente en una pajarería al abogado Mitch Brenner. Él, que conoce por la prensa la alocada vida de Melanie, la trata con indiferencia y se va de la tienda dejándola bastante irritada. Ella, que no está acostumbrada a que la traten así, encarga unos periquitos y se presenta en la casa de la madre de Mitch, en Bodega Bay. En cuanto llega, los pájaros, enloquecidos, empiezan a atacar salvajemente a los habitantes del lugar. La situación se agrava a medida que avanzan las horas. (FILMAFFINITY)


 “Cuando se narra una historia en el cine, sólo se debe recurrir al diálogo cuando es imposible contarlo de otra manera”. 
Alfred Hitchcock.
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