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Los Lunes de Culto: El Club de la Lucha, de David Fincher.

En Los Lunes Seriéfilos nos hemos propuesto hacer una selección de un conjunto de cintas que ...



En Los Lunes Seriéfilos nos hemos propuesto hacer una selección de un conjunto de cintas que hoy son consideradas auténticos clásicos del género, obras de culto, pero que en su momento fueron un fracaso de crítica y público. 

Empezamos nuestra sección con El club de la lucha (David Fincher, 1999), desobedeciendo –y asumiendo el riesgo que esto conlleva- la advertencia que nos hace Tyler Durden: “la primera regla del Club de la Lucha es que nadie habla sobre el Club de la Lucha”.

El texto contiene spoilers.






"Me has conocido en un momento extraño de mi vida”: sinopsis.

Un hombre (Edward Norton) del que no conocemos el nombre –el personaje focalizador, al que designaremos como “el narrador” a partir de ahora- siente el peso de una existencia vacía sobre sus hombros. Su puesto en una gran multinacional de automóviles le hace viajar constantemente, y en uno de los vuelos conoce al enigmático Tyler Durden (Brad Pitt). El narrador se instala en la mansión abandonada donde vive Durden y, juntos, deciden crear “El Club de la Lucha”, una organización secreta que organiza veladas en las que sus miembros luchan cuerpo a cuerpo entre sí. El Club es cada vez mayor y el narrador parece haber encontrado algo que dé sentido a su vida, pero todo se complica con la aparición  Marla Singer (Helena Bonham Carter), una mujer misteriosa a la que el narrador ha conocido en un grupo de apoyo para personas con cáncer, y con el desarrollo del proyecto “Mayhem” que Durden quiere poner en práctica.




"Debo decirle que tendría mucho cuidado de con quién habla de eso. Porque la persona que escribió eso es peligrosa”: sobre Chuck Palahniuk y la producción de la película.

El Club de la Lucha es una adaptación de la controvertida obra homónima de Chuck Palahniuk. El manuscrito llegó a manos de Laura Ziskin, miembro del equipo de producción de Fox 2000, quien pronto se propuso llevar a la pantalla la novela, dificilísima de adaptar. Se barajaron varios nombres a los que encargar la dirección de la cinta (entre ellos Peter Jackson y Bryan Singer), pero finalmente el equipo se decantó por David Fincher, que dirigiría magistralmente el guión de Jim Uhls.

La insistencia de Ziskin en la viabilidad del proyecto chocaba con la poca repercusión que tuvo el libro de Palahniuk en el que se basaba, y esta pudo haber sido una de las causas de su fracaso en taquilla: apenas consiguió recaudar la mitad de lo que había costado. El propio Palahniuk cuenta, en el prólogo a una reedición de su obra, cómo llevó a cabo la creación del libro y su paso a la gran pantalla. “[Antes del libro] había sólo un relato. No fue más que un experimento para matar el rato durante una tarde de poco trabajo (…). Para convertir el relato en libro, añadí todas las historias que mis amigos podían contar. Cada fiesta a la que acudía me daba más material. Como la historia en que Mike mete trocitos de porno en películas para niños. Como la historia en que Geoff se mea en la sopa mientras hace de camarero en banquetes (…). Con todo, [el libro] ganó el premio Pacific Nothwest Booksellers de 1997, y el Oregon Book de 1997 a la mejor novela. Un año más tarde, en el bar literario KGB del sur de Manhattan, se me presentó una mujer. Era la presidenta del jurado del premio de Oregón, y me dijo que había tenido que luchar con uñas y dientes para convencer a los demás miembros (…). Un año más tarde, en el mismo bar se me presentó una mujer que me dijo que iba a diseñar el pingüino animado por ordenador para la película de El Club de la Lucha. Luego llegaron Brad Pitt y Edward Norton y Helena Bonham Carter”.



Los personajes.

-“Si te despertaras a otra hora en otro lugar... ¿te despertarías siendo otra persona”: el narrador. El desarrollo de El Club de la Lucha se centra en el punto de vista del personaje que interpretó magistralmente Edward Norton. Aunque queda eclipsado siempre por la figura de Tyler Durden, el narrador lo es todo y los ciento treinta y nueve minutos de rodaje no abandonan jamás su personalísimo universo. Tyler Durden es su conversión, el único que puede salvarle, el detonante del cambio: asistimos a la trasformación de un ser hastiado y superficial en un hombre torturado y complejo, que camina frenéticamente a través de los senderos de la violencia y la autodestrucción. 



-“No quiero morir sin tener cicatrices”: Tyler Durden. El personaje encarnado por Brad Pitt ha conseguido convertirse en todo un icono de la cultura popular. Durden es todo a lo que aspira el narrador: valiente, impulsivo, poseedor de un atractivo animal, oscuro. Tyler Durden en la expiación del narrador, el medio para a sí mismo por haberse permitido llevar una vida mediocre. El espectador debe estar muy atento a sus apariciones en pantalla, mucho antes de que el personaje haya sido presentado. Poco más podemos decir sobre Durden: las imágenes hablan por sí mismas.



