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Después de 1900 años... Clau, Clau, Claudius fue escuchado...

"I Claudius" (Yo, Claudio) siempre ha sido una de esas series que he tenido en la recá...


"I Claudius" (Yo, Claudio) siempre ha sido una de esas series que he tenido en la recámara desde hace años. Siempre con ganas de verla, pero la ajetreada vida seriéfila hace que te olvides de ella. Seguir la actualidad seriéfila es una ardua tarea, y hace que entierres joyas. Eso es precisamente es "I Claudius" un verdadero diamante que tiene 38 años (tiene más años que yo :P). Fue emitida en 1976 por la BBC. La miniserie adapta dos novelas de Robert Graves Yo, Claudio y Claudio, el dios, y su esposa Mesalina

Para situarnos la miniserie hace un recorrido desde el punto de vista de Claudio, desde el emperador Octavio Augusto hasta el mismo Claudio como emperador de Roma. Este relato autobiográfico nos cuenta todos los entresijos de la dinastia Julio - Claudia, desde el alzamiento de Octavio Augusto como primer emperador de romano.

La Sibila, la mitológica profetisa, le concede el honor de verla. En ese momento empieza la serie, que no la historia de Claudio. De hecho estamos viviendo con él, sus últimos años de vida mientras escribe la historia de su familia. Un documento que perdurará durante cientos de años, para que al final Claudio sea por fin escuchado. Aunque los comienzos de Claudio no fueron fáciles, ya que nació con varios problemás físicos: Un tartamudeo evidente, un "tic" en la cabeza y una evidente cojera crónica. Esta aparencia y también su "supuesto" retraso mental hace que sobreviva a un mundo oscuro y cruel, para contarnos una historia de traición, poder, politica, religión, etc.


Después de tantos años "Yo, Claudius" envejece estupendamente, los diálogos siguen siendo igual de creibles y magníficos tantos años después. Estos forman parte de un excelentísimo guión. Esto quizás es lo más grande que tiene, y es que la serie no pierde fuerza por la escases de medio de la misma (es evidente). Esta serie puede ser un ejemplo de como adaptar un guión a un presupuesto bajo. La manera de solventar las "adversidades" son brillantes. No vemos ninguna batalla, ni si quiera el circo, pero de alguna manera los sentimos y vivimos a través de los diálogos, de la voz en off del narrador, de las expresiones de los personajes, de las consecuencias, etc. En definitiva un buen hacer narrativo, en el que en todo momento el espectador es partícipe de ello

Evidentemente los escenarios son evidentemente teatrales y con poca profundidad, pero para mi sí que hay un juego con el espacio envidiable. Jugando con el enfoque y desenfoque para lograr lograr da profundidad y dinamismo a la imagen. La puesta en escena de los personajes a lo largo de los escenarios logra romper con la sobriedad. Tampoco podemos decir que la fotografía sea muy boyante, más bien plana. La consecuencia lógica de optar por esa puesta en teatral, debido a lo que he ido diciendo. En cuanto al estilo podemos encontrar tonos irónicos y cómicos, en una obra donde la muerte/drama es su símbolo por excelencia.

Pero toda esta puesta en escena sobria y "pobre" se supera con la grandeza del guión y del excelente reparto. Hay que fijarnos en el gran trabajo actoral de "Yo, Claudio", que es realmente maravilloso. Actores/Actrices que dan vida a unos personajes que logran proyectarse más allá de la pantalla. El reparto es muy grande debido a la gran cantidad de personajes que entran y salen en la miniserie, pero podía citar a los que más me gustaron: Siân Phillips (Livia), Brian Blessed (Octavio Augusto), Derek Jacobi (Claudio), John Hurt (Caligula), George Baker (Tiberio) y Sheila White (Mesalina). Aunque resaltaría el trabajo de Sian Phillips y de Derek Jacobi. El gran guión trae consigo unos personajes perfilados a la perfección y creibles. Pero sobre todo hay que admirar el gran catálogo de personajes malvados: La despiadada Livia, el pelvertido Tiberio, el loco Caligula, el ambicioso Senjano, la adicta al sexo Mesalina, la malnacida Livila, el temido Nerón, y alguno más que me haya dejado.


