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Los Lunes de Culto: The Set Up (1949), de Robert Wise

Boxeo en el cine Estrenada en España con el título de " Nadie puede vencerme ", se...

Boxeo en el cine

Estrenada en España con el título de "Nadie puede vencerme", se trata de un sorprendente film de boxeo dirigido por Robert Wise para la RKO en 1949 y con poquísimos medios. Una serie B dentro del estudio, que tiene la categoría de una clase A con mayúsculas.

Cuando se habla de boxeo en el cine, aunque hay infinidad de títulos sobre el tema, hay 3 o 4 que se consideran imprescindibles. Para el que esto suscribe los mejores son sin duda "El ídolo de barro" (1949) y "Más dura será la caída" (1956), ambos de Mark Robson, y "Toro Salvaje" (1980), de Martin Scorsese. Sin embargo otros films menos interesantes han adquirido más notoriedad por diferentes motivos: "Rocky" (1976), de John G. Avildsen o "Marcado por el odio" (1956), dirigido por el propio Robert Wise sobre la vida de Rocky Marciano.

Sin embargo, "The Setup", primera incursión pugilística en el género de Wise, es en algunos puntos superior incluso a los anteriormente mencionados. Con un argumento muy simple y una duración paupérrima, tan solo 72 minutos, el film es una pequeña joya del género. Pequeña en cuanto a presupuesto y pretensiones nada más. 

El texto contiene spoilers.


Una historia sin artificios

El argumento es muy sencillo. Stoker Thompson (Robert Ryan), boxeador fracasado al borde del retiro, afronta un nuevo combate ante los recelos de su mujer, que intuye un terrible final para su esposo en el ring. Ni su propio manager cree en él, ya que apuesta contra él amañando el combate. Cuando Stoker, en plena pelea descubre que el combate está trucado, decide darlo todo para alzarse con el triunfo. Vence a su rival, pero los gangsters que habían apostado contra él se vengan, destrozándole la mano derecha para que no pueda volver a pelear.

El film engancha y sorprende desde el principio. Solo iniciarse asistimos a un combate de boxeo mientras aparecen los títulos de crédito y sin música de fondo. Los únicos sonidos son los gritos del público, el golpeteo del gong y por supuesto el sonido de los golpes pugilísticos. Esta presentación ya nos denota que la película no tendrá artificiosidades ni ningún tipo de ornamentación. 
De hecho, a lo largo de toda la película, la única música de fondo es la que procede de bares o pubes de la propia ciudad donde transcurre la acción. Es el ruido de la ciudad el que envuelve el film de Wise, un film desnudo como los personajes que refleja. La idea de no usar banda sonora de fondo fue reciclada tan solo un año después y también con acierto por John Huston en la obra cumbre del cine negro "La jungla de asfalto" (1950). Huston utilizaría también la misma idea de no usar música de fondo a lo largo de todo el film, exceptuando la escena final que transcurre fuera de la ciudad.

Otra de las particularidades de la obra de Wise es que el tiempo en el que transcurre la acción es el tiempo real. El film se inicia a las 21:05 horas y finaliza una hora y cuarto después. La idea de usar el tiempo real sería retomada tan solo 4 años después por Fred Zinnemann para su "Solo ante el peligro" (1953). En la película de Wise no ejerce un efecto de suspense, como en el western de Zinnemann, sino más bien de presión psicológica sobre el personaje principal, que ve como el tiempo y la amenaza de retiro sin haber triunfado en su profesión, pesan sobre él como una losa.


La película empieza mostrando a su manager y entrenador apostando contra su pupilo, Stoker, para obtener unos miserables dólares. Confían tan poco en su boxeador que ni siquiera le hacen partícipe del amaño, convencidos que perderá el combate sin necesidad de sobornarlo. Mientras, en un motel de mala muerte, Stoker discute con su mujer porque ésta no puede soportar más palizas recibidas por su marido y decide no ir a ver su pelea.

Posteriormente Stoker se dirige a los vestuarios, donde conversará con otros púgiles y donde veremos pasar una retahíla de personajes. Desde el típico boxeador ya veterano y medio "sonado" después de tantos combates, al jovencito que afronta su primera pelea profesional. Uno de los aciertos de la película de Wise es el elenco de secundarios que pueblan el film, todos ellos excelentes y que parecen todos ellos extraídos después de un cuidadoso casting.


