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Crítica: 'El Lobo de Wall Street (2013), de Martin Scorsese

Que nos creemos que nuestra sociedad está levantada por grandes personalidades.   Por tipos re...


Que nos creemos que nuestra sociedad está levantada por grandes personalidades. 
Por tipos rectos, de alta barbilla, que tienen unos valores de hierro y unas creencias que su mano privilegiada pone a nuestro alcance, oh simples mortales. Que si ocupan grandes cargos y suntuosos despachos en altos rascacielos es porque se los han ganado. 
Scorsese va al baño de realidad: esos tipos... son gilipollas. Gilipollas, con mayúsculas. Tanto como tú y como yo. Y si llegaron ahí, fue porque en un momento determinado vieron como sacar partido de la gilipollez que les rodeaba.
No hay prisa por venderte esta idea. Porque al igual que un buen broker, Scorsese solo te va a mostras, y tú decides. 
Si digo que 'El Lobo de Wall Street' contiene algunas de las mejores escenas de juerga que se han visto nunca, comprendo que no se crea. Si además digo que, en esas escenas, aparecen todo tipo de salvajadas, tíos y tías completamente desnud@s y hasta monos, también lo comprendo. Pero es que Scorsese ha pisado el acelerador y gasta la energía de un titán: en su cámara, tanto muestrario de gilipollez humana nunca ha resultado tan chiflada. 
En todas las escenas en que otras películas girarían el plano, la sugerencia aquí no es virtud, esos gilipollas tienen que ser retratados en su propio entorno, y tú participas.

El mayor gilipollas o genio de todos es Jordan Belfort, y de su mano nos lleva por los entresijos de una Wall Street, esa que todos visualizamos seria y llena de números, como una bacanal romana de absoluta libertad, a follar todos y mañana ya si eso limpiamos. 
Leonardo Dicaprio no es que solo dé El Recital, sino que pocas veces estará tan enorme: genio y figura, guapito rompebragas, depredador ejecutivo, tonto de remate, drogadicto desfasado... si aguantamos tres horas es porque él nos lo está contando, y sabe que no nos interesan una mierda los números, solo enseña porque sabe qué es lo que queremos ver y pasárnoslo tan bien como él.


Lo peor es que estamos en el típico relato de ascenso y caída, e inevitablemente se teme el momento en que el Gilipollas Mayor cuelgue los hábitos y sea perdonado por la sociedad. 
Scorsese dice: NO EN MI HISTORIA, CABRONES.
Jordan Belfort nunca ha buscado la redención. No la necesita. Lo único que necesita son su manada de lobos despellejando a una sociedad americana demasiado confundida una y otra vez. 
El no juega para ganar, ya ha ganado. Os juro que creí verle orejas y mirada lupina a Dicaprio más de una vez, de lo absolutamente carismático que es el cabrón cuando se trata de venderte algo. En sus mejores momentos, la película juega una baza de sutilidad envenenada increíble, a la que un digno Kyle Chandler y un fantástico Jean Dujardin se suman sin problemas. Esto es la Bolsa cabrones, a comer o ser comido. 
El hombre absurdo no necesita motivos para hacer lo que hace, lo hace y ya está porque es su naturaleza. Pero la sociedad, ese grupo de desarrapados, no olvida que cuando alguien está más alto que los demás siempre se le quiere hacer bajar.


Aunque a un lobo se le tiene que cazar, y ahí vuelve el Scorsese clásico mezclado con este director encocado: no me puedo creer que una tontería tan enorme como la escena de los Lemmons guarde, montaje mediante, esa identificación con los mitos absurdos populares, que nos han hecho creer que podemos hacer cualquier cosa. La mejor adaptación de 'Popeye' (se entiende cuando se ve). 
De igual manera, y por descontado, Martin me da algo en que pensar, tras la noche de juerga, en mi reflejo resacoso: ¿tan malo es destacar por miserable en una sociedad de miserables? 
Vendemos amigos y compañeros si vemos la oportunidad, tratamos mal a nuestros queridos, y luego esperamos enriquecernos con un par de papeles. Los que están arriba no conocen mucho más.


Cuando vuelven abajo, se contentan con seguir sacando la cabeza buscando otros emprendedores como él, conscientes de que los días gloriosos ya han pasado, pero la madurez que les han dado las hostias siempre estará con ellos. Mark Hanna (un breve pero fenomenal Matthew McConaughey) ya te lo advirtió, Jordan, y probablemente tú se lo advertirás a otro que tampoco te hará caso. 
¿Quién será el próximo gilipollas que alzará la cabeza?

Nota: 7 / 10
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