Crítica: Philomena (2013), de Stephen Frears



Triste es que el caso de Philomena Lee es real. Pero así es. Esta mujer irlandesa que, tras quedarse embarazada cuando era adolescente, se vio obligada a dar a su hijo en adopción. Sin embargo, la historia no empieza hasta que Philomena percibe una sensación de alerta en los años de su vejez.  Esa sensación de que necesita cerrar las carpetas que estaban ocultas bajo llave. Y lo hace a través de la mirada de alguien que ve las cosas desde la distancia; sin la ofuscación de las presiones sociales que el mundo cosmopolita ejerce sobre nosotros. 


Porque en el fondo, el film va sobre eso. Es la contraposición del cínico hombre moderno y la amable ancianita del mundo antiguo. Y utiliza esta yuxtaposición para hacer avanzar el film. Un recurso que si bien le cuesta avanzar al principio y que mete a colación algún momento forzado de comedia, según avanza el film va mejorando hasta un gran final.


Cualquiera hubiera caído en el melodrama barato de violines. Pero Stephen Frears sabe que la flema británica  tiene esa capacidad de tratar de forma aparentemente liviana los temas más “profundos” de forma más atinada. Porque, bajo esa falsa superficialidad se puede retratar mejor la naturaleza de los conflictos dramáticos. Philomena lo sabe muy bien aunque a Martin Sixscmith le cueste entenderlo. Es parte del subtexto.


Sin embargo, Steve Coogan tiene el papel más complicado de la función. Es tan frío y tan poco ducho al lucimiento pero ajustado a lo necesario para la función. Sí, porque Judi Dench se va a poner la audiencia en el bolsillo. Ella sí se puede lucir con su entrañable personaje. 


Además de este idea de base, el film prescinde del relleno a partir de la mitad; y empieza a encadenar una serie de hechos muy bien hilvanados que nos llevarán a in crescendo que como hemos apuntado está muy bien conseguido.  De tener un inicio más sólido, amén de sortear previsibilidad inicial (que por fortuna acaba siendo falaz), hubiera sido una gran película. Nos queda sin embargo, con una cinta muy notable ( y mucho más de lo que parece) cuyas virtudes rebosan sentimiento genuino, economía de recursos (poco más de hora y media hora. ¿Para qué más) y la convicción de que si viéramos el mundo con los ojos de Philomena, todo sería un poco mejor. Como mínimo. Y eso en estos tiempos que corren no está del todo mal…

NOTA: 7,5

COMENTARIOS