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Los Lunes de Culto: El Nadador, de Frank Perry

Avanzada a su tiempo Maravilla de película y obra de culto para el que esto suscrib...




Avanzada a su tiempo

Maravilla de película y obra de culto para el que esto suscribe. Rodada en 1966 pero estrenada no sin dificultades dos años después, el film fue un fracaso contundente de público y crítica. Pero el paso del tiempo (curiosamente tema central de la película), ha permitido dotar al film de una segunda juventud, especialmente gracias a sus pases televisivos.
La película fue incomprendida en el momento de su estreno, Demasiado extraña y original, cogió de improviso al público de la época. Sin embargo, con el paso de las nuevas generaciones, se ha ido ganando a pulso un puesto en el altar de los films de culto, como suele suceder con todas aquellas obras que se avanzan a su tiempo. Ni que decir tiene que el cine americano que vendría después en la década de los 70, tuvo un gran anticipo con el film de Frank Perry que nos ocupa.

El texto contiene spoilers.


Sinopsis

El relato en el que está basado, de John Cheever, está muy dignamente adaptado por la guionista y en aquel momento esposa del realizador, Eleanor Perry. Desde luego los adjetivos de "extraña" y sobre todo "original" se ajustan perfectamente a la película.  El punto de partida argumental del relato es así de simple: Ned Merrill (Burt Lancaster) tiene la idea de regresar a su hogar cruzando la urbanización en la que vive, pasando por todas y cada una de las piscinas privadas  o comunitarias de la misma. Con esta nimia excusa argumental Ned irá pasando de situación en situación, en una estructura narrativa constituida a base de episodios, emprendiendo un viaje iniciático que empezará mal y acabará peor. En cada uno de estos episodios, el espectador irá descubriendo nuevos aspectos de la vida de Ned, aunque nunca llegará a desvelarse todo el misterio que encubre al personaje. 


Los actores y el director

Si bien el peso de la película radica obviamente en Burt Lancaster, el resto de personajes secundarios que pueblan el recorrido del protagonista, está formado por un elenco de actores excelentes. Especial mención merecen la veterana Kim Hunter, y sobre todo Janice Rule en el papel de la amante despechada de Ned Merrill. 

En cuanto al rodaje no constan muchos datos. Pero es evidente que no fue una balsa de aceite. Prueba de ello es el abandono del mismo por el propio director, Frank Perry, oficialmente por diferencias creativas. El film fue terminado por un entonces joven Sydney Pollack, aunque no consta en los títulos de crédito. No existe mucha información al respecto pero es evidente que el fracaso del film tuvo graves consecuencias para el director Frank Perry, que realizó una muy exigua carrera después de esta película. Una verdadera lástima, a tenor de la potencia de este film y que presagiaba un talento en ciernes.

El guión de Eleanor Perry: interrogantes sin respuesta

Ya desde la primera escena, aunque la situación de reencuentro con viejos amigos es alegre y optimista, se intuye algo raro en el protagonista: verdades a medias y algunos oscuros secretos. A medida que avance el film estos últimos irán cogiendo mayor protagonismo, dejando de lado la felicidad de las primeras situaciones vividas a lo largo del recorrido.

Uno de los puentes fuertes del guión es que en muchos momentos hay más interrogantes que respuestas, más puntos oscuros que claros, dejando la puerta abierta a la imaginación del espectador, de forma que  éste intente acabar de rellenar esos vacíos argumentales.


El guión de Perry está tan bien estructurado que funciona a varios niveles. Cada episodio de la trama argumental funciona perfectamente de manera independiente pero es en el engarce con el resto de capítulos donde radica la mayor fuerza del film.

Es un film que invita a verse con ojos de niño, igual que su inmaduro protagonista, o bien puede profundizarse mucho más en el relato y estudiar las diferentes lecturas que pueden hacerse de una obra con un argumento en apariencia tan banal. Es en este punto donde el film a mi entender pasa de interesante, a extraordinario. 

