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Crítica de 'Nebraska' (2013), de Alexander Payne

¡ENHORABUENA, ACABA DE GANAR 1.000.000 DE DÓLARES! En decenas de ocasiones habremos visto un m...


¡ENHORABUENA, ACABA DE GANAR 1.000.000 DE DÓLARES! En decenas de ocasiones habremos visto un mensaje similar a éste sin darle importancia. Tendríamos que esperar a la llegada del realizador Alexander Payne para que una premisa tan vulgar diese lugar a toda una arquitectura emotiva, que mezcla géneros y se excusa en el viaje de un hijo y su padre a la búsqueda de una fortuna inexistente que no obstante les proporcionará a ambos dividendos en forma de cariño y afecto.

‘Nebraska’ es polisémica y algunos de sus significados son a la vez contradictorios, lo que no hace más que afianzar su resultado final. ‘Nebraska’ es sobre la vejez, pero también sobre la niñez por el permanente memorándum del pasado en diversos fragmentos de la película y el parecido entre ambas etapas (la ilusión, la tozudez y la fantasía de Dern son síntomas básicos presentes en cualquier niño). ‘Nebraska’ es un drama pero también una comedia (inspirada gracias a un notabilísimo guion destacando las líneas del afilado humor negro que contiene).

‘Nebraska’ también es una reflexión sobre la vida, la familia y el vínculo paterno-filial. Una pequeña y reconfortante historia que acoge al espectador con los brazos abiertos y lo invita a un café en su sala de estar. Dentro de esa línea del tiempo horizontal a través de la cual viajamos y dominada por el tono dramático encontramos tramos dónde la cobertura para la tristeza es inexistente y son los pequeños (y al mismo tiempo ciclópeos y verdaderamente importantes) detalles los que toman el control de la situación de manera efímera pero permanente en la memoria.

Mención especial al cásting (cada actor parece que se esté interpretando a sí mismo, y eso es lo máximo a lo que se puede aspirar) destacando a Bruce Dern y a la dirección de Alexander Payne, que mantiene e incluso supera el nivel de ‘Los descendientes’ (2011) de Clooney y quien curiosamente dirigió a la hija del propio Dern en su debut fílmico ‘Ruth: una chica sorprendente’ (1996).

Lo único que alegar en su contra: a pesar de que su duración simplemente coquetee con las 2 horas, la sobriedad que empapa cada plano fijo y largo e incluso el blanco y negro de la imagen pueden llegar a condensarse en forma de aburrimiento durante alguna fase concreta y localizada del largometraje. Si obviamos esto, podemos disfrutar de una historia bien narrada e interpretada que penetrará en nosotros bajo la inocente apariencia de un caballo de Troya para tomar nuestro hemisferio derecho y conmovernos fuertemente.


LO MEJOR: es una historia tan llana que no encuentra obstáculos para llegar al espectador.
LO PEOR: la tentación de utilizar las vidas recién adquiridas del Candy Crush durante episodios concretos del filme.

NOTA: 8
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