Mención especial merecen los personajes retratados del público que acude a presenciar los combates. Impagables cada uno de los planos de dichos individuos. Y es que Wise no deja títere con cabeza. El submundo en que transcurre la película está lleno de suciedad y corrupción. El público, ávido de sangre, los managers, codiciosos sin escrúpulos y alrededor pululando los gangsters que son los que se benefician de la ola de corruptelas y combates preparados. En este submundo miserable lo único auténtico y noble es el boxeador, por lo que encarnan todos ellos la parte perdedora de este universo.


Perdedores natos

Robert Wise muestra en el personaje de Stoker, un magistral Robert Ryan, la figura del clásico perdedor, que nunca ha conseguido ni conseguirá sus objetivos. En todo momento da la sensación de que el personaje está totalmente desubicado, en un mundo, el del boxeo, cruel y salvaje. Desde el manager que no tiene ningún tipo de escrúpulo, hasta los ya comentados personajes del público que son mostrados como seres insensibles ansiosos de visionar sangre a cualquier precio, todos los personajes y el submundo que envuelve a Stoker son como mínimo despreciables.

Incluso la ciudad ficticia donde transcurre la acción de la película parece una broma macabra sobre el destino del personaje. Paradise City es su nombre y tal como nos es mostrada en la película parece una especie de nueva Sodoma y Gomorra, repleta de suciedad, borrachos, clubes y gigolós como el que intenta seducir a la esposa de Stoker cuando ésta sale a pasear por sus calles. El paraíso al cual alude el nombre de la ciudad parece ser tan falso como todo lo que rodea al mundo del boxeo.

Quizás uno de los pocos puntos débiles del film son las escenas de la esposa del protagonista paseando por las callejuelas, pensando si ir a presenciar el combate de su marido o no hacerlo. Son los únicos momentos de la película en que el guión no es del todo acorde con el resto de lo que se nos está narrando. Pero también hay que entender que en una película cuya acción transcurre en tiempo real hay que darle ciertas concesiones.

Un combate con mayúsculas


El combate de Stoker contra su rival Tiger Nelson merece capítulo a parte. Es posiblemente el mejor combate de boxeo jamás filmado. Especialmente porque siguiendo la tónica del resto del film está filmado sin artificios. Solo dos hombres luchando cuerpo a cuerpo el uno contra el otro. Son, cuidado, 18 minutos de combate en 4 asaltos y la forma de ser filmado no hay duda de que influyó y mucho para las escenas de combate de "Toro Salvaje", filmada 30 años después. Un combate para la historia, filmado en un blanco y negro prodigioso y que las nuevas generaciones deberían estudiar con atención antes de embarcarse en una nuevo film sobre el tema.

Después de recibir una paliza considerable entre las cuerdas, Stoker consigue sobreponerse y tumbar a su oponente, mucho más joven que él. El hecho de comportarse noblemente en el cuadrilátero y vencer a su rival tendrá sus consecuencias. Nadie, en el mundo que nos muestra Wise, puede comportarse honestamente sin recibir su castigo. Nuevamente el film no deja lugar a contemplaciones. El personaje de Robert Ryan es abandonado por todos a su suerte. Ni siquiera tiene tiempo de curarse las heridas, ni de quitarse los calzones de boxeo y tiene que huir de un ring ya vacío, para evitar la venganza del gangster Little Boy. Pero este es un combate que no puede ganar, porque se juega sin reglas. Se resiste fieramente, pero al final, no puede evitar ser acorralado en un callejón oscuro y recibir un castigo que le impedirá volver a ejercer su profesión.

La película al final muestra un pequeño atisbo de luz para el personaje, ya que el hecho de que Stoker tenga que abandonar el mundo del boxeo ofrece un rayo de esperanza sobre su futuro y el de su mujer, en un final que aun así deja bastantes dudas sobre el futuro que deparará a la pareja protagonista.

72 minutos después, aparece el cartel de "The end" en la pantalla. Solo la sirena de la ambulancia que se acerca, como única música de fondo. Un film brillante y sin concesiones.
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