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Review Mad Men 7x04 The Monolith

El 4º episodio de esta séptima temporada de Mad Men empieza tirando la 1º de varias fichas de d...


El 4º episodio de esta séptima temporada de Mad Men empieza tirando la 1º de varias fichas de dominó. En la escena, Peter Campbell se encuentra en un restaurante con un antiguo trabajador de la compañía Vicks, quien además de sorprenderle con la noticia de que el suegro de Pete tuvo un ataque al corazón, le da la oportunidad de competir para representar a su nueva compañía: Burguer Chef.

La posibilidad de adquirir una cuenta con hasta 3 millones de facturación pone en el mismo equipo creativo a Don Draper y Peggy Olson, quiénes protagonizarán uno de los encuentros (o mejor dicho, desencuentros) más esperados. Esa mera cena con la que comenzábamos la review desencadenará el forzoso encuentro entre Peggy y Don, además de una recaída en el alcohol de este último, incapaz de manejar su nueva situación laboral. Aparte de ver al Draper más dolorosamente apartado de las importantes decisiones que antes orbitaban en torno a él, también comenzamos a contemplar al creativo esclavizado, el talento que de repente debe acostumbrarse a empezar desde 0 (from the bottom en inglés, algo que quizás Hamm confundió con the bottom of a bottle y de ahí su episodio alcohólico) cuando ha se había acostumbrado a las vistas de los últimos pisos del rascacielos social y empresarial.

En medio de todo esto, una inofensiva banderita de los New York Mets provoca en Don una sensación opresiva de melancolía y depresión, recordando al anterior ocupante de su nuevo despacho (ahora fallecido). Esa banderita adquiere un valor y lugar especial y honorífico, al ser testigo de tiempos mejores en los que Don seguía siendo el centro del sistema solar de la agencia publicitaria. Otra situación muy jugosa e interesante de este 4º episodio es el enfrentamiento entre dos concepciones del negocio publicitario: lo tradicional contra lo vanguardista, la vetusta sala creativa contra la avanzada tecnología punta de un superordenador que ocupaba por aquel entonces varios metros cuadrados. La infinita capacidad de almacenamiento y procesamiento del nuevo chisme frente a la finita y humilde existencia del ser humano.

Por último, como tema recurrente, vuelve a aparecer el problema y drama de la paternidad. En esta ocasión, en el seno de la familia Sterling. Hay que agradecer la excursión extraescolar de Roger y su exesposa a una comuna hippie en busca de su hija fugada, que le otorga a la serie un balón de oxígeno al que agarrarse con el claro protagonismo de Draper y la danza de estocadas entre éste y Peggy.


Llevemos el tipo de vida que llevemos, pertenezcamos a la clase social que pertenezcamos, siempre hallaremos la manera de encontrar nuevos problemas que se sitúan en nuestra existencia entre nosotros y la felicidad. Éste es uno de los argumentos principales que se encarga de abordar Mad Men: la vida de los adinerados empresarios y sus respectivos seres queridos, allegados, amigos... no es una habitación color de rosa con unicornios pintados. El ser humano es el Google de buscar y hallar nuevos problemas, una vez hemos superado los primeros escalones fisiológicos y esenciales de la pirámide Maslowiana, nos toca ponernos el mono de trabajo y embarrarnos para seguir localizando nuestro siguiente problema al que hacer frente. Tras asegurarse lo justo para sobrevivir, somos capaces ya de poder sentirnos solos en medio de una multitud (paradigma de la soledad moderna) o encontrarnos encerrados en medio de una lujosa habitación con nuestra asquerosamente idílica familia. El ser humano nunca descansa inmerso en su pesimismo congénito. La pregunta sin respuesta es: ¿Cómo se le hace frente a este comportamiento? ¿Huyendo hacia la tentadora y aparentemente ausencia de ataduras que caracteriza el estilo de vida hippie? ¿O tratando de hacer frente a nuestros problemas recurriendo a la ayuda necesaria? Podríamos seguir teorizando sin hallar una respuesta correcta.

Afortunadamente, el existencialismo y pesimismo sólo han inundado la habitación hasta los tobillos del espectador y el final del capítulo deja claramente un mensaje: en el 7x03 el fantasma de Don Draper volvió a la agencia. En este 7x04, el Draper de carne, hueso y glóbulos rojos vuelve a pisar las baldosas de la oficina. Y nosotros estamos ahí para verlo.


Como detalle curioso, hay un par de menciones al hecho de “poner un hombre en la Luna”. Situémonos. Año 1969. Probablemente escasos meses antes de que Neil Armstrong pisase por primera vez el afamado satélite planetario. Un nuevo guiño de los guionistas a esa Historia que tanto se esmeran en preservar y que es uno de sus principales valedores.
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