El síndrome de Peter Pan en 1966

En un nivel de lectura o interpretación es una película que habla de la dificultad de crecer, de madurar y de la fugacidad de la infancia y de la juventud. Su protagonista, un Burt Lancaster en uno de sus mejores papeles, es un moderno Peter Pan que se niega a aceptar la realidad de su decadencia. Acostumbrado a una vida fácil, llena de lujos, fiestas y amistades superficiales, no se da cuenta de que las cosas han cambiado y que la vida a su alrededor evoluciona tan rápidamente que no tiene tiempo a adaptarse.

Aunque en algunos instantes pueda parecer que el personaje de Ned tiene connotaciones negativas (intenta conquistar a unas cuantas mujeres a lo largo de su camino aun sabiéndose desde el principio que está casado y es padre de dos niñas), uno no puede dejar de sentir cierta lástima por él. "Hay muy poco amor en el mundo" le manifiesta a su joven acompañante antes de que ésta huya despavorida.  Y su petición de "Ven conmigo" que lanza a varios personajes del film suena cada vez más a súplica desesperada a medida que avanza el metraje. 


Parece ser que todos los personajes que va encontrándose han madurado mucho más que él.
Significativo el momento en que Ned corre tras el niño en el trampolín pensando que va a saltar sobre la piscina sin agua. Al chico en ningún momento se le ha pasado por la cabeza esa idea, y es un momento clarividente de cuan desubicado está el personaje de Ned en el mundo que le rodea.


El sueño americano hecho añicos

El film también permite visionar una crítica a la sociedad norteamericana de la época, dejando hecho trizas la idea del sueño americano. Prácticamente todos los personajes que vamos conociendo a lo largo del relato, con algunas excepciones, son totalmente superficiales y viven acomodados en un éxito que en algunos casos viene marcado por el tamaño o comodidades de la piscina que poseen en su finca. Especial mención merece el episodio de la pareja nudista, que a pesar de vivir despojados de cualquier vestimenta visible, esconden sus verdaderos pensamientos y los falsean vistiéndolos de los ropajes que se niegan a llevar físicamente.




El río de la vida

Puede interpretarse también el viaje de Ned como un viaje vital a lo largo de la vida de un hombre (como el mismo personaje dice "las piscinas, todas juntas, forman un río").
Desde su nacimiento hasta su muerte, donde cualquier atisbo de anclarse en el pasado y evitar el crecimiento y la madurez, es respondido con rechazo por parte de la propia naturaleza y del mundo que le rodea. 
En este sentido es clara la escena inicial donde vemos al personaje de Ned, lleno de fuerza vital, aparecer desde el bosque, en plena naturaleza y prácticamente desnudo, en la primera finca donde inicia su recorrido. A lo largo de las diferentes visitas a los personajes que pueblan la urbanización, descubrirá el aspecto amargo de la existencia, descubrirá que es imposible vivir sin hacer daño a la gente o que le hagan daño, y la crueldad de descubrir que muchos de los aparentes momentos de felicidad de su existencia no eran tales.

Cuando ya no queda nada en Ítaca

Imposible también evitar la comparación con el viaje de Ulises a Ítaca. Como en el caso de Ulises, también Ned trata de regresar a su propia Ítaca. Pero a diferencia del personaje de Homero, Ned Merrill parece no ser bienvenido a su hogar. Las pruebas que deberá pasar Ned para volver a casa no será enfrentarse a hechizos, cíclopes ni a cantos de sirena, pero no dejan de suponer retos para el protagonista en la misma medida que lo son las peripecias de la Odisea para Ulises.




Aunque todo el sentido del film apunta hacia el final del mismo, uno no puede dejar de sentirse aplastado como el protagonista por ese cruel final en el que Ned, bajo la tormenta, herido, sucio y empapado, llega por fin a lo que antaño fue su casa, para descubrir una mansión vacía y una puerta cerrada. Sus golpes y llantos contra la puerta, no por menos esperados, surgen un efecto extraordinariamente dramático. Por fin el protagonista descubre, al final de su viaje (¿de su vida?) que en el momento de la muerte, nadie vendrá a socorrerle. Hasta le es negado el consuelo del perro Argos... Un final potentísimo para un film excelente.


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