-"El pequeño rasguño en el cielo de la boca que cicatrizaría si pudieras dejar de irritarlo con la lengua, pero no puedes”: Marla Singer. Sólo Helena Bonham Carter, acostumbrada a personajes sombríos, pudo haber encarnado la oscuridad de Marla. Pero, paradójicamente, ella es la luz en la vida del narrador, la amiga/amante incondicional que le apoya hasta cuando cae en los abismos de la locura. La inmersión de Bonham Carter en el papel fue total, viendo El Club de la Lucha llegamos a la conclusión de que comprende realmente a Marla, algo a lo que la mayoría de actores aspiran y que es muy complicado de conseguir. Un detalle que a priori puede parecer insignificante nos ejemplifica este hecho: se cuenta que la actriz pidió a la maquilladora que hiciese todo su maquillaje con la mano izquierda, porque no creía que Marla se preocupase ni fuese buena en esa clase de cosas. Esta simbiosis actriz-personaje desembocó en una de las mejores interpretaciones de su carrera. 

Atención también a los papeles de Jared Leto y de Meat Loaf.




“Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seriamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock, pero no lo seremos y poco a poco lo entendemos, lo que hace que estemos muy cabreados": la repercusión de El Club de la Lucha.

El fracaso de El Club de la Lucha durante el tiempo que estuvo proyectada en los cines parecía vaticinar su pronto olvido. Nada más lejos de lo que realmente sucedió. Con el paso de los años, el público la ha encumbrado como una película de culto, y ha pasado a tener un papel de peso en el imaginario colectivo de la cultura cinematográfica de los últimos quince años. Palahniuk también retrata este hecho en el prólogo de la edición que hemos citado anteriormente. 

En él, ironiza sobre el hecho de que la mayor parte de los espectadores –y admiradores- de la cinta desconocen que ésta adapta su obra, y señala numerosos ejemplos que reproducen la grandísima influencia del filme en la sociedad. Cuenta la anécdota de su conversación alcoholizada con un hombre en un bar, al que había escuchado citar algunas líneas de la película: “Le digo que ese libro lo escribí yo (…). El vaquero, desde la oscuridad, me dice: “¿qué escribiste?”. El Club de la Lucha, le digo (…). Me dice: “¿había un libro?”. Sí. Antes de que hubiera la película… Antes de que hicieran redadas en los clubes de la 4-H de Virginia por organizar clubes de la lucha… Antes de que me empezaran a llamar redactores jefe de periódicos y revistas, preguntándome dónde podían encontrar un club de la lucha típico cerca de donde estaban, para poder mandar a un reportero de incógnito que escribiera un artículo largo, asegurándome que no me echarían por tierra la naturaleza secreta de ninguna sección del club… Antes de que la Universidad de Pensilvania organizara un ciclo de conferencias donde una serie de académicos diseccionaban El Club de la Lucha a partir de referencias que iban desde Freud hasta la escultura en tela, pasando por la danza interpretativa… Antes de que uno pudiera caminar por un aeropuerto y oír anuncios falsos por megafonía llamando a “Tyler Durden, por favor, que Tyler Durden coja el teléfono de asistencia blanco más cercano”…. Antes de que uno encontrara grafitis en Los Ángeles, pintadas a spray que afirmaban: “Tyler Durden vive”… Antes de que mi nevera se cubriera de fotografías que me mandaba gente desconocida, caras sonrientes y llenas de hematomas y gente peleando en rings de boxeo montados detrás de sus casas…”.

La crítica se dividió en su calificación de la cinta. Algunos la atacaron duramente, llegando a considerarla “basura filofascista” que alentaba a la formación de milicias urbanas (en alusión al proyecto “Mayhem” de Durden). Otros consideraron que vaticinaba un cambio en la política estadounidense, la llegada de una nueva generación anti-materialista –aquellos que habían descubierto que no son eran trabajo, ni su cuenta corriente, ni el coche que tienen, ni el contenido de su cartera, ni sus pantalones, sino la mierda cantante y danzante del mundo- que traería consigo una nueva era. Otros sencillamente la creyeron una película fallida y pretenciosa, que se ahogaba en la repetición de unas cuantas máximas vacías y en una dirección prosaica.

Su carácter controvertido la ha elevado a película de culto. Amada por unos y odiada por otros, lo mejor es que ustedes mismos se sumerjan en el universo complejo, oscuro e hiperviolento que Palahniuk, Fincher y Uhls crearon y saquen sus propias conclusiones.



Un último detalle.

El Club de la Lucha contiene numerosos elementos visuales -cargados de significado- que el espectador sólo percibirá cuando ve varias veces la película. Un ejemplo son las cinco veces que Tyler Durden aparece fugazmente en pantalla antes de que nos haya sido presentado como personaje: cuatro de ellas a través de rápidos fotogramas, (en la calle, en la oficina del narrador, en una de las reuniones de enfermos de cáncer y en la consulta de médico) y la quinta entre los camareros que aparecen en la televisión que el narrador ve en una habitación de hotel. 





Otro, que el número que Marla Singer da al narrador es el mismo que el número de Teddy en la película Memento, de Christopher Nolan. 




O que en una secuencia de la película se puedan ver los anuncios de una película de la filmografía de cada uno de los tres protagonistas: Siete años en el Tibet, de Brad Pitt; El escándalo de Larry Flint, de Edward Norton; y Las alas de la paloma, de Helena Bonham Carter.





Sin embargo, es especialmente relevante la imagen que aparece en pantalla, sólo durante un segundo, al inicio de la película y que, como podemos comprobar, nos resume el contenido de la misma:




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