Sobre todo "Yo, Claudio" es una inefable lucha por el poder, que se realiza en los pasillos y/o habitaciones. Es una lucha en el mismo corazón del poder, y eso es lo que palpamos en estos trece capítulos. Que no es más actúal que la lucha por el poder tanto político, social, económico y religioso que vivimos en plena crisis mundial. Al fin y al cabo somos victimas de esa lucha como en su día fue el pueblo de Roma en "Yo Claudio", por la volatilidad y narcisimo de sus emperadores, que sumieron a Roma en una de sus épocas más oscuras. Aunque en la actualidad es más complejo que un simple envenenamiento, las consecuencias son parecidas. La gran Livia es el exponente máximo de esa lucha por el poder, controlaba todo a su alrededor movía los hilos a su antojo, para llevar todo donde ella quería. Era un ser frio, inteligente, cerebral y calculador que sabía tener todo bajo control en cada momento. Ella tenía un objetivo y le daba igual a quien se llevara por delante. Pero no solo ella, entre las bambalinas del imperio romano se movian todo tipo de personajes que en mayor o menor escala buscan su trozo de pastel, e incluso la de su propia supervivencia.  En esa sala de máquinas que maneja el imperio romano se tejen conspiraciones, traiciones y envidias entre de los diferentes grupo de poder ya sea familiar y/o politico. Esa misma lucha es capaz de acabar con miembros de la misma familia, e incluso matar a gente inocente solo por tener potestad del poder. De esta carnicería a causa de la ambición por dominar la fuente del poder, nos quiere avisar Claudio a su manera: Una autobiografía de toda su familia. Claudio, Gérmanico y algún personaje más son quizás los que "podemos" poner en el lado de la balanza de lo ético. Pero sobre todo es Claudio que es el único que sobrevive a toda esta matanza gracias a ser "tonto". Aunque de todo no es ni un pelo, y quizás sea el más inteligente por lograr cruzar vivo un estanque lleno de tiburones.


En una época, en la que nos sitúa "Yo, Claudio", donde los hombres dominaban en todas la facetas de la vida, para mi quien dominaba de verdad los entresijos de Roma eran las mujeres. No tienen fuerza física pero ellas tienen las mejores arma posible: La seducción, la inteligencia y el poder reproductivo. Todos los hombres, excepto Caligula por su alma de psicópata, caen en las redes de Livia, Livila, Mesalina y cía. No les estoy entregando un papel con connotaciones negativas, ya que para mi en realidad quieren conseguir el poder igual que los hombres. Livia es sin duda la mujer por excelencia en "Yo, Claudio" y no puedo admirar más a este personaje. Ella controla y maneja a la perfección a los hombres, buscando sus puntos débiles (carnales, politicos, sentimentales, etc..) en función de sus intereses. Ante todo mira por ella y después por Roma. Prototipo de mujer fuerte, paciente e inteligente

Luego encontramos a Livila y Mesalina que para mi son un poco el contrapunto a Livia. Ya que mientras que Livia es paciente y sabe utilizar su armas con sutileza, ellas son mujeres nerviosas y borrachas de hambre de poder. Lo mejor que saben hacer es usar el erotismo y la seducción como arma principal para subyugar a los hombres. Son dos formas distintas de conseguir atrapar a los hombres, pero a Livila y Mesalina les faltó inteligencia. Ya que cometieron demasiados errores. Antepusieron el poder carnal a un poder más cerebral.

Aun así exceptuando estas mujeres y alguna más, en general tienen un papel secundario en la sociedad romana: Madres, prostitutas, bailarinas, sacerdotisas, etc.


"Yo Claudio" aunque ya he hablado que sobre todo es una serie que retrata la lucha por el poder, ante todo es la historia de un superviviente, Claudio. Este gracias a sus problemas físicos y "mentales" lográ sobrevivir al nido de víboras. Varias veces podemos escuchar de boca de varios personajes "Hazte el tonto, Claudio", y eso es lo que hizo. A través de sus ojos ve como su familia al completo se va destruyendo poco a poco. Se enfrenta a tragedias, muertes y traiciones mientras que su odio al sistema político instaurado por Octavio Augusto es cada vez mayor, ya que él es un enamorado de la Republica.

Su coronación como emperador es cómica y a la vez trágica, tras el golpe de estado a Calígula. Con esto rompía su frágil "tranqulidad", pero era eso o la muerte. Su "dulce" matrimonio con Mesalina duró poco, una mujer con ansias de poder pero que le pudo su estupidez. Un Claudio muy mayor y cansado, que nunca quiso gobernar, y deja sin más remedio el imperio de Roma en manos de Nerón. Un hombre que pierde totalmente la en que algo pueda cambiar. Su única razón de ser es la profecía que la Sibila dío a su abuela Livia.


Para terminar, como era de esperar en una serie contextualizada en el imperio romano, la religión, las profecías y la superstición es una parte importantísima de la sociedad. Los dioses romanos están en todas las facetas de la vida, y a ellos una vez tras otra ponen en sus manos los deseos y anhelos de los personajes.

En conclusión, "Yo, Claudio" es una de esas joya que todo seriéfilo tiene que ver una vez en su vida. Espero que este texto, sirva a todo el mundo para mirar al pasado y disfrutar de esta joya. ¡Recomendadísima!

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