Camino al Oscar 2015: Quiero reivindicar un Oscar para... Edward Norton





Edward Norton ha sido siempre uno de los grandes olvidados de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas estadounidense. Cuenta en su haber con dos candidaturas para conseguir la preciada estatuilla, pero en ninguna de ellas obtuvo el galardón: en 1997 competía como actor secundario por Las dos caras de la verdad (Gregory Hoblit, 1996), pero Cuba Gooding Junior le arrebató el premio con su interpretación en Jerry Maguire; y en 1999, cuando aspiraba al Oscar al mejor actor principal por American History X (Tony Kaye, 1998), no pudo derrotar al Roberto Benigni de La vida es bella.




Uno de los motivos por los que nunca ha recibido el máximo reconocimiento de la Academia se debe al alto nivel de la competencia a la que tuvo que hacer frente en sus dos candidaturas. Roberto Benigni era el claro favorito en 1999, y la elección de Cuba Gooding Junior en 1997 tampoco fue una sorpresa. Sin embargo, existe un segundo factor que ha sido determinante para explicar la injusticia que hoy venimos denunciando: Edward Norton no ha sido nominado por interpretaciones que sí habrían sido merecedoras de reconocimiento. Claro es el ejemplo de La última noche (2002), una notabilísima creación de Spike Lee que pasó bastante desapercibida. Norton supo empapar de verosimilitud a su Monty Brogan, tratando sin victimismos efectistas todo aquello que se revuelve en el interior del personaje: la angustia, el miedo a la cárcel y la firme lealtad –aunque haya indicios que parecen conducir al desvelamiento de una traición- a sus seres queridos. Algo similar sucede con su trabajo en El Club de la Lucha (David Fincher, 1999), El ilusionista (Neil Burger, 2006) o En el valle (David Jacobson, 2005). Las tres contienen enormes interpretaciones de Norton que fueron totalmente ignoradas.



Pero Edward Norton no es sólo un excelente actor, sino que también es un notable director y productor. En el año 2000 llevó a la pantalla Más que amigos, una película mediocre que sólo destaca, precisamente, por el trabajo del de Boston como director. Cuentan también las malas lenguas que Norton se involucró tanto en la producción de American History X que terminó co-dirigiéndola con Kaye -que se estrenaba con esta cinta como director de largometrajes- y que fue el responsable del montaje final.

Es innegable, asimismo, su buen hacer como productor: Hojas de Hierba (Tim Blake Nelson, 2009), El velo pintado (John Curran, 2006), Amor sin control (Stuart Blumberg, 2012) o el corto My own Man (David Sampliner, 2014), entre otras, cuentan con su sello.




En definitivas cuentas, desde Los Lunes Seriéfilos hacemos una firme reivindicación: por los motivos expuestos y por otros muchos, ya es hora de un reconocimiento del Norton actor (el director y el productor no nos corren, todavía, tanta prisa) por la Academia de Cine norteamericana. 

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